viernes, mayo 14, 2010

Dos para el camino


L'ecole de credit (en la que Julio ha sudado como si lo persiguiesen 20 perros hambrientos) acaba y Laura y Susana salen, al fin, habiéndose quedado con el 30% de lo que han visto en clase. El cielo de Madrid amenaza lluvia y Laura se ha traído el coche desde casa porque, esta noche, ha quedado con unas amigas: una que se va a China (con mi lista de la compra) y su tía salida de cincuenta años que (Laura no lo sabe aún) les va a proponer bañarse en pelotas este verano en el Mediterráneo.

- Te llevo rubia - le ofrece - te acerco al metro y así llegas antes a ver a tu churri.
- Gracias tía - responde Susana - sí, mejor, porque paso de ir en chonibus, el otro día, ¡qué momento! se me sentó una choni al lado, la de la mochila verde esa, la gorda, que su mochila es enana y parece una tortuga que ha crecido pero que su caparazón no ha crecido, y casi me deja sin aire, tía. Muy fuerte.

Bajan por una de las calles del polígono asqueroso en el que trabajamos y Laura va ya preguntándose si la calle que coje Julio cuando (amabilísimamente, sí señor) se ofrece a acercarla al metro, es la de la derecha o la de la izquierda. Ya se verá, piensa, abre el coche, se sienta, se pone el cinturón, suenan los 40 principales (muy bajito porque a Susana no le gusta el ruido) , enciende el coche, pone la primera y salen. En la primera rotonda se equivocan y, sin saberlo van rumbo hacia San Sebastián de los Reyes.

- Laura, tía, no es por nada pero creo que no vamos bien.
- ¿Tú crees? Pero si cuando hice la entrevista hice este camino dos veces y no me perdí. Tu confía, ya verás cómo llegamos en un periquete.
- Bueno, entonces, como te decía: no sé por qué nuestra jefa tiene esos prontos, tía. No sé, es como que le da algo ¿sabes? al principio como que es muy polite, ¿sabes? Pero después sale y me trata como si fuera una inútil y yo, o sea, no soy una inútil pero si nadie me dice cómo hacer mi trabajo pues no me lo voy a inventar ¿sabes? Y con los chicos es súper maja, especialmente con Chris...¿segura que vamos bien, tía?
- Sí, que sí. Que yo controlo.
- No sé tía, pareces como desorientada.
- No me digas lo que parezco -sonriendo, pero cagándose en sus muertos - ¿vale?
- No, no, si te lo digo de buen rollo. Pero, ahí pone San Sebastían, tía.
- Venga, creo que me he pasado, damos la vuelta. Pues a mi la que me cae mal es Natalia, tía. No sé, odio que siempre me esté mirando, como vigilandome ¿sabes?
- Eso es porque eres amiga de los chicos.
- Ya, eso creo yo también. Puta perra.

La carretera de Burgos tiene una pequeña salida en la que, si estás atento, puedes ahorrar kilómetros de camino. Laura y Susana tendrían que haber cogido esa salida, pero ¿por qué lo harían? ¿Para qué simplificar la vida si podemos pasarnos la salida y seguir por esta carretera tan bonita y con tantos cochecitos? Mira Susie: Sanchinarro. Mira Lauri, las torres de Florentino Pérez. Mira Susie, Chamartín. Mira Lauri, me cago en tus muertos, que me están esperando.

- ¡Un avioncito!- apunta Susana - eso el aeropuerto tía, yo voy para allá, o casi. Pero si eso me quedo allí.
- Yo iba para Campo de las Naciones,¿está cerca?
- No sé tía, pero vamos hacia el avioncito anda, focus Laura, focus, avioncito, avioncito.
- Ok, ok, pero no me des órdenes ¿vale? - sonríe, ya ha asumido que su orientación es la de una cobaya - vamos al aeropuerto, entonces.

Sin saber cómo, se meten por la carretera de peaje. Diez pavos, piensan en voz alta y Laura dice, ya cabreada, ni de coña, yo no pago, y da un volantazo para volver a la autopista gratuita sin ver que, detrás, venía un coche a más velocidad que la suya. Freno, casi choque, volantazo again, bocina al máximo de su potencia, Susana grita con los brazos extendidos y los ojos cerrados. Cuando al fin han conquistado el carril que buscaban, Laura ve por el retrovisor a su nuevo amigo que despliega todo su arsenal de insultos, y ellas, aunque no lo oyen, intuyen lo que les haría si las pillara.

- Susana tengo miedo.
- Anda que yo... no te jode.
- Oye, que no ha sido mi intención ¿vale? Que nos hemos perdido, vale, pero ya vamos por el buen camino.
- ¿Ah, si? llevamos media hora en el coche, tía. Además, no quiero ser borde, pero...en esa señal pone Paracuellos del Jarama.

Paracuellos del Jarama es un municipio de Madrid, a veinte kilómetros de donde mis amigas querían estar. Fue allí donde se instalaron los primeros instrumentos de control aéreo, en 1950, pero no creo que eso le importase mucho a Laura, que, en ese momento, sólo estaba cagada de miedo porque la agujita de la gasolina se acercaba peligrosamente al fin de su camino.

- Damos la vuelta en la próxima rotonda ¿vale?

Suena el teléfono de Susana, y ella, sin dar crédito, le cuenta a su churri que está en un pueblo de mierda, que ya llegará, que la espere si eso. El teléfono sonará un par de veces más antes de que, al fin, Laura encuentre el camino de vuelta y deje a Susana en la primera parada de metro que verán por el camino.

- Lo siento mucho, tía, de verdad.
-Que no pasa nada, mujer. Ha sido una aventura. Hemos hecho en cuarenta y cinco minutos un recorrido de diez, pero mira... tampoco es para tanto. ¿Nos vemos mañana, vale?

No sé qué pensó Laura hasta que dejó el coche a dos kilómetros de su casa para no pagar el parking (no le gusta que me imagine lo que piensa) pero sé que me llamó cuando yo estaba viendo un capítulo aburrido de Fringe y cenando, solo, as usual.

- Tío, jajajajaja, es que Susana y yo...es que no te vas a creer lo que nos ha pasado.
- Espera - le digo - paro esta mierda y hablamos con tranquilidad, baby.

Hablamos hasta que llegó a casa de su abuela. Me reí de sus desgracias, y le pedí con el mayor de mis descaros (que le encantan) que le dijese a su abuela que me gustaban sus ojos y su boca; me mandó a paseo y lo último que escuché por el teléfono fue:

- Anda que se te ve el pelo a ti.

Asumí que la abuela se refería al pelo de Laura, y a su flequillo. Pensé: esto tengo que ponerlo en el blog, me importa una mierda cómo quede.

martes, mayo 11, 2010

Mis imágenes.


Nilton me dijo que cogiese la cámara, porque su fotógrafo estaba preso en la comisaría de Atocha tras haberse dormido en la línea 6 del metro.

- Qué pendejo - no se cansaba de exclamar - ha llamado a su mujer para decirle que estaba conmigo. Haciendo fotos a un salsero.
- Pero, Nilton - objeté, más por salvar el honor que por otra cosa- yo no soy fotógrafo, soy informático. Tengo que hacer la web de la revista, y voy muy atrasado.
- Vamos nomás chato. Vamos a ver a Thalía.

Thalía, siempre, me gustó mucho. Su voz de niña era, para mi, como el sonido de unas uñas arañando una pizarra, pero mis amigos y yo estábamos de acuerdo en que era la que estaba más buena de todas las cantantes salidas de la fábrica de Televisa. Rubia, guapa con una sonrisa que te derrumbaba, sólo Luis Miguel se resistió, y dicen que lo hizo porque estaba demasiado colocado de cocaína. "Menos mal que nos quedan las tetas de Thalía", soltábamos siempre, mis amigos y yo, cuando las cosas iban mal. Y por eso, cuando Nilton mencionó su nombre, me levanté como impulsado por un resorte.

La presentación del disco era en la trastienda de unos almacenes. La organización había colgado una de esas sillas que algún diseñador dibujó tras años de investigación y, que al final, se parecen a un huevo vacío. Me senté, por joder, y me pareció súper incómoda. Un ayudante de Sony Music Entertainment vino a decirme, muy amablemente, que, o me levantaba, o me echaban a patadas. Me paré entonces delante de todos los fotógrafos, con mi reflex lista. Cuando al fin salió Thalia, mis rodillas se convirtieron en gelatina como con Shemi y la envidia femenina ebullicionó:

- ¡Uy!, ¡Qué pequeñaja es!
- Pues esa nariz es operada.
- Mírala, si es que sin esas botas y ese culito y esa sonrisa ¿qué queda? - "¿tú?", pensé.

Thalía nos miraba desde su huevo rosa y blanco y Nilton y yo disparábamos flashes sin razón. Flashes que sirvieron de poco, al menos los mios, porque al volver a la revista comprobamos que mis fotos eran del suelo, de un foco, y de la gorda que no dejaba de comer donuts a mi lado. Cuando acabó la presentación, Nilton me retó a acercarme y a pedirle a la cantante que se hiciera una foto conmigo. ¿O era al revés? Acepté el reto, y cuando mi rótula gelatinosa recuperó el orgullo bajé hasta ella y, con el mayor de mis aplomos le solté:

- ¿Me-me-me puedo tomar una foto contigo?
- Claro mi amor - respondió sonriente y, en ese momento me tragué el calzoncillo. True story.

Rodeé su cintura con mi mano de mierda y le di dos besos. Olía a fresas y a avión. Su pelo volaba como en un anuncio de Pantene y el mio parecía una colmena de abejas en la que la reina había abdicado. Sus ojos eran del color de la miel y los mios estaban detrás de dos gafas opacas de miope. Su risa esa perfecta, la mia, como es.

- Mira pa' acá chato - me devolvió al mundo Nilton- sino la foto no sale.

Le señalé a Thalia el objetivo y ella, superstar millonaria conquistó a la cámara mientras yo le suplicaba al señor Kodak que ocultara al máximo mis múltiples defectos. El hijo de puta no me escuchó. En la foto se me ve sonriente, como si alguien me estuviese practicando un tacto rectal inesperado ante el que no me queda más honor que una sonrisa de resignación. Detrás de la pluscuamperfecta Thalía se ve a la gorda come-donuts que la mira con asco.

Por eso, ahora que alguien me mandó este video de Thalia (que comparto) he comprobado que los años han sido, también, mucho más benévolos con ella que conmigo. Ha aprendido a cantar y ya no chilla como las uñas en una pizarra, ahora su voz es de uñas contra una espalda de hombre. No la mía, desgraciadamente. No subo mi foto, por respeto a ella y por vergüenza conmigo mismo. Pero si digo que la guardo bajo siete llaves, junto a la foto que Vero me regaló en mi cumpleaños y que, ahora que lo pienso...no sé dónde coño está. ¡Mierda!



jueves, mayo 06, 2010

Letter to Hermione


No he dormido bien porque me he despertado como un imbécil, a eso de las 3 y ya no pude dormir. Sólo atiné a hacer dos cosas: mandarte un sms y actualizar mi facebook contándole al mundo que estaba "Insomniac". Sorry about that. Me sentía culpable un segundo después de haberte mandado el mensajito, y comprendí el significado de la palabra impotencia. Me preocupo mucho de mi imagen y no me hacía mucha gracia despertarte sólo para que comprobases lo patético que puedo llegar a ser.
No lo soy. Soy un autómata mal calibrado.
Mis reacciones están predefinidas, como las funciones del DVD, y por eso mi primer impulso al despertar de noche fue buscarte, no estabas, sms que vuela.

I tear my soul to cease the pain
I think maybe you feel the same
What can we do?

Tirado en la cama y mirando al techo me pregunto ¿Dónde jugarán las niñas? E intento volver a dormir. Recuerdo, entonces, las preguntas de mamá (diarias) sobre si estoy bien, si como, si me ducho, si me afeito, si vivo. Le respondo lo mismo que a ti, no le cuento que comimos juntos, ni que te dije que sin ti estoy incompleto, no le cuento que respiro por un solo pulmón. No me cree, y por eso la insistencia de sus llamadas. Creo que debería llamarla ahora, que no duermo, y contarle que no estoy pensando en ti, ahora. Que pienso en otra persona.

I'm not quite sure what you're supposed to say
But I can see it's not okay

Y desde que he comenzado a pensar en ella (por una apertura de caja de Pandora que, te juro, Hermione, yo no busqué...pero recibí encantado y tiritando) he dejado de ver la librería Billy medio vacía, y he empezado a pensar en comprar libros para llenarla. He dejado de lamentar tu partida y mi consiguiente desfase horario para pasar a planificar un viaje a New York con dos tíos que acabo de conocer. He agregado al facebook a mis amigos de la infancia, quienes me han aceptado really pleased, usando la conexión de internet de la ciudad de New Jersey. He vuelto a mear en la calle, y mi odio por la gente se ha hecho selectivo, ya no mato ardillas en el retiro ni pateo a los patos que me interrumpen la siesta.

What can we do?
I'm not quite sure what we're supposed to do
So I've been writing just for you


Ojo, Hermione, daría mi vida por volverte a querer. Y que me quieras como antes ¡Ah, éramos tan felices! Caminando por las ciudades más bellas de Europa, y por Valencia también. Esos largos silencios que siempre odiaste y que interrumpías con tus historias que (mientras en mi cabeza, un mono hacía sonar dos platillos) lograban que volviera a la tierra desde el mundo de nunca jamás. Solo por ti, volvía. Pienso en las risas, en las cosquillas y en la complicidad mal aprovechada de poder hablar en un idioma que nadie más entendía. Ahora, maldita sea, sueño con un beso improbable.
When all the world is warm and tired
You cry a little in the dark
Well so do I

Ah, Hermione, vuelve el sueño aderezado con las tres (¿o cuatro?) cervezas que me he zampado. en inmejorable compañía. Cuento Mónicas Belluccis para dormir y compruebo que son ya las cinco y media. No me importa. Me inventaré una excusa y si mi jefe se enfada por mi tardanza se puede ir a tomar por culo, con el resto del mundo. Te echo mucho de menos. ¿O me echo de menos a mí, contigo?. Qué guapa estabas la última vez que te vi, la pobre chica del restaurante dejó de hablarme al verte entrar y darme dos besos. Minutos antes, era todo amabilidad y me sirvió un martini rojo(¿cómo TE llamas? ¿vives por aquí? ¿TE gusta , TE enseño el sitio?) después de tu llegada me trató como a un puto customer (su mesa señor, ¿LE apetece ver la carta de vinos?).

Me duermo...sorry por mandarte un sms. Pero es que soy un puto autómata, y tengo el ridículo configurado por defecto.

I'm not quite sure what I'm supposed to do
So I'll just write some love to you

Tuyo. Yo.

lunes, mayo 03, 2010

Me tienes contento

odio los "días de..."
odio las parejas que se llaman churri el uno al otro
odio a los niños que piden cosas como si estuvieran al borde de la muerte
odio a los abuelos que dicen "esta aquí al lado", cuando son dos kilómetros
odio a los pitufos
odio los cupones de descuento, que cuando los vas a usar, resulta que caducaron el día anterior
odio el traje de cesar (de hoy)
odio a los macarras
odio los seat amarillos
odio los niños que pelotean justo cuando quiero hacer la siesta
odio a los patos que me despiertan cuando me he dormido en el retiro
odio a las tías que huelen mal
odio a las tías que escupen en la calle
odio a las tías que dicen "no pasa nada" cuando en realidad piensan "ésta te la guardo, imbécil"
odio al metro cuando se va justo en el momento en que entro al andén
odio al panel de información del metro que me dice que el próximo tren pasa en 9 minutos
odio a los aviones que despegan tarde
odio a los aviones que despegan antes
odio la comida de los aviones
odio los aviones
odio a los feos que se creen guapos
odio a los guapos que van de feos
odio la ropa de Primark
odio la ropa de New Yorker
odio la ropa de Custo
odio a Custo
odio el aire acondicionado cuando hace frío
odio la calefacción cuando hace calor
odio a la típica friolera que no deja tocar el aire acondicionado en verano
odio sudar
odio a las peluqueras que no entienden "solo las puntas"
odio a las peluqueras que preguntan "¿te vas a lavar?", y te desnucan contra el lavabo
odio a las peluqueras que te esparcen los pelos con el secador.
odio a las peluqueras que, después de mis cinco minutos de silencio, no entienden aun que no voy a hablar con ellas
odio a las peluqueras
odio las flores en el pelo (¿quien eres, pitufo vanidoso?)
odio las botas que no son de piel
odio los jerseys que no son de lana
odio las camisas que no son de algodón
odio la falsedad de la vida
odio la educación religiosa
odio a los curas
odio a las monjas
odio al pingüino, de batman, (no se por qué me ha venido a la mente)
odio al papa
odio cuando la gente dice "si dios quiere"
odio cuando la gente dice "ve con dios"
odio cuando la gente dice "que dios te bendiga"
odio a dios
odio a dios, y la prueba de que no existe es que no me ha partido un rayo
odio las gafas de sol en el pelo
odio los zapatos marrones con traje negro
odio las camisas de manga corta con corbata
y me encantan tus ojos y tu boca
fin

sábado, mayo 01, 2010

¿Donde está mi disquito?, no lo veo


El disco "Amarte es un placer" de Luis Miguel lleva esperándome meses al lado de mi equipo de sonido. No lo pongo porque la canción nº 2 me recuerda a alguien que me ha dicho que no la recuerde así, y que si la vuelvo a mencionar en este blog me atacará con toda la furia de sus años de estudios de derecho catalán. Ok, cuerito, pienso, pero yo sólo iba en son de paz.

Ese disco me lo mandó Raquel (pirata) a Lima cuando yo vivía mis últimos años universitarios. Bajaba por la Albufera y un negrito me lo ofreció, dijo entonces, me acordé de ti y por eso te lo compro. Feliz Navidad. Creo, que fue el último regalo acertado que he recibido desde entonces, y por eso conservé ese disco pirata, incluso cuando hice mis maletas para volar a Madrid. Dejé atrás mi disco de Natalie Imbruglia y mi primera edición de "Cien Años de Soledad" pero el disco pirata de Luismi estaba en mi equipaje, a buen recaudo entre mis calzoncillos de la suerte y mi camiseta de Alianza Lima. Fue lo primero que escuché en casa de mi madre, en Moratalaz, una tarde de verano seco y cuarentagradístico de Madrid.

Cuando me compré el Kia, que era el más barato de toda la calle General Ricardos, puse el disco sólo para escuchar cómo el pobre se quedaba pegado, después de tantas batallas, mientras bajábamos por la avenida de Oporto hacia Plaza Elíptica. No, no, ahora no, no es justo, grité, y paré en seco sin poner ninguna luz de advertencia, intentando reanimar a Luismi que se había quedado diciendo:

soy yo, quien mira la llu-llu-llu-llu-llu

Un guardia civil me golpeó la luna del coche, y cuando le expliqué la razón de mi ataque de pánico no supo si reírse, multarme o darme un par de bofetones. En lugar de todo eso me miró y sólo escuché que al irse dijo si es que tenía que haberme pillado la baja hoy, cojones. Aceleré y en lugar de volver a casa subí hasta el Alcampo de Moratalaz, en donde compré, esta vez original, el disco de Luismi. Guardé el cadaver del disco pirata en la guantera por tres días y tres noches, con la esperanza de que resucitara de entre los muertos y viniera a sentarse, aquí, a la derecha de su dios padre, por los siglos de los siglos. No pasó y a la semana dejé que durmiera el sueño de los justos en un contenedor cerca del metro Franco Rodriguez, a donde había ido a hacer unos trámites asquerosos. Adiós, amigo, le susurré, gracias por amenizar mis tardes pederastas con la innombrable.

El nuevo disco se portó mejor y, además, traía la letra de las canciones que ya me sabía de memoria. Lo llevé siempre en mi mochila en mis últimos años de discman, hasta que alguien me dijo que eso de llevar una cosa redonda y abultada al gym estaba pasado de moda. Ahora te puedes pasar la música al mp3, me soltó, y no tienes que cargar esa mierda por todos lados. Le tapé las orejas al disco y le dije, no le hagas caso Luismi, tú no eres una mierda, pero te voy a pasar a mp3. Sólo para que no te rayes como tu hermano bastardo.
Eso hice, y desde entonces cada vez que quería cantar eso de Dormir contigo es el camino más directo al paraíso/ sentir que sueñas, mientras te beso y las manos te acaricio; cogía mi mp3 gris y me subía iba caminando por las calles de Madrid, con una gran sonrisa gilipollas en la cara, creyendo que formaba parte de un videoclip de 40 Latino. Una vez, una señora me paró en plena calle para preguntarme si estaba borracho y cuando le dije que no, que sólo estaba escuchando música, me pregunto que por dónde estaba la parada del 8.

Anoche, aburrido en casa y después de ver la sobrevalorada "Fargo" que Susana me había recomendado con gran efusividad (yo le di, en compensación, mi DVD de "Django") llamé a Laura sólo para comprobar que la fiesta argentina a la que me había invitado estaba más muerta que Rocio Jurado. Yo creo que vamos a durar poco, confesó, así que hacerte venir sería un poco putada. Dejé, entonces, de planchar mi camisa, le mandé a Laura un beso envolvente que te dure hasta el lunes y me tiré en el sofá, mirando a mi muñeco de Batman al que le gusta estar parado al lado de mi tocadiscos. ¿Qué hago, Bruce? le pregunté, y el me señaló con su batimano el disco de Luis Miguel, original, que yacía hace mucho al lado del equipo de sonido.

- Tienes razón - le dije, y me levanté decidido a escuchar y cantar todas las canciones.

Pero, al abrir la caja, el disco no estaba. Busqué por todos lados, en las otras cajas, en el disco de Calamaro, en el de Arctic Monkeys, en los de Ricky Martin y hasta en los de The Beatles. Nada. Luismi había desaparecido y estuve a punto de subir hasta Franco Rodriguez para escarbar en el contenedor verde en donde, años atrás, abandoné a su hermano bastardo. Me calmo, me resigno y me digo a mi mismo que ya aparecerá, cuando llegue el momento. Deseo, al meterme en la cama, que ese disco con el que recuerdo mil cosas aparezca en el lugar menos esperado. Antes de dormirme me pregunto qué habría pasado si hubiese entrado en el contenedor para navegar entre la basura y hundirme en ella como dicen que Alejandro se hundió en un río tumultuoso de la India para arengar a sus tropas, imagino que me hubiera girado yo también hacia el disco bastardo y le hubiese soltado "me cago en la leche, ¿os dais cuenta las cosas que tengo que hacer para que me tengáis respeto?"

Eso pasa poco ahora.

miércoles, abril 28, 2010

Eri come l'oro, ora sei come loro


Magaly me dice que sí, que puedo volver más tarde y, entonces, me dará un beso. Me paso horas pensando en las cosas que haremos juntos y en las noches en las que (si mi viejo me da permiso) pasaré junto a ella, sentados frente al rio riendo y hablando como hasta ahora lo hemos hecho. Cuando llego a su casa varias horas después me abre la puerta su prima, que dice que Maggie no puede salir, que vuelva en una hora. Regreso, con menos bríos, pero el mismo ánimo, sólo para ver desde la esquina como Magaly y el chato John están agarraditos de la mano, mirándose con ojitos de cordero degollado, each other.

- , ¿puedo matar a mi prima?
- No papi, ya te lo dijo el cura: no se mata.
- ¿Pero...puedo pegarle? ¿O empujarla de su triciclo nuevo?
- Sí. Pero que parezca que se ha caído ella solita

Percy me pide que le lleve una carta a Mily, mi gran amiga. Porfa, me dice, sólo si la llevas tú la aceptará. Somos buenos amigos, los mejores, y por eso espero a Mily a la salida de su colegio privado, un viernes por la tarde. Cuando me ve llegar corre a abrazarme y me dice que chévere que has venido, flaco, ven que te presento a mis amigas. Le digo que mejor no, que tengo algo importante que decirle. Ella me mira inquieta, se muerde el labio como siempre que está nerviosa y con un gesto de la mano hace que sus amigas uniformadas desaparezcan para siempre. Bajamos por la calle principal y entonces le doy la carta de Percy (que he escrito yo, porque él no sabe) en la que le declara amor eterno e inolvidable. Mily la rompe furiosa, me grita que soy un imbécil y baja la calle corriendo, dejándome allí parado. Percy viene a mi casa por la tarde y cuando le cuento el resultado me dice que ni se me ocurra volver a hablarle. Al día siguiente, le cuenta a todo el colegio una historia en la que yo, Christian de Neuvillete, he perdido al amor de mi vida.

- Mamá, Mili no me habla. No sé por qué.
- Nunca me gustó esa chica, papi. Su mamá es muy gorda.
- Ya, pero ella no.
- Creeme hijo: todas seremos como nuestras madres.

Martín me presenta a Helen, en un concierto de rock. Hablamos, bailamos y al día siguiente estoy en su puerta contándole que acabo de entrar en la universidad y algún día seré un ingeniero que habla inglés, francés e italiano. Ella me dice que le gustan mis ojos, que tienen algo especial y me da el mejor beso de 1994. Vuelvo a casa en una nube y cantando una canción de Luis Miguel. Al despertar papá me cuenta que el negrito futbolista le ha dicho que se tiró a la rubita de la esquina, Helen creo que se llama. Hago oídos sordos y sigo comiendo intentando que no se me note el calambre estomacal que me acaba de enredar el píloro con el duodeno. Papá me remata preguntando ¿No era esa con la que estabas bailando en el concierto de la semana pasada? Dejo el plato y mando a mi viejo a la mierda con los ojos, no entiendo por qué disfruta tanto tocándome los cojones. Salgo a respirar y me encuentro a Manuel, mi mejor amigo de 1994, con cara de haber matado a su viejo en la esquina. Me he tirado a Helen me confiesa, así, sin más, y agrega: me ha dicho que le gustaban mis ojos, que tenían algo especial.

- Mami, ¿está mal tirarme a una tía, sólo por venganza?
- Depende. ¿es de la familia?
- No.
- Es la hija de alguna de mis amigas. ¡No será la Jackie! Que he visto cómo la mirabas en el cumpleaños de Sara. Ay dios...
- No, mami no. No la conoces. Es la hermana de Manuel.
- ¿Esa? Ay, hijo. Ni siquiera tengo que decirte que la dejes, te vas aburrir de ella antes que de los patines o de la trompeta que te compramos.

Me entero que Sol tiene una entrevista en la ONU por el facebook. No sé si tendría que haberme llamado para contármelo pero sí sé que me habría gustado compartir su alegría. Sólo atino a dejar un comentario en Internet: "me alegro mucho, de verdad". Pero no me contesta y su única respuesta es para una tal Lucía, que no sé quién es, ni me importa, pero ojalá y se la folle un pez.

- Hola, mamá, soy yo. Te he estado llamando todo el día. Dame un toque cuando esté libre ¿ok? Tengo que contarte cosas. Besos.

Michelle me mira con sus ojos verdes, esos que me sonríen por si solos, para decirme que no se tomará una copa conmigo porque cree que le sentaría mal a su novio. No entiendo nada. Yo creía que me había explicado bien cuando le dije que sólo quería ser su amigo, que no tenía ninguna intención y que me encantaba estar con ella justamente porque sabía que no había ningún peligro de daños colaterales. Me pide que la entienda. Yo no le miento, y le digo que no lo entiendo pero que comprendo su decisión. Una vez más compruebo que no sirve de nada ir con la verdad por delante y no me como el hígado de cerdo, encebollado, porque me siento un poco caníbal, encebollado. Alguien canta de fondo el cumpleaños feliz y yo pienso: ¿porque no se mueren todos? Michelle me pide que todo siga como antes, y que siga tratándola bien, le digo que no se preocupe, que la trataré bien, como hago con todo el mundo.

- ¿Papi?
- Uf, hola . Vaya día, he tenido. No te lo imaginas.
- ¿Mujeres otra vez?
- Cómo me conoces. Algo así. Creo que al final Ricky Martin no estaba tan equivocado.
- Ya sabes que no puedes ser maricón, ya lo dijiste un día para joder a tu padre y al final te tiraste a tu tía segunda.
-Habíamos quedado en no volver a hablar de eso.
- Es verdad. Bueno, ¿qué ha pasado?
- Todo. Estoy hasta los cojones del mundo. El caso es que ni siquiera cambiando de ciudad las cosas han mejorado.
- La gente es igual en todos lados hijos. Sólo cambia el color de piel y, a veces, el idioma.
- Y el olor.
- Jajajaja, sí, y el olor.
- Da igual, mami. Mañana será otro día. A ver si hoy gana el Barça y me alegra la noche.
- Uy sí, papi. Ojalá. Ya verás como mañana la película vuelve a empezar.
- Ya. ¿Y con el mismo final al adelantar el DVD?
- Puede ser. O puede que esta vez no.

Cuelgo. Después de mandarle dos besos a mamá. Pongo el partido en la televisión y abro una Carlsberg. Mientras suena el himno de la Champions League me pregunto cuando llegará el día de mi suerte.

jueves, abril 22, 2010

Alta fidelidad


- La fidelidad es para los equipos de sonido, según he aprendido en esta vida - pienso, mientras veo el panel de radios disponibles en Aurgi.

¿En qué puedo ayudarlo? me pregunta un dependiente de adolescencia tardía,y yo siento ganas de soltarle toda la lista de desgracias (mínimas, es verdad, pero desgracias al fin) que acechan mi vivir. Pero solo respondo quiero una radio para el coche, la más barata que tengas.
El tío me señala una negrita, con lucecitas de colores, de esas que encandilan a los monos y por lo tanto a mi también. Le pregunto si lleva Cd y mp3, y él responde que sí, que tiene un puerto usb también. No asocio la respuesta con la pregunta, pero no tengo el chichi pa' farolillos (como Susana dice que no dice) y le digo que me la llevo.

Llamo a casa de mis viejos y papá descuelga el teléfono, sólo para balbucear algo que no entiendo y pasarme con mamá, que me traduce lo anterior y me tranquiliza diciendome que no es que tu papá no quiera hablar contigo o esté mongolo, sino que esto de los reflujos que le han diagnosticado no le deja hablar bien. Tiro la radio al maletero y subo hacia Alcalá de Henares, soñando con el camino de vuelta musicalizado que tendré al finalizar la tarde. Al llegar, descubro que no tengo ni un puto destornillador y tengo que llamar a papá, que entre balbuceos me dice que baja, y llega minutos después.

No hubo forma, por mucho que miraba el manual de arriba abajo, en inglés en francés o en español, siempre me sobraba el cable naranja.

- Llama a tu hermano - aconsejó papá. Y le hice caso.

Mi hermano me dijo que no podía right now, que tenía que recoger a su mujer y hacer la compra, así que papá y yo subimos a casa, a comer lo que mamá había cocinado ya. Te echas la siesta, y ya cuando te despiertes habrá vuelto tu hermano, hijo. Mamá nos recibió feliz y preguntó one more time, que cómo estaba de lo mio, bien pesada, bien, le dije con una sonrisa, sin mentir.
Comimos hablando de cosas triviales y mi hermana (a quien mamá acusó en un primer momento de tomar partido por Sol, cuando lo de la ruptura) después de varios días se mostró cercana y risueña. Todo iba recuperando su curso normal, por la noche jugaba el Barça. Terminé de comer, y, tras una breve y amena charla, acepté la proposición de mamá y me tumbé en su cama. Viendo al techo, sentí como si hubiese terminado segundos antes el Camino de Santiago y me morí sin más, abandonado al cansancio moral.

Fueron dos horas de sueño reparador que terminaron cuando mi hermano me llamó para decirme que podía ahora, que bajásemos a instalar la radio. Me lavé la cara y descubrí al salir al salón que papá, as usual, había salido a tomar el aire que tanta alergia le produce. Sobra decir que ni mi hermano ni yo pudimos descubrir para qué mierda servía el cable naranja (hoy sigo pensando que el puto cable estaba allí sólo por joder). Me despedí de mi familia, volví en mi coche asqueroso a casa y me conecté al facebook. Me hice fan de no sé cuantas mierdas, vi fotos de los amigos de mis amigos y a alguna tía buena le di un toque, con la esperanza de ser contestado. Hasta que apareció Guisella.

Después de chatear con ella un par de horas, recordé, gracias a una frase suya (ya estamos con las cancioncitas de los cojones) como respuesta a mi forma de escribir, lo que me decía mi hermanito siempre: hermano, desde que estás con Solenne ya no cantas. Apago el PC y canto en italiano "Non me lo so spiegare" sólo para descubrir dos cosas: que canto de putamadre, y que si dejé de hacerlo al conocer a Sol fue porque con ella ya no necesitaba la música para hacerme entender.

- Ah
, pienso, qué tocado me has dejado, cabrona. Voy a tener que ponerme a cantar otra vez como un gilipollas. Pero para eso necesito al menos que mi coche tenga radio.

domingo, abril 18, 2010

La parte de adelante


Guardo mis cosas, hartito ya de la semana que me ha tocado vivir. Esperando que los dos vasos de whisky que me he metido al cuerpo no me hagan dar positivo en un control de alcoholemia, y dibujando un plan para el fin de semana en el que lo más interesante sería montar una nueva radio en mi coche. Todo mientras Iván nos contaba a Julio y a mi cómo lucía el baño más asqueroso de su existencia:

-Totalmente copado de pis, tío, y con un zurullo en el lateral, como si alguien lo hubiera puesto allí. O sea,era verlo y hacer "agggg, dios ¿cómo lo has hecho, colega? Obviamente, le hice fotos con el Iphone, antes de desmontar el zurullo, méandole encima y conteniendo el vómito.

Laura no ha estado de humor hoy, y, contradiciendo mi premisa de vida (¿qué me importa a mi el mundo?) he intentado ayudarla. Después de quince minutos de decirle cosas bonitas acerca de porqué ella era una tía especial, ha guardado silencio y me ha preguntado si estaba borracho. Ante lo que he tenido que responder con silencio administrativo y una levantada de ceja virtual.

Elena llega hasta mi mesa y me pide que la acerque a casa. Claro mignone, contesto, ¡andiamo!

Bajamos y veo de lejos a Susana, que espera el autobús. Como sé que no tengo ninguna posibilidad sexual con Elena, decido llamar a Susana e invitarla a compartir nuestro viaje de vuelta a casa, te puedo dejar por Conde Casal, le ofrezco, y ella en menos de dos segundos dice que sí, que perfecto, que le viene fenomenal y que esa noche como mucho se tomará algo con su chico en una terraza y ya mañana pensará en qué hacer. Pienso: finalmente he conocido a alguien que vocaliza peor que yo. Sonrío. ¡Me pido ir adelante!, grita Elena.

Subimos a mi coche y les enseño por encima los daños provocados por los ladrones. El hueco dejado por la radio, el monedero vacío. Aquí está el muñeco de Spiderman, dice Susana, ¿no se lo habían robado? Le respondo que no, que lo encontré escondido debajo de los triángulos de seguridad, temblando de miedo. Vaya mierda de superhéroe. Salimos con rumbo a casa y me imagino que tengo música y que voy pasando las canciones que no me gustan. En mi mp3 imaginario no hay nada de Pereza ni de los Hombres G.

- No puedo enderezar el asiento -dice Elena.
- Mueve la palanca lateral - digo, y paso mentalmente una canción de Ramazzotti que ya he escuchado mucho - está a tu derecha.

Paso un stop y veo por el retrovisor a Susana. Creo, por cómo se mueve, que se le ha clavado en el culo un trocito de cristal restante. Pienso: puto taller, les dije que me limpiaran los asientos, que a mi se me olvidaría.

- Jo, soy un desastre, no encuentro la palanca - sigue Elena.
- Espera que paro.

Aparco el coche detrás de un camión y me acerco hasta el asiento del copiloto, en el que Elena está inclinada y sin poder devolver el asiento a la posición normal. Busco la palanca y, con sólo rozarla, el asiento se va hacia atrás del todo y tumba a Elena que queda mirando el techo del coche mientras yo (pobre de mí) quedo con los labios clavados entre sus tetas de 22 años.
Vi chocolates y a Willy Wonka bailando, a Bugs Bunny que salía de un agujero y decía "creo que debí girar a la derecha en Albuquerque", vi a Susana, con el cinturón de seguridad aún puesto, revolcarse de risa en el asiento trasero, vi a Benny Hill abriendo los ojos con sorpresa, vi al oso Yogui que gritaba "¡yujujui!" con júbilo y alborozo, vi mi vida pasar ante mis ojos con formas de tetas diversas y sentí que alguien encendía la calefacción central, vi a los cuatro Beatles detenerse en el paso de cebra y girar a verme mientras Ringo decía "great job, mate". Vi a Elena, roja como un tomate, muerta de risa, y me lamí los labios.

- Joder, ¡que momento! cómo no está Julio aquí - exclamó Susana, descojonada.
- Tesoritos: - le respondí - a ti te pongo por testigo de que, hoy, viernes por la tarde mi boca ha estado entre los pechos de Elena.

Volvimos a la carretera, ya poniendo la cuarta velocidad e intentando agudizar mis sentidos que estaban bloqueados, no sé si por el alto nivel de alcohol en mi sangre o por el sabor a Elena que aun llevaba en la boca.

- Que sepas que no me pienso lavar los labios durante todo el fin de semana, mignone - confieso. Y ella me da un golpe dulce en el brazo derecho, mientras ríe - esto lo quiero llevar conmigo el máximo tiempo posible.

Llegamos a Conde Casal y le digo a Susana que la voy a dejar frente al concesionario de Kia. Me dice que sí, que no problem. Giro la cabeza hacia la derecha, para ver uno de los cuatro semáforos de la glorieta y, después de ver cambiar la luz a verde, veo de refilón los pechos turgentes de Elena y me desconcentro one more time. Me olvido del mundo, Benny Hill vuelve a sonreír y yo no quiero ver más cosas, cierro los ojos como si estuviese a punto de ser devorado por el Kraken con pelos de arbusto sevillano y piso a fondo el acelerador.
Lo siguiente que oigo es un concierto de bocinas e insultos de los demás conductores, y a Susana que (ya sin reírse) grita mi nombre. Vuelvo en mi y veo que me he tragado cuatro luces rojas y que estoy a punto de ser descubierto por la policía que busca el origen de todo el escándalo que se ha montado.

- A tomar por culo - reacciono, y piso más el acelerador, lo justo para esconderme detrás de un autobús y quedar fuera del ángulo de visión de los polis.

Llegamos al semáforo de Cavanilles y Susana salta del coche. Casi que me quedo aquí, chicos, dice, vocalizando menos que antes, si es posible, buen finde, eh, tened cuidado. Bajo por Valderribas y cuando llegamos a la calle de Elena, ella me desea que pase un buen fin de semana, que me olvide de todo lo malo que me ha pasado y que ya, si eso, hablamos. No puedo evitar confesarle algo que hace que ella me devuelva una sonrisa pícara:

-Oye, Elena...tu pecho... sabe a Ferrero Rocher.

jueves, abril 15, 2010

Día 30 - If I'm to fall, would you be there to applaud?


Day 30 - Your favorite song at this time last year

¿Primavera 2009? Fácil. En febrero había asistido al que quizá sea el último concierto de Oasis en España. Había quedado con Ismael pero él, programador compulsivo, llegó tarde y no pudo ver cuando Liam le espetó "It's comin' man, it's comin'" a un fan que le pidió de mala manera que cantase "She's Electric". El Palacio de los Deportes enmudeció ante la bravuconada de pub del de Manchester y, segundos después, sonaron los primeros acordes y el "la-la-la-la-lá" de "I'm outta time". Estuve cantándola como un mongolo incluso durante el verano, sentado en una playa nudista a la que había ido sin conocimiento de causa (pero esa ya es otra historia).

Ya está, han sido 30 días de canciones. No sigo porque "I'm outta time". ¿Quién se anima a coger el relevo?




martes, abril 13, 2010

Día 29 - Tuquituqui Tu qui Tu


Day 29 - A song from your childhood

Fabián cantó "Burrito Sabanero", de forma improvisada, una noche de navidad con coreografía incluida. Mi familia al completo se quedó admirada, menos por el talento musical de mi sobrino que por mi lacrimal reacción. "Sa emocionao'" dijo una, "El terminator tenía lágrimas" dijo otra. Cachonda. Pero no, oh no, no. Mi emoción era más por la nostalgia perruna que me hacía volver a mis días de mocos y rodillas sangrantes, cuando todo lo que hacía era responsabilidad de mis padres y no tenía que lidiar con desamores, impuestos, ladrones de coches que me rompen el cristal y se llevan hasta el euro que era para el carrito de la compra (eso me ha pasado hoy), etc.
¡Ah, qué fácil era todo antes! pensaba entre lágrimas contenidas, mientras Fabián bailaba y cantaba "El lucerito mañanero ilumina mi sendero" y nosotros lo acompañábamos con las palmas.


lunes, abril 12, 2010

Tostin' tostin'


Pocas ganas de juerga después de ver el recital del Barça ante el Madrid. Tirado en la cama, pocas ganas tengo de ir a buscar la camisa Levi's que quería comprarme. Limpio, ducho, ordeno, plancho, hiberno y reinicio(me). Llamo a María: ¿tomamos el aperitivo en Moratalaz?

Me cuenta que ha conocido a mil tipos interesantes, pero que con ninguno siente la afinidad que conmigo (feeling le digo), que busca trabajo en el departamento comercial de donde sea y que nada en las piscinas del Canoe casi todos los días. La interrumpe su madre, que la llama y le dice que hay torrijas, que suba a casa. Yo, presente de cuerpo y ausente de alma, disfruto del sol Martini en mano. ¿Te molesta que pida algo para comer? Le suelto cuando termina de hablar con mami por teléfono. Me dice que ha quedado para comer con su hermana, así que si como no me acompañaría. Pido la cuenta entonces, y me despido de ella preguntándome one more time si será la última vez que la llame. Compro El País en un quiosco y vuelvo a casa a prepararme un bocata y pillar una Carlsberg. Hace buen tiempo, el clima perfecto para tirarme en El Retiro a leer.

Subo caminando al parque y me siento en el mismo sitio de siempre, lejos de las familias y los estanques llenos de patos y mosquitos. Cuando leo la crónica deportiva, y confirmo que Messi está a años de luz de Cristiano Ronaldo, veo llegar a un grupo de inglesas que se sientan a dos metros de mí, y segundos después ya están en topless. Ay omá que rico. Pasa una ardilla, se come las migas de mi bocata y le pregunto:

- Ardilla: ¿por qué esos tíos que están con las inglesitas no les tocan al menos el culo?
- Ya en casa las pondrán viendo a la meca - contesta.

Vuelvo a casa una hora y media después, cansado de tanto sol y de tetas intocables y me tiro en la cama con ganas de una siesta reparadora. Mando un par de SMS "café por la tarde, ¿te animas?" a un par de amigas. Una me dice que está en el pueblo, con depresión again porque la dejó el novio por un cubano futbolista. Y la otra me llama cuando estoy a punto de dormirme y me dice que está en el Retiro. Que suba.

- Pasando - contesto.
- Estoy con mi prima - me dice, y como sé que ella sabe lo exigente que soy, asumo que su prima estará buena.
- Estoy allí en 20 minutos.

No estaba buena, no. Y encima, apenas me vio llegar con mi camiseta YSL, mis pantalones chinos y mis Vans, no se le ocurrió una mejor frase para darme la bienvenida que "pareces creído". Ocurrencia que Mirella (mi dizque amiga) aplaudió con todas sus fuerzas. Decidí ignorarla y me tumbé en el césped, aspirando el humo de la marihuana que alguien fumaba cerca de mí. Esperé un rato y me largué con la excusa (real, como pocas veces) de tener que preparar mi cena y mi tupper del día siguiente.

- Hay que hacer un picnic la próxima semana - dijo la prima - yo preparo algo y compramos botellas de cerveza.
- Perfecto - mentí - llámame, que me apunto.

Saliendo del parque llamé a mamá, que me preguntó como estaba después de que Sol ya no viviera conmigo. No le mentí, le dije que estaba muy triste, pero que creía que podría sobrellevarlo. La pobre no se dio cuenta que su Spotify reproducía en ese momento una canción del mexicano José José que decía:

En tus manos yo aprendi a beber agua/ fui gorrion que se quedo preso en tu jaula /
por que yo corte mis alas y el alpiste que me dabas fue tan poco y sin embargo yo te amaba.
- Mamá, ¿puedes cambiar esa canción?, me está dando el bajón - le digo, medio en broma,
medio en serio.
- Ay, hijo - se ríe - es una canción que ha puesto tu papá.


lo que un dia fue no será/ ya no vuelvas a buscarme
/
no tengo nada que darte/ de tu alpiste me cansé

- Bueno, bueno, no pasa nada. Hablamos luego.

Bajo hasta el coche y descubro que algún hijo de puta me ha roto el cristal lateral y se ha llevado hasta la monedita que uso para el carrito del supermercado. Extrañamente, mi primera era reacción es preguntar al aire ¿Y ahora qué hago cuando vaya al Carrefour, si siempre me olvido el euro pal' carrito?
Cubro el hueco dejado por el ladrón con una bolsa de Mango y vuelvo a casa, pensando en que hay días en que es mejor quedarse en casa, soñando con Verónica (pero sin tocarme).

Día 28 : Those days are over


Day 28 - A song that makes you feel guilty

Después de un gran partido de fútbol, Manuel me confesó, sudoroso y cansado, que se había cepillado a Helen. O sea, que me había levantado a la vecina guapa, por la que yo había sentido interés un par de días antes. Como me jodió tanto, busqué la mejor forma de vengarme: me enrollé con su hermana.
Lo sé, es cruel, pero en esa época no existía el facebook y no podía crear un grupo tipo "Yo también creo que Helen es puta" o "Yo también creo que Manuel gasta un bote de talco al día ". Así que la pobre Roxana pagó pato. Por eso, cada vez que escucho "Roxanne" de The Police (que la pobre ilusa adoraba sin saber que hablaba de una puta de Amsterdam) me siento un poquito culpable. Pero recuerdo entonces que Manuel también me robó un walkman, y, entonces, la sonrisa malévola me vuelve a la cara.

Uajajajajá! Roxana, lo siento, pero la culpa es de tu hermano.