viernes, julio 06, 2007

Qué bien te va, care'balde


El care’balde había progresado (monetariamente hablando) mucho en la vida, tenía su pequeña empresa y de vez en cuando volvía a Lima a pagarle unas cervezas a sus amigos. Éstos, pa’ cojudos los bomberos, lo nombraban padrino de todo lo apadrinable: hijos, hijas, sobrinos, vecinos, techo, y ya si hablábamos de yunsas no había perde, el care’balde siempre tumbaba el árbol aunque no hubiera siquiera cogido el hacha. Muy lejos habían quedado los días en que sus vecinos se burlaban cuando él, retrasadito donde los haya, salía calato a la calle, o cuando por enésima vez lo jalaban en el colegio, por no saber la tabla del uno.

- El care’balde, la tumbó el care’balde – gritaba la gente, mientras el pobre intentaba recordar el momento en que empuño el hacha a la vez que meaba en la fachada de la farmacia.
- El próximo año compras el árbol care'balde, acá te vamos a dejar listo el hueco en la calle todo el año pa que lo plantes.

Sin embargo, el care’balde, a veces se dejaba aconsejar, y dejándose llevar por un amigo se compró una casa en un barrio de moda, pero a tu lado pe’ chato, que somos del barrio y nos llevamos bien. Hizo una fiesta y la gente que llegó pensaba que era una pollada y jodieron las paredes manchándolas de huellas de zapato, el parquet nuevecito también sufrió ataques anónimos y fue rociado sin piedad con la espuma cerveza que sobraba en los vasos. El pobre care'balde no sabía que hacer, y se consolaba pensando estoy haciendo felices a mis amigos, ahora me van a querer más. Mientras, algunos de los invitados susurraban no me gusta la pintura, yo no hubiera puesto allí esa maceta, tanta plata y no puede poner aire acondicionado el duracell este, qué calor hace acá, carajo. Uno se manchó el polo de salsa de tomate y, sin dudarlo, se metió hasta el dormitorio y se puso una camisa del dueño de casa, después te la devuelvo comparito, no te vas a arañar por una camisita, tú que tienes tantas ¿no?

La fiesta acabó, y el care’balde respiró aliviado, pensando ahora en la piscina que le terminarán de poner cuando acabe el verano, en la próxima yunsa en el Callao, a la que no podía faltar, ni a la procesión de la Virgen del Carmen porque la hermandad lo había nombrado padrino vitalicio; no se podía perder tampoco el mundialito de la inmigración, que por algo había comprado uniformes a los muchachos, y no podía faltar a la boda de su sobrino, que lo había elegido como padrino, testigo y un poco más hasta lo ponía de cura, y él para corresponder tanto cariño le había regalado la luna de miel en Cancún. La fiesta ya era un recuerdo y el care’balde sonreía con un cerveza en la mano, sentado en su jardín, pensando: menos mal que tengo tanta gente que me quiere, sin darse cuenta que dos de sus invitados, borrachísimos, meaban sin piedad sus rosales recién plantados...al lado del plátano.

lunes, junio 18, 2007

El matri de la Tigresa


La noche en que se casó la Tigresa, yo tenía que estar en Pucusana, emborrachándome frente a una hoguera y preocupándome sólo de cuantos condones tenía en la cartera. Pero la cosa no fue bien y después de ver, horrorizado, como la Kika se metía desnudo a la playa y los demás lo perseguían, me fui sin disimulo.


Decían que la Tigresa había alquilado un local de marineros en San Miguel, y que sólo se podía entrar con invitación y sin tener demasiada cara de cholo. Lo primero era un problema, porque la noche anterior, cuando la hoguera se apagaba, todos sacamos los papeles inservibles de nuestras carteras, y fue allí cuando la invitación se convirtió en cenizas, sobreviviendo sólo el nombre de la novia de la Tigresa, que ahora no recuerdo, pero dicen que estaba buena. Fiel a mi costumbre, me presenté en la fiesta sin más. El guachimán no me quería dejar entrar, está chévere tu corbata, flaco, pero sin invitación no entras aunque seas Kenji Fujimori. Llamé a Rolyn, que seguro que estaba dentro, borracho ya, y a los dos minutos media fiesta estaba en la puerta, diciéndole su vida al guachi y llevándome en volandas, que bueno que viniste Maguill, ¿no estabas en Pucusana, Maguill?, hay buenas hembritas, si no fueras maricón fijo que te hacías alguna, Maguill.


El salón me parecía sospechosamente familiar. La Tigresa se había portado como los hombres por una vez y había dejado 2 cajas de cerveza por grupo, y con eso se había ganado el respeto del respetable, y ya nadie miraba el super escote de su novia, cuyo nombre no recuerdo por más que me esfuerzo. Me metí en el grupo de los Pezuña, que al fin y al cabo era el mio, y descubrí sin sorpresa que todos habían llegado sin invitación. A mitad de la noche, llegó Lisa, quemada como un camarón, y huyendo como yo de una aburrida noche de playa sin sexo. Bailamos un poco, hablamos, y casi de inmediato volví con mis amigos, que ya planeaban como colarse también en la casa de la Tigresa, porque el local está alquilado sólo hasta las 2 de la mañana.


La casa estaba un poco lejos así que me colé en el carro de Lisa, junto a diez personas más. Ya no tenía ganas de fiesta, y parece que ella tampoco, porque cuando dejamos a todos en la fiesta me propuso ir a dar una vuelta por La Punta, a lo que accedí más por flojera de bajarme que por ganas. Se estacionó en una especie de parking desolado, y comenzó a soltarme todo el rollo de que ella no estaba enamorada de Miguel, que había estado pero ya no, que ahora buscaba algo serio, un chico con mejor corazón y que la quisiera tal y como es. Yo la miraba intentando decidir si se parecía más a un muppet o a Ricardo Belmont. ¿Por qué no te parecías, aunque sea un poquito, a Shemi?

Le dije que ya era tarde, que mejor hablábamos el lunes en la universidad, que no se preocupara porque era linda y ya encontraría a alguien que la valorara. Sonrió y me dejó en el cruce de Faucett con Venezuela, le hice chau con la mano y me subí a la primera combi que pasó. A mi lado había un borracho al que el cobrador le estaba robando el reloj, bajé en la siguiente cuadra y chapé un taxi, me tocó el chofer hablador.


- ¿que tal noche, chino? Tienes cara de cansao’ habrás mojado me imagino.
- Déjeme frente al aeropuerto, por favor.
- Chévere maestro, no hablemos más.


El lunes siguiente, la Tigresa no apareció por la universidad. Rolyn era la estrella contando cómo huyó de seis rateros en la avenida La Marina, y Lisa le había dicho a medio mundo que yo le había declarado mi amor bajo la noche chalaca de luna majestuosa. Sabiendo bien que en Lima es imposible combatir un chisme me di media vuelta y desaparecí de la universidad una semana, tiempo que aproveché para terminar de leer Cien Años de Soledad. Al volver, el tema de moda era que Alcántara se había tirado a su secretaria en la oficina, y que su mujer lo había botado de la casa y ahora vivía en su Station Wagon del 91; ya nadie hablaba de mi y los Pezuña me invitaron a una pollada que organizaba la chica más fea de la facultad. Me apunté, total, ¿qué podía pasar?

viernes, junio 15, 2007

¡ Que pase el fantasma !


Ella llega con la compra en bolsas de papel, él ya ha llegado de trabajar pero no hace nada más que esperarla y se ponen a hacer la cena, en plan romántico y qué tal el día, yo bien ¿y tú?, he capturado algún ladronzuelo, yo he vendido dos mesas del siglo 19 con eso tenemos pa’ pagar la comunidad.
Van a la cama y se dan dos besitos namás, el se duerme plácidamente y ella, siempre con un súper escote cierra sus ojitos sin quitarse el rímel de las pestañas. Hasta que a mitad de la noche una pesadilla la asalta (y se incorpora de un brinco, y sigue maquillada y peinada, y casi se le salen las tetas del escote), pero no entiende el mensaje y se vuelve a dormir.

Al día siguiente mientras camina, guapísima ella, ve a un niño sospechosamente pálido que la mira desde una esquina, y que parece que nadie más puede ver. No se asusta, total, hay muchos góticos desde que Marilyn Manson lo puso de moda ¿no?, vamos a acercarnos a ver qué tanto mira ese chiquillo, porque mi blusa es provocativa pero no tanto. Y resulta que era un fantasmita, que murió sin poder decirle a su madre que la quería. Una tarde que su niñera se descuidó, él cogió las llaves del Tuareg de sus viejos y salió dispuesto a quemar llantas hasta que se le pase la bronca, pero no vio el truck aparecerse en la oscuridad, Pito, choque y la pregunta "¿Qué pasho?" Pa' la eternidaaaad (persígnate brother).


La ricurita promete ayudarlo a cruzar a través de la luz, y se presenta frente a la madre y la niñera y les dice eso de “I see death people” pero sin echar vapor por la boca, y ellas, claro, primero se burlan, pero después cuando la flaca les suelta algo del tipo “dice que llevas la pulsera que te hizo a los cinco años”, las desarma y se rinden ante el poder desconocido. Entonces el muerto, que se estaba ganando con todo el pase, mete su cuchara y dice “diles que las quiero mucho, que no morí por su culpa, sino por cojudo, y que quieran mucho a mi hermanita”, y ella lo repite como el loro de mi madrina (Q.E.P.D.) provocando el lagrimeo general. Segundos después, una luz blanca aparece en plan “Embrujadas” pero por desgracia no aparece Alysa Milano con ropa de footing sino que el niño pálido, resignado porque ya le estaba agarrando gustito a esto de ser fantasma y poder meterse a las duchas de chicas sin ser visto, va hacia ella y de una vez por todas, se muere.

Jennifer Love Hewitt vuelve a casa antes de se le borre el maquillaje, pero de camino atiende su negocio de antiguedades, hace la compra y espera a su marido en su cocina con ollas azules, para hacer la cena juntos darse un besito tierno y volver a dormir. Sin quitarse el maquillaje, eso sí, y y yo me quedo esperando que ojalá en el próximo episodio el susto y la pesadilla sean muy fuertes tanto que el escote ese deje escapar lo que tiene escondido.

lunes, junio 11, 2007

Hangin' Tough


La verdadera historia nunca se sabe. ¿Alejandro Magno fue mariposón? Dicen, pero yo no lo vi, ¿Las líneas de Nazca son una pista de aterrizaje alienígena? No pe’ compare’, con eso no te juegues. Hace mucho que no sabía que pasaba con los New Kids on The Block, la última noticia fue que Jordan aparecía en un reality show llamado “Surreal Life” con otros famosos venidos a menos tipo Brigitte Nielsen o el tío rubio de “Full House” (ese que imitaba a Popeye para hacer reir a las gemelas Olsen). Lo veía cada vez que podía; me sentía mejor sabiendo que él, sex-simbol por el que se morían todas mis amigas, también era de carne y hueso, engordaba, se levantaba despeinado por las mañanas y si cantaba no le importaba más que a cuatro gatos.

Pero una tarde, ya cuando me imaginaba a Jordan casi calvo y más gordo que John Travolta, encontré en YouTube un documental emitido por E! hace algunos años, en que se contaba la true history de los New Kids, por los propios New Kids. Supe que Joe no era del Block, sino de otro estado y no lo tragaban; que Donnie tuvo que afrontar una condena por pirómano, grabando anuncios del tipo “niños no hagan esto en casa”; Jon, al que siempre imaginé vestido de rosa y llevando el desayuno a la cama de los otros Kids, se tiraba a Tiffany, cantante adolescente que antes estaba buena; y Danny y Jordan recibían a las fans en sus cuartos de hotel de cada ciudad, previo filtro hecho por su guardaespaldas de 150 kilos, para darles amor, besitos y abrazos Step by Step y Please don’t go girl hasta que nos cansemos, mamita.

Cuando se cansaron de ver sus caras por todo el mundo, en todos los productos de merchandising que nos podamos imaginar, los Kids despidieron a su manager, al productor, al director comercial y a la señora que pedía las pizzas y se cambiaron el nombre a NKOTB para parecer más adultos. Grabaron un disco que se llamó “Face the Music” con unas cuantas canciones que eran demasiado buenas para ser de los New Kids, pero normalitas para competir con Nirvana, Pearl Jam o por último R.Kelly. Los adolescentes que antes escuchábamos sus canciones y nos peinábamos (mea culpa), vestíamos o andábamos como ellos, habíamos crecido un poco y ahora más parecíamos una versión limpia de Kurt Cobain que un Ken buscando Barbie rubia y limpiecita. Jordan hizo un par de discos. Joe, que con el cambio de voz se fue al carajo, también. Donnie quiso ser actor y salió en Saw II. Jon, que de cojudo tenía la cara nomás, puso una empresa de construcción y tiene más plata que Atahualpa. Y Danny es productor musical y vive en LA, en una super casa, con super rejas, super coches y cuatro super perros, que son gays.

Yo, no nos engañemos, sigo metiendo de vez en cuando sus canciones al mp3, y cuando estoy borracho me marco unos pasitos de Cover Girl, pero después de que terminé en el piso como una tortuninja borracha (y mi hermano lo grabó en video), me controlo más con el trago. No vaya a ser que una rubia me diga I’ll be Loving You Forever, y yo no pueda responder Tonight te voy a ponel a gozal.

miércoles, junio 06, 2007

Motívame softly


Que estas cosas pasen con el estómago vacío, me tocan la moral. Llevaba semanas intentando hablar con mi jefe, las preguntas claves eran: ¿te gusto? (sigue leyendo, no te emociones) ¿y a la empresa? ¿qué hago mal? ¿hago algo bien? ¿van a renovar mi contrato o busco equipo como Claudio Pizarro?. Pero por más que insistía, no me daba mucha bola, así que me rendí cuando en la última reunión general el Director dijo que mi trabajo (o una de las tareas) dejaba alucinados a los clientes.


Pero ayer, cuando ya me estaba mentalizando en comer, atacó a traición y me llevó a la sala del silencio, un cuarto con paredes de cristal en el que ni KAOS podría escuchar lo que hablamos. Al principio se me pusieron los huevos de corbata, y pensaba ya está, me dirá que los espectadores con sus llamadas al 900555555 han decidido que debo abandonar la academia; pero dijo que él contaba conmigo para el puesto peeeero que la empresa tenía una imagen de mi que describo a continuación, damas y caballeros.

1. Que parezco funcionario, osease que llego diez minutos tarde y me voy a mi hora y apenas entro voy a tomar café.
2. Que parezco desilusionado.
3. Que desconozco los procesos de la empresa
4. Que soy reactivo en lugar de ser proactivo.


En resumen, que soy el rival más debil, y que si se rompe la cadena sería yo el eslabón y demás huevadas que no sé si las dijo para motivarme o para que vislumbrase mi muerte, como cuando mi mamá ponía en la mesa a un lado la sopa de verduras y al otro la correa de Miguel Grau. Luego, tan amigos, nos fuimos a comer juntos al Pans & Company y hablamos del Gañán de la hora Chanante.


La verdad, es que un poco funcionario si soy, y le prometí firmemente (palabrita del niño Jesús, como dice la jefa de marketing) que cambiaría, que ya no sería el mismo de antes y que minimizaría mi tiempo en áreas de descanso. Él reconoció que yo era un buen trabajador, que había cosas por pulir pero que nadie cumplía a rajatabla las normas, porque sino el director general tendría un orgasmo en su despacho que oiríamos todos. Así que se supone que renovaremos mi contrato por tiempo indefinido (lo que sólo le sirve a los bancos porque si te quieren poner en la puta calle no hay contrato que valga) pero yo ya me estoy planteando buscar otra cosa, no sé, un lugar donde no esté mal visto que llegue tarde, que tome té a todas horas, que compre DVD’s en ebay, o que me enferme justo días antes de salir de vacaciones. Ahora, encontrarlo va a estar más tranca que agarrarle el cachete a Michael Jackson.

miércoles, mayo 30, 2007

La última compra en la Cachina


Estuve en Lima de incognito. Intenté hablar con mis amigos pero fue muy dificil localizarlos. ¿Cuántas páginas de “encuentra a tus amigos” hay en la web?

Un huevo. Pero nadie sabe explicarme para qué sirven. Unos dicen que para buscar a la gente con la que estudiaste en primaria, cuando desayunabas quaker y veías el chavo, pero eso es mentira; yo he buscado a mi amigo “don Caca” y no le encontré. Busqué por nombre (don) y apellido (caca) y me apareció “0 results/coincidences please try again or search for another friend”. ¿Otro amigo? Pero si yo a quien quiero encontrar es a mi amigo don Caca y preguntarle si sigue tan flaco como antes, o ha engordado como Zico; si se le siguen cayendo los mocos hasta el cuello sin que él lo note, o si gracias a su olor a cloaca abandonada aún lo persiguen nubes de moscas allá donde va. ¿Qué será de tu vida, don Caca? ¿Te seguirás haciendo caquita en los pantalones? ¿Seguirás fingiendo que nada ha pasado, y mirarás al frente como si nada? ¿Habrás conseguido al fin controlar tus esfínteres? ¿Habrás encontrado una doña Caca, pa’ ti solito?

Al final le pedi a un primo mio que me acompañara a Las Malvinas, a comprar ropa robada a los pitucos o música en mp3 que no está en el emule, pero que mis colegas piratas limeños consiguen quién sabe cómo. Subimos a una combi, de esas que tienen puertas de guillotina que si te cogen la mano al subir te la cortan sin piedad mientras el cobrador grita “ale, ale, pisa, baja, tombo, suave, planeta, planeta, argentinamalvinas, cincuenta, sube varón, habla ¿vas?” Llegamos a media mañana, cuando los choros todavía están dormidos, y pudimos caminar tranquilamente entre los puestos. Reconocí al gordo bigote, y a la china, pero ellos a mí no; son varios años ya los que han pasado desde que venía directamente de la universidad a comprar un polito lacoste o un reloj citizen bamba, y ellos al verme me decían “habla chino, ¿vendes?” y yo, no bigote, compro, a cuánto el bobo ese, al lado del hilfiger.

Buscaba pantalones, pero de camino compré un par de polos Gap, que parecían originales pero su precio gritaba soy falsazo; mi primo me acompañaba de buena gana, y recordé cuando llegaba mi tio de viaje y me pedía compañía para ir de compras al jirón de la unión, y lo veía gastar a lo loco y pensaba ya me tocará; así que le dije a mi primo que escogiera un polo del puesto, el que quisiera, que lo pagaba yo.

- Mejor un lonpa, primo, Calvin Klein si se puede – me dijo y no se puso ni colorao’ – polos ya tengo bastantes.
- Un polo nomás, primito – le dije, con mi sonrisa “no jodas” – que yo no soy Papa Noel.

Volví con mi ropa recién comprada metida en una bolsa de basura, sin poder olvidar que mientras me probaba un pantalón, el vendedor, forzando su honradez me dijo no pongas tu pantalón en el suelo flaco, que se lo llevan las hormigas, y yo, europeizado, pasé varios minutos preguntándome cómo y para qué las hormigas podrían llevarse mi jean de Zara. Al llegar a casa mi abuela me dijo que un amigo me había estado llamando, que le dijo que su nombre era Camarón y que cuando quedábamos pa chelear. La verdad es que arrugé, no llamé a nadie más y esa noche me quedé tirado en la cama viendo el Francotirador, indignándome cuando el Chato Barraza le decía a Bayly “a mi me gusta el tragín, pero a ti te aloca el pipilín” y la gente le reía las gracias. Al día siguiente tenía un vuelo directo a Madrid, metí los mp3 de Frágil y Rio a mi teléfono y cerré mi maleta con un super candado, la próxima vez que vuelva al barrio sólo llamaré a mis ex, que seguro que así me lo paso mejor.

lunes, mayo 21, 2007

Mesplota, esplota mespló..


Me pasé la misa jugando con el móvil de Solenne, lo confieso, y seguro que por eso diosito (de los cojones) me castigó. Todo bien, hubo comunión, cánticos, fotos y salimos en caravana hacia Salmeroncillos de Abajo. Me llevé conmigo a 4 personas, y los torturé un poquito con música de Jorge Drexler y Bjork. Para darles un respiro, puse un disco de Beatles, pero mi hermano dijo que sonaba a chotis en inglés (¿?) y puse la radio para ver si así se callaba(n). fuimos bien hasta Guadalajara, pero al coger la N-320 el coche sufría más que de costumbre. Sol y yo nos miramos avergonzados, puto coche, pensábamos, justo se pone faltoso cuando tenemos visita.

- Estás en cuarta? – me dijo, ella que todo lo sabe – pon tercera que así sufre menos.
- Si está en segunda - dije – pero esta mierda no va a más.

Las señales iban pasando a velocidad de tortuga, me pegué a la derecha y vi como unos ciclistas nos pasaban como si fueran avispas. Mientras, el motor rugía como cuando mi hermana sale de un semáforo con la tercera puesta. Quité el aire acondicionado, pensando que el problema era de empuje, para ganarle así unos caballitos al coche, en un acto desesperado como cuando nos quedamos sin pilas y las metemos al congelador o cuando rompemos el tubo de pasta de dientes para sacarle los “impuestos”. Pero nada, el coche iba cada vez más lento y yo maldecía en silencio al señor KIA a los 75 miserables caballos de potencia, a las cuestas de la carretera de Sacedón y a ese olor a jebe quemado que empezaba a inundar todo el habitáculo.

- Llama a los que vengan detrás – le dije a mi hermano – y que se lleven a algunos a ver si así el coche aguanta la subida.

Ni puto caso, últimamente la gente no presta atención a lo que digo y tengo que repetir las cosas, sospecho que con la edad empiezo a hablar como mi viejo y que por eso cuando hablo el mundo frunce el ceño y luego de segundos me mira y dice “¿qué?”. Pos eso, que nadie llamó a nadie y ya casi llegando a la salida 268 el coche dijo buenas noches los pastores y corto y perezoso se quedó muerto ahí en plena cuesta. No lo podía creer, con lo guapo que me había puesto para tener que bajar y ver que mierda pasaba con el motor, será el aceite, será el agua, será el arrancador, llama a alguien mecagoentusmuertos.

A los diez minutos toda la familia estaba allí reunida (menos mi otro hermano que se había equivocado de carretera y se había metido en dirección contraria, esquivando coches, pero esa es otra historia) que has jodido el motor, decía uno, no tienes agua, decía otro, cómo subes en quinta una cuesta decía algún otro. Yo, calladito nomás, les pedí que se llevaran de uno en uno a mis ex compañeros de viaje (incluída Sol) que yo ya llamaría a la grúa y vería como llegar a la fiesta. Mi tío se quedó conmigo hasta que el de asistencia en carretera llegó, enganchó mi KIA y se lo llevó como un perro que va a enterrar un hueso. Yo lo veía alejarse por el espejo retrovisor del renault de mi tio y pensaba (hasta hoy) “fijo que me la van a meter doblada cuando me llegue la factura”.

miércoles, mayo 16, 2007

Ok, so you're Brad Pitt; that don't impress me much




A Mariana le gustaba bailar medio calata frente a su poster. Yo la veía, cocacola en mano, y pensaba que nunca dejaría de ser la chiquilla traviesa que todos queríamos. El poster era de la época de “Leyendas de Pasión”, Brad tenía el pelo larguísimo, rubísimo, y acondicionadísimo. Ella decía cuando quieras papito, vénte pa’ mi casa y yo dejo todo, pero el rubio seguía allí, inmóvil, como buen poster que era.

- Deja de bailar, cojuda, que te van a a ver los vecinos – le dije, sin soltar mi lata de cocacola.
- Con estas cortinas no se ve nada, sino te verían a ti también en calzoncillos.
- Yo no estoy cerca de la ventana, ni estoy haciendo tanta alharaca.
Se supone que iríamos a ver “Seven”, el jueves, que hay dos por uno. Como siempre compraríamos un solo supercombo y de allí beberíamos y comeríamos los dos. Pero la llamó Charo, que me ha dejado Tomy, que estoy muymal, que ven a verme chola, que no puedo más, que voy a hacer una locura, que ya vas otro dia al cine.

- Me llega al pincho tu amiga – le dije poco solidario, as usual – cada vez que se pelea con el huevas de su novio, te llama a ti.

-No seas malo, loquito, ya te recompensaré como tú sabes.

Llamé a Katty, y fui al cine con ella, pero se pasó toda la película preguntándome si Brad Pitt era malo o bueno, y si Morgan Freeman sabía ya quién era el asesino. Yo fingía no conocerla cuando se oía un anónimo ssshhhttt en la sala, y ella, encima, replicaba al censor a viva voz, es que no entiendo pues, ¿tú que te crees? Nadie nace sabiendo, y ella, menos. Yo me consolaba pensando en que ya alquilaría la película después y la vería tranquilo en casa.

Mariana me llamó esa noche, Charo había vuelto con Tomy, y para celebrarlo habían ido los tres al centro comercial a tomar algo. Les pareció verme salir del cine, con una flaquita de pelo pintado (no está pintado, dije, su vieja es alemana). Que íbamos muy juntitos para ser amigos, había dicho Charo, qué pendejo el loquito, había dicho Tomy, qué cojuda que soy, había pensado Mariana. Ni me molesté en defender mi inocencia, sí, la pasaba muy bien con ella, sobretodo cuando nadie nos veía, pero tampoco era para morirme si la dejaba de ver, le dije que se quedara con sus amigos, y que si quería que me llamara cuando pase el temblor. Al mes siguiente salimos a tomar algo, chapamos y demás, pero yo ya salía con Daniela y ella sí me daba miedo, sobretodo después de que un día llegó a la universidad con la ropa manchada de sangre y dijo que era porque había estado ayudando en una anticuchada. Así que no la volví a llamar.

A la loca (como mis amigos llamaban cariñosamente a Daniela) también le gustaba Brad, pero no bailaba en calzón frente a su poster, es más, ni tenía una foto suya tamaño carnet, su amor tomaba caminos extraños y decía siempre cosas como que ese chico es tan guapo que nadie cree que actúe bien, que quizá por eso hace películas como “12 monkeys” o “Snatch”, que en el fondo tiene complejo de inferioridad, como tú loquito que ya no quieres estar conmigo porque soy muy inteligente y tengo ideas infinitamente mejores que las tuyas. A esa también le dije un día eso de que nadie sabe porque un día el amor nace y nadie sabe porque muere el amor un día, y la dejé tirando cintura. Por entonces, Tomy y yo éramos los mejores amigos y él, también, amaba en secreto a Brad y se compraba la ropa (en la cachina) lo más parecido posible a su ídolo secreto.

Ahora, si todos ellos vieran al rubio de aeropuerto en aeropuerto, comprando niños en camboya, o donde sea, envejecido, despeinado, con ojeras y usando ropa que no combina, no sé si seguirían queriéndolo, quizá Daniela sí, pero Mariana, que ya tendrá celulitis, no creo que le muestre nunca más sus secretos pasos de baile. Estás viejo, Brad, algo te consume, total, cepillarse a Angelina Jolie tiene su precio, ¿no?

jueves, mayo 03, 2007

Las aventuras del Mongo


Al él le gustaba ella, y a ella, él. Ella ya había desarrollado algunas formas interesantes, mientras que él podía pasar por una botella de vino, fácil: sin hombros con el cuello largo y el culo de felpudini. Ella era nueva en el barrio, él también porque aunque vivía allí hace ya más de dos años, nadie le hablaba. Era raro, decían, va a todos lados con audífonos, no fuma ni se emborracha, y encima no le hace caso a las rucas del callejón.

Ella (en adelante, la Tetas) jugaba a hacerse la interesante, pero como él (en adelante, el Mongo) vivía en semi-autismo no se da ni cuenta (que cuando lo miro, por no delatarme me guardo un suspiro) que se lo comía con los ojos. Una noche, cuando el Mongo escuchaba un disco de Nirvana con los audífonos pegados a la oreja, la Tetas se acercó por detrás, le tocó el hombro con un dedo y apenas lo vió girar la cabeza, simple y llanamente se lo chapó. El Mongo no le dio importancia al asunto, y le pidió repeticuá, sin más preámbulos. La Tetas, que había tomado la delantera, se quedó esa noche un par de horas, y volvió durante dos semanas. Casi no hablaron.


Y así por mes y medio, hasta que el Mongo, apenas vio la oportunidad, le dijo a la Tetas que eso de darse besitos en su puerta ya estaba pasado de moda, y ella si, sí tienes razón; y él, además siempre la vecina mira por la ventana, y los chibolos desde la esquina; y ella, y mi hermano te quiere romper el pescuezo; y él, qué tal si alquilamos una habitación, si quieres hablamos no más, pero así nadie molesta; y ella sonriendo, ok, pero para hablar nomás, ah; y él, sí, sí para hablar.
La esperó en una esquina, frente a una tienda de electrodomésticos y mientras llegaba le echó ojo a un walkman. Ella llegó diez minutos tarde, bañadita y perfumada y más Tetas que nunca. Se fueron a un hotel, hablaron, y ella le dijo que no la esperaban hasta el día siguiente, había dicho que se quedaría con unas amigas. El Mongo prendió la tele pa’ calmarse y vio las noticias, un presidente disolvía el congreso, y eso, quién sabe por qué, lo puso en fa. Ella, que ya sabía bastante del tema, se hizo la difícil, pero después se unió a los juegos de su amiguito y hasta que las fuerzas los abandonaron se dejaron llevar.

Al día siguiente, apenas amaneció, aquí se rompió una taza y calabaza, calabaza cada uno pa’ su casa. La Tetas cambió la táctica y ya no lo buscaba por las noches, el Mongo sabía que volvería y no hizo nada por averiguar que le pasaba a su entregada amiga. Pasaron los días, y se vieron alguna vez, mientras regateaban a la tía de los condimentos, ya pues casera écheme más rocoto que ayer por cincuentita me dio más; pero ni se saludaron. Ya volverá, pensó el Mongo, se muere por mí, pensó la Tetas. Y así, pasó un mes.

Una tarde, mientras el Mongo leía en la biblioteca, vio que una niña se le acercaba y le pedía compartir su mesa para estudiar, es que todas están llenas, no haré bulla, prometió. Él levantó los hombros, aceptando la compañía, hasta que horas después la niña le soltó tu vives por mi casa, a veces te veo pasar, así, sin más. El Mongo, sonrió, y le dijo porque no nos vamos a otro lado, a conversar nomás, que aquí no se puede hacer ruido.

lunes, abril 30, 2007

I am the walrus




Nadie (de mi entorno, fans de Bisbal mayormente) la conoce. La primera vez que la escuché me pareció alucinante, el juego de voces, los arreglos, las voces de fondo, los cambios de ritmo, todo. Y ya cuando busqué la letra en Internet, flip-out. No tenía ni pies ni cabeza.
Magical Mistery Tour fue un proyecto personal de Paul McCartney, y sus tres amigos, en pocas palabras, le hicieron la taba, Ringo hizo como que tocaba la batería, George puso su gesto de anteriores discos y tocó la guitarra, y John, fue el genio de siempre por el que Paul babeaba.

Un joven, que estudiaba en el mismo colegio de la infancia de John, le escribió (sus cartas se subastaron hace poco en Internet) pidiendo ayuda, ya que su profesor de literatura había desarrollado su clase descifrando “mensajes ocultos” en las canciones de los Beatles. John quedó fascinado, y respondiendo al muchacho, le prometió que escribiría una canción que “esos cabrones” jamás podrían descifrar. Tenía ya dos estrofas, sin ninguna relación entre sí, y que sólo un genio como él podría juntar en una canción, le agregó retazos de una canción infantil, palabras inventadas, ojos de cuervo dormido, colas de rata y ratón, y unos colmillos molidos de un jabalí cachetón.

La morsa, que según Lennon era un personaje de Lewis Caroll, representaría en el cuento “La morsa y el carpintero” la avaricia, el consumismo y el capitalismo (por eso John diría: «Oh, mierda, me he equivocado de personaje».) Y la canción, para mí, es una de las más interesantes de la discografía Beatle, y debería haber sido incluída en el “Sgt. Pepper’s…” pero no le gustó a George Martin, y se descartó, publicándose luego como single junto a “Hello, Goodbye”.

Después de toda esta parrafada (hay más en Internet), sólo me queda recomendar la canción, disfrutar del genio de Lennon, y divertirse con el video, incluído en la película “Magical Mistery Tour”. Así, la próxima vez que alguien se quiera hacer el culto y diga "me gustan los Beatles" pregúntale si conoce esta canción.
Dedicada a tí, mamón, que sólo conoces "Yesterday"

martes, abril 24, 2007

Vacaciones de novela


Lo que más recordaré de mis últimas vacaciones, además de mi conjuntivitis infecciosa, será el submundo de las telenovelas. Ni el sol, ni el excelente arroz negro del restaurante Canela (C/ Quart 49) me harán olvidar que de 8 a 10 de la noche, en la tele no había más que esas historias bastante inverosimiles, pero divertidas. En una de ellas, (la de las 9, no me acuerdo del nombre) una mujer de 37 años hacía el papel de una chica de 20, con visibles muestras de envejecimiento que para cualquier persona normal (las que no ven telenovelas como life style) quitarían credibilidad a un personaje, bastante risible ya. La señora-chica hacía de campesina pobre que se enamora del patrón (of course), rico heredero que, contradiciendo todas las leyes de la física, no se tira a su fiel trabajadora, sino que se enamora de ella, pierden la virginidad juntos y le jura casarse con ella cuando vuelva de estudiar en Londres (capital de Inglaterra), ella angustiada en su espera, y embarazada a la primera, conoce a un fotógrafo que le promete fama como modelo, pero que la vende como prostituta de lujo y la pobre llega a Europa, sí, pero a los peep show de Montmartre en París (capital de Francia, como ella siempre dice, para mi descojone). Mientras su novio vive encerrado en su super piso y no se quita se camiseta de Cambridge ni pa' mear, no vaya a ser que no nos creamos que vive en Londres (capital de Inglaterra).

La novela de las diez es más interesante por una simple y sencilla razón: sale Gaby Espino, dalina de Nubeluz que me hizo olvidar con rapidez a Almendra Gomelsky y que desde entonces forma parte de mis sueños nubecinos. Aquí Gaby hace de niña bastarda de un hombre rico, que no encuentra mejor forma de acercarse a su hija que meterla a trabajar como sirvienta en su casa. Lo que provoca que las fieras (Por eso se llama Mundo de Fieras), se encargarán de hacerle la vida imposible. De forma paralela, se desarrolla la historia de dos amantes que se enamoran en Venecia (a pesar del olor a desagüe, perenne en la ciudad) sin siquiera saber sus nombres, pero ella al ver que una le dio a su querido un besito simpaticón, rompe a llorar y huye, sin dar explicaciones, a otra ciudad; él, desesperado la busca por tierra, mar, bares y mercadillos hasta que averigüa que está en Barcelona y va a buscarla (sin saber ni su nombre, ni su dirección), entonces, mientras caminaba por la plaza Catalunya y cuando estaba a punto de ser asaltado por unos árabes, la ve (¡qué casualidad!) y la besa con fuerza. Ella, fiel a su estúpida posición, lo abofetea y huye una vez más, dándole largas a ese amor imposible, e ignorando también que su amado es su hermano, pero no importa, ricurita, porque eres adoptada, pero hasta que falte un mes pa’ que acabe la novela, no lo sabrás.


Lo ideal sería que las dalinas, todas, hicieran una novela, en la que el galán fuera yo, y cada dos meses, me enamoraría de una, para al final casarme con Gaby, que de niña sufría parálisis, pero que gracias a un accidente de avión, de la que es única sobreviviente (cayó sobre mi piscina) se recuperó. Soñar no cuesta nada, aquí en Madrid (capital de España).

miércoles, abril 11, 2007

¡ Santos hikikomoris, Batman !


Los hikikomori (en japonés ひきこもり o 引き篭り) son adolescentes y adultos jóvenes que se ven abrumados por la sociedad japonesa y se sienten incapaces de cumplir los roles sociales que se esperan de ellos, reaccionando con un aislamiento social. Los hikikomori a menudo rehúsan abandonar la casa de sus padres y puede que se encierren en una habitación durante meses o incluso años. Según algunas estimaciones, puede que haya un millón de hikikomoris en Japón (uno de cada diez jóvenes). La mayoría de ellos son varones, y muchos son también primogénitos. Esto me lo copié de la wikipedia.


Y si me preguntan ¿qué hice en semana santa?, hice de hikikomori. Tirado en la cama viendo westerns: la versión remasterizada de Django, comprada en ebay; El Topo, capo lavoro, de Jodorowsky; Once upon a Time in the West, con Henry Fonda de malote (y el único que cepilla a Claudia Cardinale). Desayunaba magdalenas y zumo de naranja recién exprimido, casi no cocinaba y cuando me entraban ganas de comer algo consistente, un poco de pasta y sanseacabó. Volvía a la cama y ponía mis capítulos de Speed Racer, recién bajaditos y en inglés sin subtítulos. Esto último me provocó una pequeña crisis de ansiedad al ver que todos los malos que persiguían a Speed (Meteoro pa’ los amigos) volaban por los aires y caían de precipicios eternos, pero al llegar al suelo sólo sufrían roturas en sus ropas de piloto y algunas estrellitas les rodeaban la cabeza. Me curé de la crisis viendo a las chicas Gilmore, ¿con cuál me quedo, con la madre o con la hija?


Ya cuando llegaba la tarde, los tambores y trompetas de las procesiones me despertaron de mi siesta de recogimiento, busqué mis tapones para los oidos y me volví a sumergir en el sueño mientras pensaba en la forma de conseguir (by the face) la primera temporada de Mision Imposible, que ya vendían en las tiendas al módico precio de 48 euros. Al despertar, tenía sed casi siempre y volvía a beber del vino tinto que le regalé a mi hermano hace meses y que aún no ha probado. La próxima le daré un barril autoenfriable de cerveza y seguro que me nombra hermano del año, o algo así. Con la garganta mojadita, mojadita, le eché una ojeada al libro que me había regalado mi hermana (de casualidad: se lo habían regalado a ella, pero como del cosmopolitan no pasa…) sobre la misión al Nilo que envió Nerón en sus tiempos de emperador piromaníaco. Estaba en algodón, leí dos capítulos y puse un disco de Luis Miguel, que me volvió a dormir.
Tiempo santo, tiempo santo. Jesús había muerto ya y podíamos hacer lo que quisiéramos: sexo, drogas y rock & roll (diosito no nos ve, pues). Yo, en cambio, tuve que ir a casa de mi mamá (quiero quaker) porque ya la había rechazado dos veces en una semana y esta vez me amenazó con que si no iba venía ella, así que junté toooodas mis fuerzas y recorrí los 15 metros que separan su casa de la mía.
Me escapé en cuanto pude y quise ver la Pasión de Cristo, pero no la tenía en DVD así que me conformé con Raging Bull, y vi a de Niro engordar como un desgraciado, en esa especie de Rocky para inteligentes. Llegó la noche y había futbol, puse la tele y me dormí otra vez. Al día siguiente ya se acababan mis vacaciones y salí a dar una vuelta, esquivé las procesiones y me metí a un café irlandés a leer, tranquilamente, el periódico, en plan bo-bo (bohemian borghuese) con el último disco de Norah Jones de fondo. volví a casa y vi Annie Hall, haciendo tiempo para recoger a Solenne que llegaba en el vuelo de las 6 y media, qué buena película y los diálogos son geniales, para muestra un botón:


Loquero de Alvy: How often do you sleep together?
Loquero de Annie: Do you have sex often?
Alvy: Hardly ever! Maybe three times a week.
Annie: Constantly! I'd say three times a week.


Solenne llegó puntual, y de camino a casa me preguntó que qué hice esta semana santa. respondí que nada pero la respuesta real hubiera sido ando, ando, hikikomoriando.

jueves, marzo 29, 2007

Idolos con pies de barrio


Unos niños han clasificado al mundial sub-17 de fútbol. Y si supieran la que han armado, seguro que se quedaban en su casita, comiendo marcianos y viendo “El chavo del ocho”. A uno le han dado la medalla de ciudad de Lurín, ciudad famosa por sus basurales, en los que se alimentan y crían cerdos (que comen basura, of course) para luego ser sacrificados, troceados, fritos en aceite hirviendo (reutilizado durante días) y vendidos en casetas mugrientas e infestadas de moscas a las que llega media Lima para comer “los mejores chicharrones”. Si, señor.
A otros les aparecieron de la nada representantes (con camote frito y relleno, no iban con las manos vacías) prometían el oro y el moro a sus padres, que yo llevaré a su hijito a jugar a Europa, señora, será como Pizarro y la Foquita señora, ya no tendrá que vivir en este barrio feo, señora, hasta caballos tendrá, señora, y a todo esto, ¿dónde está el hombre de la casa, señora?

El presidente los invitó a un lonchecito, y los chiquillos fueron en ayunas, pero Palacio, poco acostumbrado a estos homenajes apta para todos, contrató al mismo servicio de siempre y en vez de pasar viandas con quaker, pan cachito y churros, los imberbes vieron pasar (más de uno se aguantó las ganas de estirar la mano) bandejas con pisco sour. Estaban (y son) tan atontados que a uno le tuvieron que susurrar, sin roche nomás, que se quitara la gorra azul de los Hornets, que no hacía juego con el traje negro y la corbata roja, y a otro lo tuvieron que rescatar, solapa, cuando perdido en el salón dorado, le preguntaba a una estatua que dónde estaba el baño señor Húsar de Junín, y que bonito el último cambio de guardia.

Las mañanas siguientes, los reporteros de todos los canales conectaron via microondas con las “respectivas” casas de los “susodichos” héroes nacionales, qué Miguel Grau, ni qué Bolognesi, total, esos dos perdieron sus batallas, en cambio estos mocosos habían ganado a Brasil sin pagarles. Eso era valor. Y por eso, a las seis de la mañana se podía ver como los heroicos jóvenes eran despertados, en vivo y en directo para que ustedes, señores telespectadores, no se pierdan ni un minuto de su rutina y conozcan más al orgullo nacional.

- Al mundial, juvenil, eso no lo hizo ni Cubillas – dijo fulano.
- Haciéndole huachitas a los brasucos, eso no lo veía desde el ’70 – dijo mengano.
- Ojalá no se dediquen al trago y a las putas – dijo zutano.

Mientras tanto, en algún cono perdido de Lima. Una quinceañera ricotona (mira que hay pocas en la ciudad) envidiaba en silencio a los chicos de moda, que no cantaban reggaetón ni se teñían el pelo, pero que, como ella, habían clasificado al mundial juvenil. Ella también está en una selección juvenil, pero de vóley. A ella no la despierta nadie a las seis para entrevistarla, y ya está cansada de ganarle a Brasil. Habráse visto.

lunes, marzo 26, 2007

Te cuento el chiste del pescado


Merluza limpia, decía el paquete. Limpia, mis cojones, diría mi jefe. Influyó también que justo en el momento en que la comía, se me ocurrió llamar a Solenne. “Para hablar con mujeres y comer pescado hay que tener mucho cuidado”, y como yo estaba haciendo ambas cosas a la vez: la cagada. Sentí clarito cuando se me clavó en el paladar, me metí una cucharadaza de arroz, pero nada, la seguía sintiendo allí, bebí agua, té caliente y hasta una cocacola. Nada, cada vez que pasaba saliva (acto reflejo que justamente ahora ocurría cada 10 segundos) sentía a un pequeño duende que me clavaba alfileres en la garganta.
Mis compañeros de trabajo me contaron, al verme sufrir, que a Rafa le pasó lo mismo hace más de un año. El pobre, con un amplio historial hipocondriaco en su haber, siguió sintiendo la espina clavada en las amigdalas por más de 8 meses, fue seis veces al hospital y dos al psicólogo, le hicieron dos lavados estomacales, una laproscopía, tres radiografías y un TAC, pero nunca encontraron la espina. No les creí, pero mientras llenaba mi botella de agua en la cocina vi a Rafa, que almorzaba plácidamente un trozo de salmón a la cerveza, con sus espinas respectivas.

- tú, ¿comiendo pescado? – le dije, sin ocultar mi sorpresa.
- Si, ¿por? – contestó, engullendo una patata.
- Porque me he clavado una espina en la garganta y me contaron tu historia. Pensé que odiarías el pescado, ahora.

Me confirmó la historia, completita, y mientras me daba palmaditas deseándome una pronta recuperación se levantó de la silla y tiró el salmón, casi completo, al bote de la basura.

- Todo está en la mente - me dijo, señalándose la sien – tú eres más fuerte, todo está en la mente.
- ¿Y por qué has tirado el pescado, entonces?
- Porque me ha dao’ mal rollo.

La tarde fue horrible, y la noche más. Cené pasta y sentía que los fideos se me enredaban como serpentinas. Quise ignorar y no pude, (mi lamento y mi dolooor) y a eso de las diez de la noche, en plan bulimia, me metí la mano en la boca hasta donde pude, aguantando el vómito, y la toqué. Ya te jodiste, le dije a la espina de los huevos, me vestí y me fui a urgencias. Me atendió un gordo que descuidó su bocata sólo el tiempo necesario para llenar mi ficha de ingreso. Y minutos después unas enfermeras amables me quitaban la espina del paladar.

- La tenías metida en tó el medio – me dijo una.

Volví a casa feliz, y al día siguiente mis padres me llamaron para comer con ellos, a una pescadería si era posible. Los convencí para comer parrillada y paella, al pescado no quiero verlo, por lo menos por un par de meses más.

jueves, marzo 15, 2007

Si estando en la carretera, oyes un beep beep...


No hacía footing hace más de un mes (dejémoslo en tres meses, ni pa’ ti ni pa’ mi). Y los partidos de fulbito eventuales con la gente de Toshiba no son suficientes, al parecer, para mis envejecidos tendones. Había comprado un porta MP3, de esos que se pegan al brazo, y lo estrené esa tarde. Rompí el cierre y no había suficiente bícep para mantenerlo quieto. Primera decepción. También tenía, nuevecitas nuevecitas, unas zapatillas para correr que cada vez que me veían pasar saltaban como los perritos de la perrera, las saqué de su caja, vengan con papi, vamos a dar una vuelta.
Bajé corriendo las escaleras del edificio y en la puerta vi a un par de niños que jugaban con una PSP, giré a la derecha en la esquina, y, como si hubiera recordado que tenía algo urgente que hacer en quíensabedonde, corrí como un poseso. Diez metros más adelante, respiraba ahogado y con la mano derecha apoyada en un árbol mientras un perro que había sacado a pasear a un viejito ahogaba una risa burlona.

Retomando mi ejercicio, lluegué hasta la puerta de un colegio, y a lo largo de la calle veía a varios hombres calvos haciendo lo mismo que yo, más acabados, con menos ritmo y, lo que es peor, su ropa deportiva no hacía juego con las zapatillas (de las medias, ni hablamos). Eso me llenó de moral fashion y corrí, cabeza en alto, hacia el parque más cercano. Se respiraba polen, había niños, con sus respectivas madres. Unas niñas bebían algún líquido sospechoso y se reían de todo, mientras sus amigos compartían un porro. Yo iba mirando al infinito y más allá, imaginando que detrás de mi una rubia gritaba “corre forrest, corre”, y sonriendo como un tonto (aunque tonto es el que hace tonterías…)
De vuelta en casa, con las calorías y las energías quemadas, mi cerebro no coordinaba y no podía encontrar mis llaves. Menos mal que apareció mi vecina (la maciza) y abrió la puerta.

- Buenas, señor presidente - me dijo
- Muy buenas - respondí, e intenté estirar el cuadríceps de mi pierna izquierda pa' hacerme el deportista, pero un tirón en la espalda me hizo ver al diablo calato.

Entré tras ella, y haciéndome el machote subí por las escaleras, con la secreta intención de retorcerme de dolor apenas alcanzara el primer piso. Pero subió detrás de mi, y tragándome el dolor, llegúe hasta el 2º B, muerto. Me tiré de mala manera en la cama, y encendí la tele, busqué a tientas una lata de cerveza y disfruté por unos minutos de Teri Hatcher.


- Esto es lo mío - susurré y me zampé la Carlsberg de un trago.

martes, marzo 13, 2007

No me toques el cuy, que me conozco


Mi hermano, (más noble que una lechuga, más fuerte que un ratón) estuvo hace poco en Lima. No se si fueron los nervios, las 17 horas de viaje, la pérdida de su maleta, la inexistente hoja de reclamaciones, los taxis con olor a chanfaina, o los huevos del toro; pero apenas pisó suelo chalaco fue atacado por una diarrea virulenta, acompañada de su infaltable fiebre, tos, dolor de cabeza, congestión nasal, lacrimeos y estornudos (prueba Comtrex).
Sufrió en silencio hasta que cayó en manos de mi madrina y mi abuela. Ambas, conocedoras, porque su comadre les ha contado, de algo de medicina casera, le dijeron que no se preocupara, que lo dejara todo en sus manos.
- Te habrán ojeao papi – dijo mi madrina.
- Esos del cerro, seguro – pensó mi mami.

Buscaron en el mercado un cuy para sacrificar, pero no era temporada. Me explico: se pone al individuo de pie en un sala a media luz, y el chamán le restriega el cuy por todo el cuerpo, mientras va pronunciando oraciones de paporreta. El pobre animal (el cuy, obviamente) al ser zarandeado por un ser 20 veces más grande, a velocidades de vértigo, sufre alucinaciones, mareos, taquicardia, paro cardiaco, y al final muere. Cuando eso pasa, el chamán deja al individuo sentarse pa’ que piense en sus cosas, mientras él abre al animal en dos y se lo enseña a su cliente (que en la vida a disecado un cuy) y le dice: “¿ya ves? Te habían hecho daño, tiene el hígado reventado”, a lo que el animal (el cliente, of course) asiente lleno de fé y con cinco soles menos en el bolsillo.
Mi hermano se salvó de lo del cuy, pero cuando su hijo comenzó a presentar los mismos síntomas (normal: duermen juntos), decidió en un acto de contricción digno de él, entregarse a las manos de nuestras nobles chamanas.
Los colocaron donde el sol no les diera, calatitos, (no mentira, con ropa, pero es más divertido imaginarlos calatos) y escogieron una página de la sección policiales del Expreso, porque “la de deportes no cura igual” según mi abuela. Mientras mi abuela rezaba en silencio a Sarita Colonia, mi madrina pasaba el periódico por su cuerpo con los ojos cerrados e invocando a Bazuzu.

- Papi, tengo frio – exclamó mi sobrino, rompiendo el encanto.

Cuando acabo el recorrido, mi abuela sacó del bolsilllo de su chompa morada una caja de fósforos “La Llama” y ante la mirada atenta de mi hermano y mi madrina (mi sobrino corrió hacia la tele y sintonizó Disney Chanell) quemaron el papel arrugado. Las cenizas se elevaron y sobre el suelo quedaron marcas de la combustión.

- Tiene forma de estómago – dijo mi madrina.
- Daño – diagnosticó mi abuela.
- Daño, si, daño, papi – confirmó mi madrina, mirando a mi hermano.

Después de esto, y de beber mucha agua y cuidar su alimentación, mi hermano se sintió aliviado. Su hijo ahora en vez de pintar los periódicos los arruga y hace como si los quemara, y mi madrina y mi abuela le han prometido que para la próxima le tendrán preparado un cuy, para “curarte bien, pues papi, no vaya a ser que te hagan daño de nuevo, porque al sobrino del cuñado de la Mirtha le hicieron daño y ahora cojea, y al hijo de la Dina le contaron que…”.

miércoles, marzo 07, 2007

De culé


Rafa Benitez se hizo famoso por lograr que sus equipos se movieran, siempre, como fichas de ajedrez, sin reyes y donde todos eran peones a la hora de recuperar la pelota. Rijkaard, en cambio, construyó un equipo de sueño en donde las volteretas y paredes interminables hacian que todos los campeonatos se jugaran por el segundo lugar. Anoche, los quince primeros minutos parecía que la suerte y los aficionados al futbol haciamos fuerza para que el equipo de ensueño siguiera vivo, y por eso, los tiros al palo iban acompañados de un “uffff” mundial. Veías a Laporta ajustar el culé cuando Sissoko, rescatado por Benitez del ostracismo valencianista, aprovechaba un error de Valdez para lanzar en tiro mordido al palo, y se te caía el alma al suelo.
Pasada la media hora Ronaldinho se dio cuenta de que él no era una pantera escurridiza y cambio posiciones con Eto’o, y el barça disparó una vez antes de que acabe el primer tiempo, frente a los diez disparos del Liverpool. Paul Mc Cartney sonreia.
En el segundo tiempo, Rijkaard, de pie, mostraba su chaqueta con la frase “i have a dream” inscrita en la espalda, pero la pesadilla se veía venir. Eto'o estaba roto, Ronaldinho brillaba tanto como en el último mundial y Messi era el único que se atrevía. Gerrard quitaba mil pelotas y llegaba sin piedad hasta las últimas lineas, Valdez achicaba el culo y ya, de los nervios, ni se peinaba. Ya no teniamos ganas ni de cerveza, cuando Guddy regateó al sobreprotegido Reina que en su única intervención demostró por qué no lo querian en Valencia ni en Barcelona. Gol. Pero ya ¿para qué?. Ronnie tuvo tiempo para que ayudándose de rebotes mágicos dejara resumida en una sola acción lo que es su rendimiento en este año: regate y tiro al palo. El partido se acabó y ganó el estratega, el Barça volvia con el rabo entre las piernas, mientras a unos cientos de kilometros, con viento de Levante, los del Valencia le metian veinte puñetazos cada uno a Ibrahimovic, y lo mandaban pa´casa, eliminado.

martes, febrero 20, 2007

She's my cover girl


Se llama Elena, y si no me enamoré de ella es porque a estas alturas, ya me da flojera.
La conocí por primera vez, una de esas noches de sábado en que veía películas españolas, en vez de disfrutar la noche madrileña. Interpretaba a una chica de pueblo costero, de vientre voraz, que se enamora de un vividor cubano. Cuando alguien me preguntaba por la española más guapa, siempre decía: “Paz Vega”, pero pensaba en secreto en ella, sobretodo después de que en más de tres ocasiones, al de decir su nombre la gente me miraba, extrañada, antes de preguntar “¿quién?”.
Y mi amor platónico me limitaba a verla en revistas, televisión, y una que otra película mala, como Van Hellsing, que sólo soportaba por ella.

Un domingo cualquiera, que amanecí con ganas de pasear, estuve por el Rastro, fui de tapas por la Plaza Mayor y la calle Toledo, y ya cuando me dolían los pies, propuse a Sol ir al cine. No me quedaban fuerzas para visitar la exposición de Liechtenstein en la fundación Juan March, menos para hacer dos horas de cola intentando ver algo de Tintoretto, en el Prado. Caminamos por la plaza Benavente, frente a nuestro cine favorito (uno de los pocos que proyectan películas en versión original) y al teatro Calderón, que ahora se llama Haggen Daaz, por culpa de una marca de helados que lo patrocinará dos años.

- Quiero ver el precio del musical “We will rock you” – dije, y me dirigí a la taquilla.
- Si quieres – me respondió Sol.

Comprobamos que el musical duraba dos horas y cuarenta minutos. Sólo podría verlo sin remordimientos un sábado por la noche, y ese día, convenientemente para los heladeros, el precio de la entrada subía a 50 eurazos. Ni que fuera una semifinal de la Champions, pensé, y, derrotado, cambié de rumbo hacia el cine, deseando fervientemente entrar y hundirme en sus cómodos sillones por lo menos durante un par de horas. Sol intentaba consolarme, cuando un perro travieso se enredó entre sus piernas. Lo esquivó como pudo, e intentó fulminar con la mirada a su dueña, que acompañada de una amiga, cruzaba la calle justo en sentido contrario al nuestro.
Era ella, la cover girl de mis sueños, la chica de los ojos profundos que para mi era la más guapa del cine español y balnearios.
- E-lena, es Elena Anaya – balbuceé.
- ¿Quién? – preguntó Solenne. Y yo decidí esperar a llegar a casa y enseñarle alguna de mis revistas, y gritar, ella, carajo, ¿es que sólo yo la conozco?.

Mientras Kate Winslet luchaba por su felicidad en “Little Childrens”, yo pensaba en ella, corriendo por Madrid, con su perrito al lado, ignorando para siempre que me había dejado tirando cintura, con dos cocacolas en el bolsillo, y atolondrado, en una sucia butaca del cine Ideal.

jueves, febrero 08, 2007

Un coñazo, ma non troppo


La noche que vi a Ana, en un bar del centro de Madrid, me divertí mucho. Reímos, bebimos y entre confidencias y chismes la hora pasó volando y cuando subí al tren que me llevaba a casa estaba realmente muerto de cansancio y al llegar a mi cama le prometí a Solenne (y a mí mismo) que nunca más quedaría con nadie después del trabajo.
Pero Dario, mi amigo italiano, es un caso especial. Muchos, en el camino se aburrieron de intentar acercarse a él, pero mi afición por la Roma (desde que Batistuta jugó allí) y los spaghetti western ayudaron mucho a que una amistad particular naciera. Meses después de nuestro último encuentro, en su casa, habíamos quedado para vernos “el martes, a las 7 y media, en la glorieta de bilbao”. Me encantó la idea. Tuve que quedarme en la biblioteca, leyendo y soportando el sueño, una hora y media, haciendo tiempo para no llegar demasiado antes a la cita. Yo le llevaba un DVD de “Tempo di Massacro” y él prometió grabarme algunas películas también. Cuando se acercaba ya la hora, y después de terminar de leer “Travesuras de la niña mala” de Vargas Llosa, subí valientemente al metro con rumbo conocido. No me quise sentar, llevaba diez horas así, y subí el volumen de mi Ipod para que George Brassens me diera más clases de francés y, poder así, aprovechar el trayecto.
Llegué puntual, pero al comprobar (ya lo sospechaba) que Dario no estaba en la puerta del café, lo llamé. Me dijo que estaba en casa, que me acercara si sabía llegar, y me dio un par de indicaciones. Lamenté no haber comprado una botella de vino, pues no me gusta llegar a la casa de mis amigos con las manos vacías, y envidié sanamente lo bien ubicado que estaba su piso, en pleno centro bohemio de Madrid.
Nos abrazamos, él estaba igual de delgado y yo agradecí en silencio que no hiciera referencia a los 7 kilos que había yo ganado en los últimos meses por culpa de las barritas energéticas. Nos preguntamos por nuestros nuevos trabajos, y casi enseguida, los silencios comenzaron a llenar nuestra conversación. Mierda, pensé, no puede ser que siempre me pase lo mismo. Le pregunté si pensaba viajar a Roma proximamente, y me dijo que no, que iría a París un fin de semana. Le di un par de consejos y le recomendé un par de restaurantes de la zona de Chatêlet, me dijo que su hotel estaba entre Pigalle y Anvers, “una zona de putas”, que inmediatamente corregí, asegurándole que aunque la zona estaba plagada de “peep shows” tenía a tiro de piedra Monmartre, mi barrio favorito en el mundo. Compartimos una lata de cerveza, y encendió el PC para grabarme, recién (yo me había pasado el fin de semana preparando DVD’s), las películas que me prometió. El aire comenzaba a hacerse más denso, y yo, instintivamente, miraba a la calle por su amplio ventanal.
“Pues nada, tío, quiero tener un hijo”, se arrancó, y yo, para seguir la conversación le conté que a mi también me gustaría pero que ahora mi bien conocido egoísmo me impedía compartir mis bienes con un parásito que a los 16 años me odiaría, y pensaría que soy el ser más imbécil del planeta. Reimos un poco, y me enseño un puzzle con personajes de cine, que él y su adorable novia estaban completando. Era raro, y se lo hice ver, estaba Clin Eastwood de espaldas (lo tomo como una ofensa personal, le dije) y en primer plano Roger Rabbit y Batman, “si al menos hubiera sido Superman” susurré, y volvimos a reir. Me mostró su colección personal de western y me dio, como si fuera el santo Grial, sus tres últimas adquisiciones, “sé que las tratarás con cuidado” me dijo, y las guardé como si fueran corazones latentes en mi bandolera de cuero. La grabación del DVD seguía, a paso de tortuga.
Le pregunté por antiguos compañeros de trabajo, y me dijo que se veía con dos, los de siempre, y por educación pregunté por uno de ellos (el otro, me daba igual), y me confirmó que seguía de baja por depresión, esperando en su casa con el mando de la tele en la mano, fumando porros, y releyendo sus comics, a que la empresa se aburriera de pagarle por nada y lo despidiera. La grabación del dvd terminó mal pero le dije que me lo llevaba así, como sea, si se lo tragaba mi reproductor bien y sino también, pero ya me tenía ir, y era un largo camino a casa. Nos despedimos y estoy seguro que el también respiró aliviado cuando me fui. Subí al metro y esta vez estuve de pie contra mi voluntad, intentando no contar las paradas que faltaban hasta la estación de autobuses. Al bajar, al fin, después de aguantar a unos ecuatorianos melenudos que se ganaban la vida haciendo sonar (eso no era música) sus quenas y charangos, me senté en el bus e inmediatamente me quité los zapatos. Estaba muerto. Ni siquiera releí las últimas cinco páginas del libro, cerré los ojos y dejé que Sting y sus “Songs from the labyrinth” me arrullara. Funcionaba, pero entre mis sueños apareció la imagen de mi tio Angel. Él solía quitarse los zapatos, siempre, cuando no caminaba, y una vez que lo hizo en el cine sus amigos se los robaron sin que se diera cuenta y tuvo que volver a casa con las medias sucias y rotas, convirtiéndose en objeto de burla de mi familia, por meses. Intenté, asustado volver a calzarme, pero mis pies hinchados ya no aceptaban los zapatos, así que como la hermanastra de la cenicienta forzé hasta que doblando los dedos, los hice entrar.
No podía más, llamé a Solenne y lo primero que me preguntó fue ¿qué tal? “un coñazo, ma non troppo” le dije, y reimos cómplices.
Al llegar a casa fui directo a la ducha, y mientras veia a Sol sonreir, le prometí, otra vez, que nunca más quedaría con nadie después del trabajo.

jueves, febrero 01, 2007

A la triste


Creo que vi a la Triste en Roma. Murphy, en mi lugar hubiera reprogramado sus chips (auto_reboot_on) y hubiera cargado en su memoria y recompilado aquel día de septiembre del 95. Fue cuando la conoció. Estábamos, todos, disfrutando de la enésima inútil huelga de profesores en la universidad, pedían como siempre mejoras salariales, menos horas de chamba y un microcrédito para comprarse un toyota station wagon; rojo a ser posible. Jugábamos golpeao, tocábamos guitarra, chapábamos en los salones (o en hostales los más afortunados y cacheritos) y, algunos, como Murphy, se enamoraban perdida y platónicamente de una desconocida.
Estaba buena, según él, pero Arturo y yo estábamos convencidos de que su eterno gesto triste no era normal, pero no lo relacionábamos con su amiga de diminuta cabeza a la que apodamos la Reducida.

La Triste y la Reducida, estaban siempre juntas, y Murphy, al acecho, hasta consiguió hacer amigos en su facultad, pero a ellos nunca se acercó, porque, como diría mi sabio abuelo: se hacía la pichi, o como decía Arturo, simple y llanamente se cagaba parao. Me ofrecí, de forma retórica, a ayudarlo en lo que fuera posible y el enamoradizo robotín me tomó la palabra. Mi misión era, si decidía aceptarla, llevar una carta hasta las manos de la Triste sin que me diera la risa en el intento. Gracias al aburrimiento y para escaparme de la fogosidad poco mentolada de Ely (de quien no hablaré ahora) acepté el encargo, y con un par de huevos y más por chismosería, hice de cartero de mi cibernético amigo. La esperé como coyote serrano, escondido entre los arbustos, a que pasara junto a la Reducida rumbo a la cafetería pichiruchi de la universidad. Casi se me escapa porque mi atención captó primero a Verónica, que en ese tiempo era mi amor imposible, y sus voluptuosas formas me distrajeron de la misión por unos segundos. Corrí hasta alcanzarlas, pero eso delató mi presencia y mi factor sropresa que tanto había ensayado, se fue a la mierda. La Reducida me sonrió y la Triste también, momento que aproveché para entregar la seguramente romanticona misiva que rápidamente fue escondida entre fotocopias de libros de contabilidad. Me fui sin más, y cuando ya estaba a doscientos metros, la Reducida quiso saber mi nombre, se lo dije y me prometió que volvería a saber de ella.

Murphy nunca recibió respuesta, Verónica me hizo caso un día y al siguiente no me quería ver, Arturo siguió burlándose de nosotros, y hasta hace unos días, yo me había olvidado del tema. Pero al ver a la Triste comprando un pequeño Colosseo de yeso, y esperando el tranvía cerca de la Piazza del Popolo en Roma, quise dejar mi café y salir a saludarla. Pero ¿qué le diría? Hola, soy yo, no me conoces y no se tu nombre, pero mi amigo te quería besar, no, no le diste bola, bueno, nos vemos, quiém quiera que seas. Por eso seguí con lo mio, saboreando el capuchino italiano, que misteriosamente me provoca sueño, y sonriendo en silencio que si Murphy estuviera aquí, seguro que ni siquiera la hubiera reconocido.



martes, enero 30, 2007

¡Oye!, te hablo desde la prisión


Llevar oculto un mapa, debajo de unos tatuajes, es lo ultimito, lo ultimito. En Prison Break, se supone que viéndolo de cerca, o con una luz especial no sé como es la vaina, se pueden ver con exactitud los planos de la cárcel más segura de gringolandia. Por eso, un chico guapetón (tanto como para que Mariah Carey lo usara de modelo) los usa para sacar a su hermano de la cárcel, antes de que la administración Bush, o Gobernator, le den vuelta. Pero eso, sólo pasa en FOX. En la vida real, si un modelito entra, digamos en Lurigancho, lo primero que le pasa es que lo ponen en la celda de algún negro zapatón, aunque en la misma cárcel esté su viejo que muere de cáncer; nada, tú vas con Mandingo, te jodes, y tus noches van a ser muuuuy divertidas y no podrás sentarte en un mes. Y ruega que te ataque la diarrea.


Si te salvas de esa, todos los cholos acomplejados buscarán la forma de malograrte la cara, sea cortándotela con una botella rota, guillette, cepillo de dientes afilado, cualquier huevada será buena para descobrarme de este blanquiñoso que afuera tenía buena casa, buen carro, buen colegio, y buenas hembritas, aquí dentro Virgen de las Mercedes, patrona de los reclusos (mi madre está que se muere, ella por mí sufre mucho siiiii), somos todos iguales.


Mi vecino, que en sus ratos libres (todos) robaba pa’ drogarse, estuvo varias veces en la cárcel. No tenía tatuajes en la espalda, sino grabados que sus amigables compañeros de pabellón le hicieron en cada una de las cinco broncas semanales que se armaban cuando no había suficiente comida, o se prohibían las visitas conyugales, o porque ese chato me ha mirao feo. Tenía en la cara injertos de piel del glúteo, y debajo de la axila no le crecían pelos, porque en una bronca con un matachanchos lo apuñalaron dos veces, y se salvó de mi milagro. Además, como era más bien feo, tuvo que defender su honra en las duchas más de una vez; me pregunto qué hubiera pasado si, como en Prison Break, tuviera ojos verdes, dientes bonitos y una carita matadora. Seguro que se lo tiraba hasta el director de la prisión.


Al salir de la cárcel, los presiosos la ven cuadra para reinsertarse y ninguno, que yo sepa, tiene en mente un botín de 5 millones de dólares que otro preso moribundo le dijo, pa ti solito, dónde estaba. Pero eso sí les pasa a los de Prison Break, que haciéndome recordar a Tim Robbins y Morgan Freeman, saben en qué arbolito, exactamente en Utah, esta el billete. lo que importa es que Sol ahora a encontrado una nueva afición, bastante más soportable que "Medium" y es ver una y otra vez los capítulos de la serie, esperando a que su protagonista se despelote para consultar en el mapa tatuado en su esculpido cuerpo en que pasillo girar a la derecha, ¿en éste o en el otro?.


miércoles, enero 24, 2007

Sad Feet


¿Qué tan inteligentes son los niños? Hay una leyenda urbana que afirma que si un niño escucha varios idiomas (un día si y otro también) durante su crecimiento, con el paso de los años los hablaría todos como si fuera su lengua materna. Lo único que, dicen, se ha comprobado es que padecen dislexia y de vez en cuando piensasn en todos y los idiomas y blasfeman en el que más rabia les de. Por eso me pregunto (y yo mismo me contesto) ¿puede un ser de 4 años entender el valor de una pelicula como Happy Feet? Pues claro que por supuesto que desde luego que no (como diría mi tía, la Chimoltrufia.) En esta cinta, se ve la lucha de un pingüino emperador diferente, que por azares de la animación por ordenador, nace diferente a tooooodos los seres de su especie, y, no pudiendo cantar, desarrolla la capacidad de bailar como Sammy Davis Jr. Hasta aquí, y la siguiente lucha por ser aceptado estamos en la recurrente película para niños en que los buenos, por más que sean tontos, ganan. Pero cuando aparecen elementos como calentamiento global y explotación indiscriminada de los recursos, dudo mucho que mi sobrino (que baila feliz con Sesame Street) entienda la importancia del tema, él como muchos, vería bailar pinguinitos y no sabrá que el acuerdo mundial de dejar de pescar indiscriminadamente y asi no perjudicar el hábitat de la fauna, se quedará para siempre en una animada utopía. Hoy mismo, la CE a multado a España por la pesca indiscriminada de crías de peces, usadas para consumo humano elitista (es común pedir, unos boquerones bebé, en vinagre) que alteran indudablemente la fauna local. Si fuera cierta la ficción, Mumble, el pinguino bailarin, llegaría, daría un par de pasos de tap-dance con sus amigos latinos y convencería a quien haya que convencer de hacer bien las cosas. Pero eso no es así, ni lo será, España, como Microsoft, pagará su multa y seguirá con la pesca (más o menos encubierta), los pinguinos no bailarán, y a los adultos no nos quedará más que esperar la realidad virtual de “Happy Feet” o “Ice Age” donde la gente se entiende y se busca siempre el bien común. Mientras tanto, envidiaremos en silencio al pequeño niño que baila con el pingüino y cree que cuando crezca, encontrará un mundo mejor. Bullshit

viernes, enero 19, 2007

La Jaqueca del Rey


La copa del rey es una competición menor, en la que equipos de segunda, y segunda B se enfrentan a equipos de primera división y, a veces, les ganan. Los equipos chicos, la juegan de mala gana, porque mas les cuestan los traslados que lo que ganan por derechos de transmisión. Los grandes, la aprovechan para foguear a sus suplentes, castigar a sus titulares y apostar por ella cuando ya han perdido esperanzas en ganar la Liga o la Champions. Pero, si eres el Real Madrid, nunca admites esto. Y menos durante la última semana, en que todos putean a todos, ma non troppo.
Beckham, que negociaba su renovación, había firmado por lo bajo con un club gringo, para poder ser vecino de Tom Cruise y ganar más dinero en un mercado poco explotado por su imagen (aquí, en Europa, lo vemos hasta en las paradas de autobus).
Cassano, le dijo la verdad a la cara a Capello, y como premio a su sinceridad y hombría, fue descartado por el técnico y condenado a engordar en el ostracismo.
Guti, ninguneado por el presidente, Robinho, según los rumores, gusta del alcohol y las noches de Madrid, y Gago fue comprado por 25 millones de euros cuando meses antes se había ofrecido a otro club español, él solito, por 5 milloncitos namás.
Así era el club que iba a ver anoche. Y se enfrentaba al Betis, penúltimo de la Liga, que dándole la importancia que se merecía el partido, jugo con suplentes. Y aún así empató y eliminó al Madrid.
Menos mal que no fui, presentí el desastre en el metro, y ayudado por un inesperado dolor de cabeza, giré a la derecha en Albuquerque y me fui pa’ casita sin sentirme culpable. No se lo diré nunca a Julio que me regaló el pase para el estadio, porque lo decepcionaría y me cerraría puertas, quizá para futuras visitas al Bernabéu. Pero ayer, no me perdí nada, sabía que Ronaldo no jugaría porque está negociando su salida al Milan, que Casillas (que vale 9 millones de sobrevalorados euros) estaría sentado mientras Deiego Torres suda los 300 mil euros anuales que se lleva. Sabía que Capello sería insultado al máximo, y que como pasó, algunas botellas de agua pasarían rozando su cabeza. Y mientras yo estaba en mi camita, leyendo algo sin importancia, el presidente del Madrid, Ramón Calderón, estaría viendo el partido escuchando resonar en su cabeza la frase que sus jugadores le dijeron por la mañana: “deja de soltar mierda por esa boquita”.

martes, enero 16, 2007

Dark Side of Guiller


Dicen que si escuchas “Dark Side of the Moon” y vez a la ves “El Mago de Oz” compruebas que están coordinados la música y el movimiento de los personajes. Puede ser, no lo he intentado, principalmente porque la película es una de las más tontas que he visto y ni con la música de Pink Floyd creo que podría tragármela.
Pero, ¿y si hago otras combinaciones?
Imaginemos (que estamos ociosos) que el popularísimo Guiller nos hubiera dejado un mensaje secreto en su canción “El Rey de las Cantinas”, pero que sólo le contó el secreto a un borrachín de La Punta, antes de que su religión lo rescatase, entre semana, de las garras del alcohol. Y claro, ese borrachín, al día siguiente, con los bolsillos vacíos y dormido en la puerta de su casa (porque sus hijos no lo dejaban pasar) no recordará nada. El mensaje se ha perdido, entonces, queridos hermanos.

Hagamos cuentas: la música de este beodo cantante data de mediados de los setenta, busquemos entonces una película que él, en sus 10 minutos lúcidos de vida artística, escogiera para darnos el mensaje. “Operación Dragón” no podría ser, no me imagino ninguna escena que encaje a la perfección con “porque en las cantinas yo paro, matando una pena, matando un amor”, Bruce Lee, buscando al malo, entre espejitos, al oir la canción daría una patada peor que la de Jackie Chan. Entonces, seguimos buscando, y aunque cualquier escena de Gene Hackman en “French Connection” podrían coordinarse con “mentira, no soy un borracho, si tomo es de pena, yo soy hombre macho”, desistimos.
Ya cuando el desanimo y la desesperación hacían yaya en mi decaído espíritu, recuerdo una gran saga de la que fui fan acérrimo: "Star Wars", pero deberíamos pasar una y mil veces la escena en que Han Solo cree que Luke y Leia comerán perdices usando de fondo "la amé como a nadie en el mundo, pero ella se fue de mi lado, se marchó con otro se burló de mi". Y entonces podríamos dar por terminada la tarea.


Pero ni con esas damos por concluída la investigación, y desde esta tribuna (popular) invito (hago un llamamiento, dirían los políticos de mi barrio) a quien sepa algo del secreto de Guiller a que nos lo cuente, ya no para desentrañar el misterio, sino porque me mata la curiosidad.

viernes, enero 12, 2007

Bad habits


Dos soldados colombianos han sufrido graves quemaduras (creo que uno a muerto) por jugar a algo bastante estúpido: quemar algo al lado de alguien dormido y esperar a que este se despierte. ¿Hasta dónde llega la estupidez humana?
Tenía un primo que se divertía atando cohetes en la cola de su perro, Mamerto. Mamerto, fiel y cojudo al máximo, siempre volvía a casa después de su dueño lo castigara con esa infame travesura (que es más bien una putada), aunque, cada vez que se acercaban las navidades, el pobre perro huía de casa pero volvía a los dos días, magullado, sucio, apestando y con los ojos llorosos. No le habían enseñado a morder asi que no le quedaba otra que volver al suplicio con tal de asegurarse la comida.

Chumpi, mi amigo de infancia (ahora en el penal de mínima seguridad Sarita Colonia; un saludo Chumpi, si tienes internet en tu celda) coleccionaba cadáveres de pajaritos. Sí, macabro, y lo que es peor es que hubo un tiempo en que yo lo ayudaba a conseguirlos. Nos fabricábamos hondas de hule, y con un par de piedras nos plantábamos debajo de cualquier árbol, esperando a nuestra cantarina víctima. Cuando la veíamos llegar apuntábamos con la mayor concentración posible, “apunta a la cabeza” me decía el sádico “así si te desvías, al menos le das en el pecho”. A la voz de tres disparábamos y el ave caía medio muerta, seguramente víctima de una hemorragia interna, Chumpi saltaba feliz, y sanguinariamente victorioso y yo me lamía el dedo herido por culpa de la piedra que nunca llegó a despegar.

Yo, como mucho, me aficioné a cazar arañas en las siempre existentes telarañas del Callao. Era fácil. Cogía una paja de la escoba y me acercaba a la telaraña que más siniestra me pareciera, movía las redes como haciéndole cosquillas y a los pocos segundos salía, siempre de golpe, una araña que pensaba que ya estaba lista la comida. Mi intención era hacerlas pelear, pero nunca conseguí que se atacaran una a la otra, ni porque les construí un ring perfecto con una caja de fósforos, o les pusiera el soundtrack de Rocky II como música de fondo. Por eso, cuando descubrí su afán pacifista, me dediqué a alimentarlas: cazaba moscas dándoles un manazo cuando las veía volar cerca, y las dejaba aturdidas sobre la telaraña, esta vez las arañas sí encontraban comida y la llevaban lejos de mis ojos curiosos que nunca vieron lo que pasaba en la guarida. Hasta que se estrenó “Las dos torres”.

Por eso no entiendo a esos colombianos incendiarios, puede que se aburrieran en el campamento militar, pero, a mano, hay formas menos piromaniacas de divertirse. ¿no?

jueves, enero 11, 2007

Chateando con Arturo


Creo que yo te invité al gmail. No me acuerdo bien, aunque últimamente no me acuerdo bien de muchas cosas: comprar regalos en navidad, por qué empecé la descarga del unplugged de Ricky Martin, dónde está mi camiseta de Guns N Roses, y un largo etc. Ni siquiera me acuerdo de las cosas que no me acuerdo.
Por eso cuando apareció la oportunidad de chatear contigo, me lancé al vacío, sin más. Y las frases eran: “qué tal” ”cómo va todo” y eso.
Pasó mucho rato para que me soltara y empezara a preguntar por la gente de la universidad, a la que tú, por una casualidad geográfica, tienes más cerca, pero igual de lejos que yo en lo que a contacto personal se refiere. “qué sabes de Cody”, pos lo mismo que yo: nada.”Y de murphy”, que se chapó a tu hembrita (bueno, ex) con patadita a la luna y recitando el toromata-iii-toromata. “Me encontré con la china, en su piso de moratalaz”, ah, que bien. “Y París es muy bonito, y Madrid un poco menos”, yo busco un departamento en Lima, muy pronto.
Te cuento que a veces, me meto en el foro de la gente de sistemas, pero no conozco a casi nadie, sólo al pezuña, el camarón y uno que otro barbieri (que hasta para casarse se ponen de acuerdo), pero casi he perdido el contacto con lima-limeño-lima-limóm-lima-serrana-lima-provinciana-limaderecuerdos-limalahermanaaaa-provincianaaaa-aaahaaa (Mojarras), Solenne y yo pensábamos ir este verano, en febrero, y cambiar ya tanta playa limpiecita por un poco de cebiche con arena en Chilca; pero va a ser que no. Quizá después, como tú dices, antes vienes a mi matri, que yo al Callao. Queremos ir a emborracharnos en Barranco, antes un par de chelas en una peña criolla de Miraflores, y la rematamos con un caldo de gallina en Jesús María, o, mejor, en la avenida Perú, donde la tía brazo e’ popeye. Seguro que vería a Rubila y a Zunilda, y cuando Sol se descuide buscaría el teléfono de Shemi en la guía telefónica. Para que me shotee otra vez, y vuelva a los brazos de mi francesita queriéndola más todavía.

Un gran invento el gmail, y aunque a veces se cuele algún pesao’ (me incluyo en esa lista)…uy, te dejo que ha entrado Ana, y está más buena que tú.

jueves, enero 04, 2007

Año nuevo


Bailé en París, entre francesitas y tomando champagne gratis hasta que se acabó la última botella (yo la sequé) en el bar.
Había happy hour hasta las 9 y llegamos a las 7 y media más o menos, a las 8 estábamos sazonados y bailando con desconocidos, hay fotos, pero Raphäel todavía no me las manda. En una tengo a Marie recontra cogida por la cintura y fingiendo besarla, a Solenne no le hizo mucha gracia, pero sabía que era broma y nos reímos después.
Comí paté a la cotè hasta que mi hígado dijo no más, y después, a eso de las doce volvimos a casa, cuando faltaban tres paradas de metro, Solenne, Delphine y Marie bajaron a la volada (cuando se cerraban las puertas) y aunque yo dije “que haces, para” y Raphäel, “no, no, arréttez” siguieron su camino y ya después nos contaron que querían agua y en esa estación había una máquina expendedora.
Ya en casa, él me decía que no quería ir al chalet que habían alquilado en la sierra de Francia para recibir el año nuevo, nosotros ya habíamos cancelado nuestra reserva porque era muy cansado eso de viajar siete horas, llegar, cenar, bailar, y siete horas más de vuelta. Por eso Raphäel no quería irse, sobretodo cuando esa noche nos la habíamos pasado tan bien en el six seven (www.sixsevenclub.com/), donde si no tienes un Porsche o eres Vincent Cassel o Zidane, no entras un sábado por la noche.

Por eso, cansados de juerga, en nochevieja sólo cenamos fondue (y nos sosbró la mitad de la carne) y las 2 yo ya estaba dormido, feliz, porque mi nochevieja-juerga había sido el 28, bailando música de Elvis Crespo, sudando champagne y bailando con la que será mi esposa. En pleno Champs Elyssés.