jueves, marzo 18, 2010

Día 5: No me claves los puñales


Day 05 - A song that reminds you of someone.

Para no quedar mal con ninguna de mis tan queridas amigas, hoy usaré una canción que me recuerda a La Kika: "Flaca". La Kika le decía a todo el mundo que era un experto tocando la guitarra, y cuando se enamoró de la chica que hacía fotocopias frente a nuestra facultad me pidió que le acompañara a darle una improvisada serenata.

- Eso sólo pasa en las películas, idiota - le dije, pero él insistió.

Pero cuando estuvo frente a ella y recibió su mirada "Stuart Little" mi pobre amigo se vino abajo y la primera estrofa "Flaca, no me claves tus puñales, tan profundos..." le salió con la voz más aguardientosa del mundo mundial. La fotocopias (¿July?, ¿Lilly?) se descojonó y le dijo "Kika, aprende a cantar, oye", frase que hundió a mi amigo en la miseria por un periodo que sólo finalizó cuando se casó con Gaby. Cada vez que nos emborrachábamos, La Kika, botella en mano gritaba a los cuatro vientos (sin importar dónde estuviésemos) "¡CALAMARO, NO EXISTÍS!" para segundos después caer dormido sobre cualquier superficie. Ah, ¡qué tiempos aquellos!







miércoles, marzo 17, 2010

Dia 4: Por eso y muchas cosas más


Day 04 - A song that makes you sad

¿Era necesario? El mundo no necesitaba que, en época navideña, existieran los ¿villancicos? que te recordaran todo aquello que está lejos de ti cuando la gente se abraza (muchas veces abrazos hipócritas, pero abrazos al fin) en nochebuena. "Ven a mi casa esta navidad" debe ser, con diferencia, la canción navideña más triste que haya escuchado jamás. Su efecto es tal que me deprime incluso si la escucho sentado en chiringuito playero, con una cerveza fria en la mano y viendo a un par de gemelas pelirrojas (en topless) jugando al ping-pong.


"Tú que estás lejos, de tus amigos,
de tu tierra y de tu hogar..."

Recuerdo una nochebuena en que Antonio puso la cancioncita de los cojones en mi casa, y cuando mi cuñada empezó a llorar, una voz retumbó por todo el salón. Era mi madre que gritaba "¡Apaga tu huevada, mierda! que nos jodes la navidad". True History.

martes, marzo 16, 2010

Dia 3: Good night my baby


Day 01 - Your favorite song
Day 02 - Your least favorite song
Day 03 - A song that makes you happy

La canción que me sube la moral, siempre, es "Wouldn't it be nice" de The Beach Boys. La primera vez que hice que Rafa la escuchara me miró perplejo y dijo "no me imagino la playa ni a rubias corriendo en bikini, pero mola".

Wouldn't it be nice if we could wake up
In the morning when the day is new
And after having spent the day together
Hold each other close the whole night through.

Eso es todo lo que un romanticón perdido pide en la vida, isn'it?

Con esta canción se abre el que para muchos es el mejor album pop de la historia, y su compositor, Brian Wilson decía de ella que no era una canción sino una declaración de intenciones sobre todo lo que un hombre no tenía (¿él?) y ansiaba tener. Aún así, el hecho simple de levantarse por la mañana y que lo primero que desees es volver a dormir con la persona que tienes al lado me llena de energía. Sí, definitivamente, esta es la canción que me hace feliz. Buen rollito.


lunes, marzo 15, 2010

Día 2: Kyokooooooooooooooo



Day 01 - Your favorite song

Day 02 - Your least favorite song

Elegir esta canción no fue nada fácil, y si en mi primera elección no abundé en detalles (porque esa canción me gustaba y punto) ahora sí me explayaré un poquito más.

"Don't worry, Kyoko" es una ¿canción? que se grabó en una Jam Session de las tantas que solía hacer John Lennon en New York con su Plastic Ono Band. Más que una canción era un lamento de parte de Yoko hacia el mundo por no poder encontrar a su hija Kyoko, desaparecida años antes en manos de su padre. Si Yoko no hubiera abierto la boca, esta sesión hubiera sido genial, casi tanto como la mítica grabación de 30 minutos del "Helter Skelter" que hasta ahora no ha visto la luz. Pero no. La señora tenía que abrir la boca y cagarla.

La cagada fue tan grande, que cuando la escuché por primera vez (imagino que a muchos les ha pasado) quise darle al botón skip de mi reproductor, pero era un programa de radio y lo único que pude hacer para salvar mi oidos y no estrellarme en plena avenida Menéndez Pelayo fue cambiar de emisora. Cuando escuchen (si se atreven) los alaridos de Yoko entenderán muchas cosas: porqué The Beatles no la querían en el estudio, porqué no he puesto en esta posición "Macarena" de Los del Rio, o quizá, si nos ponemos ya más perversos, por qué su ex huyó dejando atrás a Yoko, y Kioko dijo "papi, llévame contigo que esta loca grita como si la estuvieran despellejando viva".



domingo, marzo 14, 2010

30 day song challenge. Dia 1: I'm so happy.


Day 01 - Your favorite song
Day 02 - Your least favorite song
Day 03 - A song that makes you happy
Day 04 - A song that makes you sad
Day 05 - A song that reminds you of someone
Day 06 - A song that reminds of you of somewhere
Day 07 - A song that reminds you of a certain event
Day 08 - A song that you know all the words to
Day 09 - A song that you can dance to
Day 10 - A song that makes you fall asleep
Day 11 - A song from your favorite band
Day 12 - A song from a band you hate
Day 13 - A song that is a guilty pleasure
Day 14 - A song that no one would expect you to love
Day 15 - A song that describes you
Day 16 - A song that you used to love but now hate
Day 17 - A song that you hear often on the radio
Day 18 - A song that you wish you heard on the radio
Day 19 - A song from your favorite album
Day 20 - A song that you listen to when you’re angry
Day 21 - A song that you listen to when you’re happy
Day 22 - A song that you listen to when you’re sad
Day 23 - A song that you want to play at your wedding
Day 24 - A song that you want to play at your funeral
Day 25 - A song that makes you laugh
Day 26 - A song that you can play on an instrument
Day 27 - A song that you wish you could play
Day 28 - A song that makes you feel guilty
Day 29 - A song from your childhood
Day 30 - Your favorite song at this time last year

Comenzamos entonces, no sé por qué coño he caído en este reto, ni cómo; pero ya que estoy pienso hacerlo a lo grande. Mi canción favorita de todos los tiempos es y será "Lithium" de Nirvana (sorry, John&Paul, "Happines is a warm gun" es la segunda). Esta canción realmente me volvió loco desde el primer día, me hizo querer enterrar todos mis discos de Luis Miguel y la frase "I'm so happy, 'cause today I've found my friends...they're in my head" me parece brutal, tanto para empezar una canción, como para la vida misma. :)





sábado, febrero 27, 2010

Conversaciones chez Tony


- Mola la vida de rico - dice Iván mientras mira por sus gafas Hilfiguer el espejo retrovisor de su BMW, antes de aparcarlo frente al Golf Park de la Moraleja Green.
- ¿Todo el día jugando al golf? - pregunta Jorge - Yo preferiría estar en Bellagio, jugando a los dados.
- No - responde Iván - no jugando al golf. Ser rico significa que alguien te pregunte "¿qué vas a hacer hoy" y tú respondas "Hoy me voy a tocar los cojones de a dos manos, después me voy a jugar al golf, pero poco, porque por la tarde me tengo que cepillar a una modelo, twice, y luego, por la noche, tengo que ir a la fiesta de su prima, que está más buena para cepillarmela también". Eso es ser rico.
- Esa es la vida de Flavio Briatore - susurro, pero creo que nadie me ha escuchado.

Entramos al Tony Roma's y pido una mesa para siete. Me pillo la silla al lado de la ventana una vez que las chicas han llegado. Yo, a tu verita, me dice la becaria, que tiene a Jorge babeando. Él hace un esfuerzo de velocidad y se sienta frente a ella. Iván y yo buscamos un vídeo de John Cobra en su Iphone mientras Natalia pide que bajen el toldo porque le molesta la luz del sol. Estefanía no ha llegado aún, se ha quedado buscando no se qué en Zara.

- Me he leído la autobiografía de Nacho Vidal - suelta Jorge, así sin venir a cuento, Iván y yo le lanzamos la mirada de "shut up, asshole", pero el tío sigue lanzado: - no sólo se dedicaba a hacer pelis porno, también ha sufrido mucho.
- ¿La tranca de Mataró? - pregunta Iván - mmm, sí, cepillarse a dos mil pibas es mucho sufrimiento.

Estefanía llega con sus compras y pregunta de qué hablamos. "De trancas" le responde alguien.

- Ah, ¿ya sabéis entonces lo de Elena? - dice, concitando el interés general.
- No - respondo - ¿qué pasa con ella?
- Que ayer en la comida nos contó que tiene un amigo, o sea, un amigo de su novio, al que no le para de crecer el...ya sabéis....el pene.
- ¿Qué? - preguntamos los tres tíos, al unísono.
- No creo que Elena estuviese hablando de un amigo de su novio - añade Natalia.
- ¿Entonces? - pregunta Estefanía, que es más inocente que Hello Kitty.
- Pues de su novio mismo, niña - responde la becaria, y tira por los suelos mis sueños de competir por las caricias de Elena. No puedo competir contra una tranca de crecimiento interminable.
- Eso tiene que ser mentira - digo.
- Sí- me ayuda Iván - no os creáis todo lo que se dice en las comidas.

Llegan unas alitas barbacoa. Cuatro hamburguesas, una pechuga de pollo, ensaladas asquerosas, tres cocacolas una fanta y una botella de agua que Natalia pidió para Iván sin que éste la autorizara, "a ti te gusta el agua" le dijo, y el pobre no tuvo fuerzas para responder.

- O sea - retomó Natalia - ¿no debemos creernos tampoco lo del ranking de "la más buena de la empresa" que hicisteis en la cena de navidad?
- Sí, sí. Eso -dijo Estefania, monísima.
- Hombre, el primer puesto está claro - dijo Jorge, fanático de los harakiris- y no está en esta mesa - llegó a mi mente una imagen compuesta de piernas envueltas en nylon y el espejo de mi coche volando hecho pedazos.
- ¿Cómo? - gritó Natalia - eso no es justo. Nosotras también vamos a hacer un ranking.
- No se puede -dijo la becaria - sólo hay un tío bueno - Iván y yo nos miramos; yo sabía que hablaban de él. Y él, estoy seguro, pensaba lo mismo -, no se puede hacer un ranking con tan poco material.
- Eso es sexista chicas - solté - no somos piezas de carne - y volví a mis alitas barbacoa.
- ¿Y vuestro ranking no? ¿No te jode?- soltó alguien.
- De todas formas, con todas puede uno tener algo - dijo Jorge, desde el fondo del lodo, y toda la mesa lo fulminó con la mirada. Pobre.

La becaria cortaba su hamburguesa con precisión de cirujano, y sólo por joder, le pregunté si estaba buena su carne. Me dio a probar un trozo y a Jorge casi se le cae la cocacola. Iván me miró como diciendo "tío, no seas cabrón,que el chaval se lo está currando".

- Olvidemos lo del ranking chicas- pedí - sabéis que todas tenéis alguna parte de nuestro corazón.
-Qué bonito te ha quedado eso - me susurró la becaria, y le regalé una sonrisa.

Llegó la cuenta y Jorge insistió en pagar la cuenta de la becaria de la mejor manera que puede existir: "yo gano más dinero que tú, así que déjame pagar". Natalia corroboró el hecho. Nos despedimos en la puerta del Tony Roma's y cuando las chicas iban todas juntas a buscar el coche de Natalia les grité:

- ¡Hasta luego, "número 6", "número 12" y "no clasificada"! - y ellas fingieron no escucharme.

lunes, febrero 08, 2010

Hambre de tí.


- Pregunta: ¿Si estás muy desesperado, te follas a la fea de la empresa? - suelta Hugo, así, sin venir a cuento.
- Define desesperado - respondo.
- Sí, o sea, desesperado en plan "no me comido nada en meses" o desesperado en plan "llevo seis cubatas y me como lo que sea" - añade Roberto, en plan filosofal.

El garito tiene poca luz y el humo invade mis ojos operados como astillas de metal. La camarera está buena, tiene pinta de rusa o ucraniana. También tiene pinta de que no me haría caso ni aunque tuviese un Boxter en la puerta.

- ¿No es lo mismo? - pregunto - si estás desesperado, estás desesperado.
- No - responde Hugo - si estás borracho, te follas a lo que caiga, sí, pero tu estómago aún te frena de cometer de un crimen. Si llevas varios meses en sequía, te follas hasta las cabras.
- Gran respuesta - dice Roberto, borrachísimo, y levanta su mojito - brindemos por las tías feas que nos follaremos en tiempo de gran depresión.

Brindamos todos, y yo, idiota, me bebo el mojito de un solo trago y ahora tengo que ir a la barra a pedir más. La rusa-ucraniana ni me mira cuando le pido tres mojitos más, sólo me dice que son 21 euros y yo le alargo mi BBVA platino, para hacerme el interesante. Esas tetas no pueden ser reales, pienso, mientras llega mi pedido. Desde la barra veo a Roberto bailar haciendo el robot, y diez metros más allá una pareja de lesbianas lo encuentra increíblemente divertido. Aplauden.

-¿Entonces? Me tengo que follar una fea, según tú, porque llevo varios meses de sequía.
- Claro - responde el gran filósofo - además las feas son las que mejor follan, tío. Son las más agradecidas, ¿no ves que creen, siempre, que será la última vez que alguien las toca?
- Brindo por eso también - grita Roberto, ya pedo, y le gana en voz a Rihanna por unos segundos - ¡por las feas agradecidas!

El antro tiene una zona vip y dentro bailan seis chicas (cañón) que parecen celebrar el cumpleaños de alguna. Es extraño verlas desde lejos, me siento como cuando voy a la tienda de Hugo Boss y me gusta todo pero no me puedo comprar nada. Una morena de vestido rojo (a punto de explotar de satisfacción) mueve el cuerpo al ritmo de los Black Eyed peas y yo sé que tonight is gonna be a good-good-night, para algún otro que no soy yo

- Yo me follé a la fea de la empresa - confiesa Roberto, después de levantarse del suelo - y es cuestión de imaginarse que es un pibón y ya. Eso sí, tenía más pelos en la espalda que yo.
- Asqueroso - digo y bebo mojito para pasar el mal trago - tas pasao, tío.
-¿Que me he pasao? Y espera a que te cuente lo que hacía con la lengua, colega.
- Déjalo, tronco - suelta Hugo - que acabo de comer alioli y no quiero que me siente mal.

Salimos juntos del bar varias horas después, y Roberto entra a duras penas en el único taxi que lo acepta. Hugo y yo subimos hacia Cibeles a buscar el bus nocturno y de camino me confiesa que él también se tiró a la fea de la empresa, en la última cena de navidad. No está tan mal, tío, dice, es como comerte un yogurt caducado, nadie se ha muerto por hacerlo. Asiento preocupado por el símil que acabo de recibir y subo al bus que está a punto de dejarme tirado. Descubro en el móvil que tengo dos llamadas perdidas de María (la fea de mi anterior empresa) y me digo a mí mismo que tienen que pasar más de mil años, muchos más, para que allá, tal como aquí en su boca lleve ya, sabor a mí.
Prefiero matarme a pajas
, me digo, elimino su número de mi teléfono y bajo del bus resignado al celibato forzoso. Soy pobre, pero honrado.

jueves, enero 28, 2010

Bvlgari


ACTO I

Él y ella entran al locutorio, dos búlgaros los miran sin mucho interés. Hablan (en búlgaro):

- Joder, ¡qué sosos se les ve!
- Sobretodo a la rubia, tiene pinta de estirada.

Se acercan entonces al punto convenido previamente. Se sientan como si fueran a disputar una partida de mus.

EL: Al grano, queremos que le partas las piernas a un menda.
ELLA: Las piernas, y la cabeza también.
BULGARO 1: Eso es otro precio (con acento Dimitri/Darek) cabeza, más trabajo que piernas es.
BULGARO 2: Si, si, más trabajo.
EL: Bueno, por pasta no vaser. Tú le partes la cara y ya luego me pasas la factura.
ELLA: Y a ella le rapas el pelo. Que me ha dicho que le encanta su pelo.
BULGARO 1: ¿Pelo? (en búlgaro)
BULGARO 2: Ya, si te dije que estos eran tontos del culo.

Un marroquí entra en escena y pone sobre la mini mesa una cocacola caliente y un kebab. Los búlgaros asienten.

EL: A ver si asi se le quitan las ganas de regalar Cd's de mierda a la novia de otro.
ELLA: Ya, eso siempre lo hace. Pero la tuya no se queda atrás con sus sonrisitas y su culito bien marcado en sus pantalones. Que éste no habla de otra cosa.
EL: No nos metamos en jardines...que estoy hasta la polla de escuchar que tengo que bailar salsa, salir más y ver pelis en versión original. ¡Venga coño!
ELLA: Ya, y yo ser más cariñosa, y volver a mi color de pelo original y blablaba. Pero tienes razón, tenemos que estar unidos en esto.
BULGARO 2: 200 euros.
BULGARO 1: 300, y corto pelo a los dos.
MARROQUI: ¿Quién paga kebab?

ACTO 2

Una habitación de hotel frente a una playa de Essaouira. Edward está sentado con un vaso de whisky en la mano, Bella reposa sobre su regazo leyendo el Marie-Claire.

EDWARD - Al final vinimos los dos, solos a este viaje.
BELLA - ¿Te arrepientes? Aquí se está bien.
EDWARD- No, no me arrepiento. Aquí se está de putamadre.
BELLA - Además, en esta época del año, hace bueno y aquí no hay ni Peter.
EDWARD - (riendo) me encantas, te salen las cosas tal cual. "Ni Peter", qué gran frase.

Entra en escena la camarera, trae periódicos de España y un zumo de frutas.

BELLA: Merci.
EDWARD: Zumo, perfecto (bebiéndolo de golpe) me viene perfecto después de correr como un mongolo por la playa.
BELLA: El footing hace bien, es la polla.
EDWARD: Creo que esa frase es de Dickens.
BELLA: Qué tonto es (riendo. Juega con su pelo)¿La echas de menos?
EDWARD: Siempre (ojeando el periódico) y tú a él también.
BELLA: Sí, pero me la estoy pasando de putamadre.
EDWARD: Y yo, hace mucho que no me divertía tanto. ¡Anda! (sorprendido) ¡Han dado una paliza a una pareja en el barrio!
BELLA: ¡No jodas! ¿está en el periódico?
EDWARD: Sip, iban en un coche igualito al mio.

FIN.

miércoles, enero 20, 2010

¡Aleeeti!


Quiero ir esta noche al Vicente Calderón.
Hace exactamente una semana (he dejado pasar ese tiempo para recapitular y contar correctamente lo pasado) asistí a uno de los eventos más emocionantes de mis últimos tiempos. El Atlético de Madrid llevaba una racha de malos partidos que, a los románticos del fútbol, nos tenía preocupados. Y es que el Aleti no es un equipo de grandes estrellas, no es el Madrid o el Barça, es un equipo de barrio cuya mayor gesta data de hace ya más de 10 años, cuando ganó la Liga y la Copa del Rey. De ese equipo tuvo que huir Fernando Torres para poder convertirse en el jugador que es hoy, y cuando llegué a España lo encontré en segunda división. Y hacia allí apuntaban hace unas semanas.

El Aleti había perdido 3-0 en Huelva, contra el Recreativo y tenía que meter 4 goles sin recibir ninguno para pasar a la siguiente fase de la Copa del Rey. Nadie creía en ellos, pero yo tuve un feeling y compré dos entradas para el partido. Era miércoles por la mañana y llamé a Sol para decirle que no quedara con nadie esa noche, que nos íbamos a ver al Aleti, offro io, tú sólo preocupate de ver cómo llegar al estadio desde casa.
Llegamos en metro hasta Pirámides y al bajar del vagón me extrañó que no hubiera nadie más con ganas de fútbol. Nuestros únicos compañeros eran una viejecita dormida y dos dependientas de Zara que hablaban de qué tan monos eran los zapatos de la nueva colección.

- ¿Para ir al Calderón? - pregunté en la taquilla del metro. Y la amable mujer que estaba al otro lado del cristal me señaló con la mano derecha que debía salir y caminar buscando el río Manzanares.

Tampoco había nadie en la calle. En los bares, veían el partido del Barça contra el Sevilla que acababa de empezar y que terminaría con los catalanes eliminados. Sol y yo llegamos hasta el estadio con el temor en el cuerpo y sólo para comprobar la humillación de que yo, romántico del fútbol me había equivocado de día y la puerta 32 por la que deberíamos haber entrado estaba cerrada hasta el jueves, día real del partido.

- Me siento gilipollas - dije, subiendo hacia el metro.
- Espero que la mujer de la taquilla no se burle de nosotros - respondió Sol.

Al día siguiente cambiamos el recorrido y subimos en Renfe. Ahora sí que había más gente Alética, con bufandas, gorros y camisetas. Una rubia enfundada con la número 7 me recordaba a Forlán, pero con tetas. Dos paradas de tren después, nos unimos a la masa y entramos en el estadio con el mayor de los nerviosismos.

- Tienen que hacer cuatro goles. Con que caiga el primero en los primeros cinco minutos, se encarrila la cosa.

Nos sentamos al lado de una pareja de hinchas en la que ella llevaba la voz cantante: échale huevos, Aleti échale hhuevos, éeeechale hueeevos, Aleti éeeechale hueeevos. Unos okupas llegaron de la nada y se sentaron en las escaleras con una barra de pan duro y jamón en bolsa, aplaudiendo cuando el equipo salió a la cancha. No, pensé, definitivamente éste no es el Santiago Bernabeu.

A poco de comenzar el partido el Aleti ya iba 2-0 arriba y mientras yo gritaba ¡Vamos Diego, con huevos! y me quedaba maravillado con la forma de cubrir la pelota que tiene el Kun Agüero, algunas chicas mandaban besos a Forlán. El primer tiempo terminó con un claro 3-0 que se transformó en un 4-0 apenas comenzó el segundo tiempo. Todo era felicidad, no me importó pagar 2 euros y medio por una lata de cerveza de indigente (Laiker) y Sol y yo nos sentíamos parte de una remontada histórica.
Hasta que Asunçao la cagó.
Primero se sintió Baresi y terminó como Perea. Gol del Recre, el Aleti estaba eliminado. Minutos después recibe la segunda tarjeta amarilla y deja a su equipo con 10. Yo (y 30,000 personas más) ya pensaba cómo encontrarlo al final del partido para romperle las dos piernas. Fueron veinte minutos de angustia total, en que (no, eso no pasa en el Bernabeu) todos animamos al equipo cantando, saltando y moviendo bufandas y banderas. Me sentí en Matute, y Alianza Lima buscaba desesperadamente el gol.

Cuando faltaban menos de diez minutos y ya muchos estábamos resignados a volver a casa con la derrota en los labios, el árbitro cortó una jugada de gol del Kun señalando un tiro libre. Simao colocó la pelota y todo el estadio apretó los esfínteres hasta el infinito y más allá. Muy a la derecha, pensé cuando salió el disparo. Por suerte, me equivoqué y un segundo después estaba gritando el gol con todas mis fuerzas.

- ¿Eres del Aleti? . me preguntó mi jefe al día siguiente en el ascensor.
- No, sólo soy un romántico del fútbol - respondí.

La sonrisa de satisfacción me duró un par de días más.

jueves, diciembre 31, 2009

El primero


Tatiana suele dejar una pregunta en el aire al final de cada post de su blog. Yo la haré al principio y la contestaré en nombre de los tres gatos que me leen: El 1 de enero, ¿existe?

Yo creo que no. O sea, antes sí existía y me encantaba. El 1 de enero mis amigos y yo solíamos salir a patear (literalmente) las calles de nuestro barrio buscando algún residuo de pólvora de la noche anterior. Mesplico: en Lima, en los barrios populares mayormente, quemamos muñecos en representación del año que se va. Esos muñecos al principio estaban hechos con ropa vieja que ya no se iba a usar, pero con las eternas crisis económicas peruanas, el relleno pasó a estar conformado de periódicos, paja y basura. Y los más osados -(aquí viene la explicación:- colaban entre despojo y despojo arsenal pirotécnico en forma de cohetes calavera, ratablancas, y silbadores. Era espectacularmente peligroso salir minutos después de las doce y ver el barrio lleno de espantapájaros que se resistían a la muerte cuando un brazo, una mano, o la misma cabeza salían desprendidos después de una sonora explosión.
El 1 de enero, entonces, los que no estábamos borrachos (niños, casi siempre) rebuscábamos entre las cenizas algún cohete con el que sonorizar la primera mañana del año nuevo.

Cuando llegué a la adolescencia, el 1 de enero se empezó a difuminar. Casi siempre estaba tan cansado después de las fiestas de Pepito que me quedaba en casa viendo algún capítulo de los Thundercats o destruyéndome el hígado con el chocolate sobrante y el panetón de la noche anterior. Creo que la primera vez que el 1 de enero desapareció de mi vida fue en 1994. Esa noche, Mili me insinuó (o yo leí mal entre líneas, cosa que hasta ahora me pasa) que quería que me quedara con ella en casa, en su cama para ser más exactos. Mis amigos seguían bailando al ritmo de 2-Unlimited mientras yo, con una botella de champagne que robé del mini-bar, me escabullí hasta la habitación de mi presa con gran sigilo. Pasadas las tres de la mañana, y cuando ya el sonido de mis tripas superaba al ardor de mis gónadas, entró Mili en la habitación y al verme ahogó un grito de angustia. No lo debió ahogar muy bien, porque segundos después su viejo llamaba a la puerta preguntando ¿Qué pasa Mili, todo bien?

- Todo bien, - dijo ella, mientras me indicaba con señas que me escondiera debajo de la cama. Cosa que hice on the fly.
- Me pareció que gritabas.
- No, no. Es que me golpeé con la mesita de noche, nada más.
- Abre - ordenó. Y ella, quinceañera obediente, abrió la puerta.

Su viejo me buscó por casi toda la habitación. Pero por suerte tenía un problema de espalda que le impedía agacharse. Esa noche dormí con Mili, sí, pero ella en la cama y yo debajo, como un calcetín olvidado y sucio. Al día siguiente su viejo no salió ni a comprar el periódico y me tuve que quedar escondido hasta el 2 de enero. Cuando volví a casa mamá acababa de despertar de la juerga y ni siquiera había notado mi ausencia.

Ahora, definitivamente, el 1 de enero ya no existe. La juerga solía ser en Francia, pero, como a Vargas Llosa, a mi también me han cansado un poquito los franceses y este año decidí quedarme en Madrid. Las nocheviejas anteriores me dejaban muy mal y el primer día del año me la pasaba de la cama al sofá, del sofá a la cama, de la cama a la mesa, y de allí de vuelta a la cama. Alguna vez me dormí sentado en el baño. Mi año, desde el 2006 comienza el 2 de enero. Hoy tengo fiesta en casa de mi tía, no sé si disfrazarme de Michael Jackson o ir tal cual soy (la classe), sólo espero pasarlo bien sabiendo que, mañana, la luz del sol no existirá, seré un vampiro total y mi máximo esfuerzo será leer cuatro páginas de algo o ver dos capítulos de cualquier mierda. Comenzaré el 2010 con ganas y a partir del 2 de enero volveré a ir al gimnasio, terminaré de escribir mi novela, etc, blablabla.
Happy new year, losers.

lunes, diciembre 14, 2009

Je te Kiffe (a donf!)


- Odio a este tío, o sea, no lo odio - pienso: decídete, oye - pero es que no sabe lo que quiere.
- ¿Por? - digo, pero pienso: acaba ya de hablar que me cago de frío.
- Es que sabía que me iba a caer, ¿ya? era obvio ¿no?
- Sí, sí. Era obvio. ¿Pero te gustaba no?

En Lima, oscurece de forma muy extraña (lo he vivido en Segovia, también), puedes estar caminando tranquilamente, viendo al sol perderse entre las nubes, y de golpe, al doblar la esquina, te encuentras con la noche. Más de una vez (en Segovia también) estuve tentado a volver sobre mis pasos hasta allí donde todavía, en mi imaginación, era de día.

- Sí, pero la cosa es que es un fifone.
- ¿Cómo fifone? - vuelvo a mirarla a los ojos por un segundo, antes de retomar mi búsqueda de un taxi que me haga escapar - sabes que mi italiano va justito.
- Fifone - repite, con su encantador acento romano - un cobarde. Un cagado. A mí me gustan los tíos que me entran, no los que se quedan dudando si entrarme o no.
- Pero, ¿para qué quieres que te entre? - putos taxis, todos pasan llenos y Lima está cada vez más oscura - ¿no estabas saliendo con el musculoso ese?
- Sí.
- ¿Entonces?
- Y soy feliz. Estoy servida, no quiero problemas.
- No entiendo nada. Si lo vas a rechazar, ¿para qué le das bola? Eres una calientahuevos, flaca.
- Un poco.

Al fin para un taxi asqueroso con su lucecita verde. Pienso: ya es hora de que me largue, aquí no voy a sacar nada de provecho. Abro la puerta y me meto como si fuera un superstar perseguido por mil fans hambrientas de sexo o de un mechón de mi negro pelo. Voy contigo, dice, y pienso: ¿para qué, si no vas a dejar que te toque las tetas?

- Así que por eso estoy aquí contigo - dice, acomodándose el pelo lo mejor que puede - dejé al idiota ese bailando con Silvia.
- Asquerosa.
- ¿Silvia?
- También.

El chofer mira por el espejo a las piernas de mi amiga. Yo me despatarro en el asiento buscando una idea en mi mente. Algo que sirva para que esta tía se calle de una vez, o se baje del taxi en marcha. Lima está ahora llena de neblina (¿Qué hora es? ¿Las 3 de la mañana? ¿O las cuatro?)

- Yo no entro a las tías cuando sé que no tengo nada que ganar.
- Ya pero éste no es como tú.
- Ya. ya sé, es un poco más....
- Schifoso.
- Tampoco tanto - pienso: bien, ya estoy llegando a casa- pero sí es un poco barriobajero. Por eso se ha acoplado tan bien al grupito ese de los lacras.

El taxi para en un semáforo y le digo que está bien, que allí me quedo. Bajo, y cuando me voy a despedir, ella baja también. Pienso: ¿para qué?, si no quieres nada conmigo ¿no? Cruzo corriendo la calle con el semáforo en rojo. No sé por qué corro, no hay nada de tráfico a estas horas de la madrugada. Ella corre detrás de mí, espérame, grita, así me dejas cerca de casa. Hace frío y ella empieza a temblar. No me voy a quitar el abrigo ni loco, la abrazo y se queda más tranquila.

-Si nos viera así mi novio no sé que pensaría.
- ...
- ¿Qué pensaría tu novia, si nos viera caminar así?
- No sé nunca lo que piensa, menos aún lo sabría en esta situación.

Llegamos a una esquina desde donde se ve su casa. Hay un parque de niños, congelado. Un gato juega entre los columpios. ¿Sabes qué vas a hacer ahora? pregunta, y yo me encojo de hombros, mirando al infinito. Te vas por ahí, y llegas a tu casa súper rápido. Le contesto que no, que me voy por la otra calle mejor, y la dejo ahí parada. Cuando llego a mi puerta y abro con mis llaves del Señor de los Anillos siento al fin el alivio que tanto buscaba. Me tiro en la cama y pienso: mierda, al menos tendría que haber hecho que pagara la mitad del taxi.

miércoles, noviembre 18, 2009

Suerte, que mis pechos son pequeños


Mamá decía que pisar la caca de un perro era un inequívoco augurio de buena suerte. "Uy, qué suerte, hijo" soltaba cada vez que yo, torpe como un pato, pisaba cacas de todos los colores por las calles mi barrio. Yo no le veía la gracia, y la única "suerte" que obtuve del destino fue que el heladero que me atropelló no dañara ningún órgano vital.

Caminando por Sevilla (25 años más torpe que entonces) pisé dos kilos de caca de caballo. Mi pie se hundió en una hedionda masa verde claro que me dejó perfumado para el resto del día. Siguiendo la teoría de mamá, debería ser ahora rico y suertudo. Pero la realidad es bien distinta.

La semana pasada la grúa municipal se llevó mi coche. Lo supe al final del día cuando más ganas tenía de volver a casa. Estefanía me decía "venga, hombre, no hagas bromas" y yo le repetía que no, que no era broma, que allí estaba mi coche y ahora había desaparecido. Tuve que recogerlo en el depósito municipal de Alcobendas previo pago de 111 euros, y tras esperar que una maruja terminara de soltar todo su arsenal de excusas para intentar justificar el hecho de haber dejado el coche bloqueando la salida de los bomberos. "Pague primero, y reclame después" le dijo el tipo del depósito municipal. Yo ni siquiera intenté justificarme. Pagué, saqué mi coche y volví a casa con 111 pavos menos. Quinta rotonda a la derecha, me gritó el hijoputa, sales directo a la de Burgos.

Llegué a casa y para consolarme, quise ver el One Night Only, de Ricky Martin. Un concierto en el que todavía se ven de fondo las torres gemelas, cuando Ricky era famoso. El vídeo no funcionaba, mi DVD se colapsó y mi tele perdió los canales de la TDT. Me cagüen tus muertos, Ricky. Quiero seguir con la onda latina y pongo mi disco "Mended" de Marc Anthony, a la altura de la pista 7 el disco se queda pegado y el láser hace que la voz de Marc suene como si su ex mujer lo estuviera estrangulando. Salgo volando de la ducha y resbalo, caigo de boca sobre la fregona y me trago algo que me raspa el esófago. Pido cita en el médico para el día siguiente, me he tragado no se qué...y duele. El seguro privado no pregunta y me garantiza asistencia completa en una de las mejores clínicas de Madrid.

Me alimento con líquidos durante todo el día siguiente y cuando creo que la cosa va tomando forma, salgo sonriente de la oficina y Elena me pide que la lleve a casa. Ok,vecina, le digo, y miro de reojo su falda blanca y sus piernas de 22 años envueltas en nylon negro. Subimos al coche y cuando ella estaba hablando no sé de qué, me distraigo, la escucho gritar y un segundo después mi espejo derecho sale disparado tras chocar con la puerta de un coche gris. Por el espejo retrovisor veo a un viejo que hace aspavientos. Me quedo petrificado, preguntándome ¿qué pachó? Elena baja hecha una fiera y se come vivo al viejo que, cuando bajo yo, ya tiene preparados los papeles del seguro y firmamos un parte amistoso. Lo siento, Elena, le digo, no sé qué me pasa esta semana.
La dejo cerca de su casa y llevo el Kia tuerto del ojo derecho al taller. 160 euros, me dicen, sin anestesia. Saco mi tarjeta de crédito y pago, pensando que mejor me olvido de las Ray-ban aviator que me quería comprar, y que Nadia me había dicho que me quedaban trés bien.

Suena una alarma en el móvil que me recuerda que mi hermanito ha inaugurado ya su academia de baile, con los chicos del programa "Fama" como profesores estrella. ¡Al fin una alegría!, pienso, pero al llegar me cuenta, desesperado, que los obreros no han terminado de instalar dos máquinas de aire acondicionado, que la mesa de sonido no era la que ellos querían (porfa, tráeme tu equipo de música) y que una profesora de Fama se ha desmayado en plena clase de Funky-Sexy-Style-Forever-Maybe. Salgo corriendo de la escuela y desmonto el mueble del salón que tanto le gustó a Arturo cuando estuvo en Madrid, para poder quitar el equipo, los altavoces, y un tocadiscos con mp3. Cuando estoy metiendo las cosas en una mega-bolsa, me llega un SMS de mi hermano que más o menos es así "prf, trm tmbn Cds d Salsa, q l prf d rtms ltinos no trjo musik".
Asumo, con dudas, que quiere música, pero sólo encuentro un disco de Roberto Blades.

Cuando al fin termina la inauguración vuelvo a casa.Muerto, abro el buzón de correo y encuentro el CD doble "Bowie at the Beeb" que había comprado en ebay quince días antes. Lo escondo debajo de la camiseta, temeroso de que se volatilice como pasa con las cosas que no alcanzo a conseguir cuando estoy soñando (mi Ford Mustang, bailar con Michael Jackson, Vero, etc.) Me meto en la cama y cierro los ojos. Me duermo al instante. Sueño con mi madre, que va por Sevilla pisando mierdas de caballo y sonriendo como una loca, a la vez que dice "ven hijo, ven, que esto, fijo que da suerte", y yo, desde lejos, le grito: ¡LOS COJONES! y huyo con mi Cd de Bowie por las calles del barrio de Santa Cruz.Cursiva

miércoles, septiembre 09, 2009

Jingle Bells


Edurne entró en el bar borracha y con un gorro de papa noel del que colgaban dos trenzas blancas. Lucio y yo colgábamos de un par de cubatas y la vimos venir hacia nosotros con el mismo pavor que se ve venir a los toros desbocados.

- Menos mal que no la hablo - dijo.
- Yo creo que ella no lo recuerda, brother.

Mama Noel lo rodeó entonces con el brazo y yo aproveché para escapar por debajo de sus patas delanteras. Ole. Me uní al grupo que formaban las chicas del departamento de quejas y por un tiempo indeterminado disfruté de la fiesta. Bailé dos canciones de Camilo Sesto, una de technotronic y Paquito el Chocolatero. Cuando Ana me preguntaba en su español alcoholizado si yo era filipino y Marta me decía que mi mano no estaba precisamente en su espalda Lucio volvió con la confusión en su rostro.

- Dice que olvide el pasado tronco. Que ella siempre ha querido ser mi amiga.
- Pues nada - respondí viendo de lejos a Sonia, que acababa de entrar - hagamos amigos, amigos, amigos, cada día más amigos.
- No sé, chaval, esta gorda no es de confiar.
- Entonces, no confíes.
- Ya, pero es amiga de Isa. Y si ella me odia, Isa también, y yo quiero seguir siendo amigo de Isa.
- Porque está buena.
- También, no te digo que no. Pero más porque es buena tía.
- Y tiene buenas peras.
- Ahí le has dao', cabroncete.

Edurne volvió a colgar sus 90 kilos sobre Lucio y le dio dos besos que sonaron como dos explosiones. No pude evitar abrir los ojos al máximo, tanto que Ana pasó a mi lado y dijo ya no pareshesh filipinou. Edurne, creyendo que yo estaba celoso ante tamaña muestra de cariño me atrapó entre sus rollizos brazos y me dio dos besos también (uno en cada mejilla) que me hicieron sentir como un becerro recién nacido. Isabel, que veía la escena desde lejos levantó el pulgar hacia nosotros y yo me di cuenta de que el frío navideño había despertado sus pezones y éstos estaban a punto de atravesar su camiseta.

- Hola guapo - dijo Sonia, que llegó del cielo para salvarme.
- Hola - respondí, y la sujeté por la cintura como si fuera un salvavidas - ampay, me salvo.
- ¿Qué?
- Nada, nada yo me entiendo.

Algún envidioso preguntó que por qué esa rubia maciza me dejaba sujetarla de esa forma. Yo sólo respondí porque yo lo valgo, y le di una palmadita en su culo de acero. El alcohol hizo milagros y el bar asqueroso me parecía Pachá, la música era perfecta y bailé hasta canciones de Bisbal. No sé cuantos cubatas bebí pero seguro pagué sólo la mitad. Alguien abrió la puerta del antro y el viento helado me hizo toser. Edurne se descolgó entonces de Lucio y mudó su masa al cuello de Alberto, que acababa de entrar.

- ¿Qué hacéis aquí? - preguntó - vamos a Alcalá, que está de putamadre.

Quise aprovechar para escapar pero alguien se subió en mi coche y dijo al Trastero, que ponen copas por dos duros. Minutos después iba contando las luces para llegar a casa.

El Trastero, garito universitario, me encantó. Tenía un futbolín, tableros de dardos y una camarera que quitaba el hipo. Mis esperanzas de enrollarme con Isabel se acabaron cuando la vi llegar al bar acompañada de un pijo que no sabía besarla con lengua. Edurne también había llegado con carne: un pelirrojo que se la tiró esa noche y el lunes consiguió un ascenso en la empresa. Lucio y yo seguíamos emborrachándonos ajenos a todo y viendo los toros desde la barrera.

- Feliz Navidad, brother.
- Feliz navidad, chaval. ¿Sabes que te aprecio mucho, no?
- Yo también, tío, yo también.

Alguien se ofreció a llevar a mi amigo a su casa en el barrio de Salamanca y yo volví a la mía muerto de sueño, borracho y sabiendo que esa era mi última navidad como teleoperata.

miércoles, septiembre 02, 2009

Sueños son.


Anoche, anoche soñé con Tatiana. Es raro porque nunca la he visto en mi vida. No recuerdo cómo comenzamos a escribirnos por e-mail. Creo que fue por culpa de una de las estupideces que escribo en este blog, y que ella, muy amablemente, creyó que podía formar parte de una colección de crónicas. Días después la encontré en el facebook y nos hicimos amigos cibernéticos. Y me gusta pensar que cuando vuelva a Lima (porque a mi avión se le acabe la gasolina, y hagamos un aterrizaje de emergencia) intentaré tomarme un café con ella.

En el sueño, yo vivía en una casa verde de varios pisos que se comunicaban por medio de un ascensor que se parecía mucho al de mi primera casa en Madrid, en el barrio asqueroso de Oporto. De vez en cuando aparecía mi tío el ingeniero (de quien mamá me había dicho la tarde anterior que odiaba a la que, hoy por hoy, es mi ex novia) que me decía que debía reconducir mis acciones, que el camino que había seguido estaba bien pero era mejorable, que la vida es una tómbola tom-tom-tombola. Como siempre, asentía con la cabeza y seguía mi camino hacia mi habitación porque, al parecer también en el sueño, tenía que preparar una maleta para volar a París, que es donde suelo esconderme cuando estoy triste.

Entre cada planta de la casa verde, aparecía una mujer que parecía encargarse de la limpieza y a la que no le gustaba mi presencia pues al verme me gritaba "usa el ascensor carajo, que estoy limpiando las escaleras". Al llegar a la segunda planta, pensando en si debía llevar o no mi Esquire en la mochila para leer algo en el avión, apareció papá y me preguntó que por qué no le había contado lo de mi ruptura con Sol. No supe qué contestar,y, como hacen todos en mi familia, huí del problema corriendo escaleras arriba. Escuché a la señora de la limpieza cagarse en todos mis muertos.

En la segunda planta habían cuatro habitaciones con puertas verdes. Dos puertas estaban cerradas, y me metí en la primera de las que estaban abiertas. Tatiana reía al lado de una chica de ojos chinos, que bailaba con un vaso largo de plástico en una mano y una botella de ron en la otra. ¿Quién es? pregunté, y ella me contestó es su cumple, cholo, déjala ser. Odio que me llamen cholo, normalmente, pero me hizo gracia en su voz y, no sé por qué (así son los sueños, llenos de huevadas) la levanté del suelo como si fuéramos una pareja de recién casados. Bájame, bájame, decía ella, muerta de la risa, que me va a ver mi novio que está en el otro cuarto. Le di un beso en la mejilla y pasé al cuarto de al lado en el que, efectivement, estaba su novio. Me llamó la atención la delicadeza con que cosía una imagen del Señor de los Milagros en un hábito morado, pero recordé el motivo de mi ascensión a la segunda planta y pregunté: ¿alguno de ustedes me puede llevar al aeropuerto?.

Como el novio costurero no me quiso ayudar, un amigo suyo de pelo zambo se ofreció a ayudarme, pero al toque, flaco, que estoy recontra apurado. Chapé mi maleta y una mochila pequeña que me colgué al hombro. Llamé al ascensor temeroso de la mujer de la limpieza, pero el amigo zambito bajó corriendo por las escaleras. Cuando al fin llegué al piso inferior me di cuenta de que no me había despedido de Tatiana y quise volver, pero entonces descubrí que había perdido mi mochilita con mi pasaporte, mi dinero, mis tarjetas de crédito y mi foto de Mónica Bellucci. Casi lloro de la impotencia.

Me desperté sudando y preguntándome qué mierda de sueño había sido ese. Prefería mil veces (y echaba de menos) aquellos sueños en los que le mordía el culo a Vero, o aquellos en que jugaba al futbol con Ronaldo. Éste no tenía ningún sentido. Decidí correr a escribirlo antes de que se me olvidara, con la esperanza de que Tatiana se pusiera en contacto con algún chamán de Pisco y le preguntara qué carajo significaba todo esto.
Lo único que sé a ciencia cierta es que tengo un avión a París en unas horas, y no sé ni dónde está mi pasaporte ni si llevar mi Esquire para leer algo durante el vuelo.

martes, agosto 25, 2009

Tanto tiempo tranquilo


-¿Cómo estás?
- Bien, tranquilo.

¿Por qué respondes que estás "tranquilo", si no lo estás, brother? Se te ve a la legua que te tiembla una mano, que el ojo izquierdo se te cierra y que ya no tienes uñas en los dedos. Has movido tu vaso cuatro veces, y aunque no te gusta el chicle, lo masticas como si tu vida dependiera de ello. tranquilo no estás, no.

Yo respondía igual, hace unos años, hasta que una tarde un amigo me dejó en ridículo delante de Magaly (la primera mujer que me hizo temblar las rodillas). Yo estaba feliz, porque había conseguido clasificar a mi colegio a la final del campeonato interescolar gracias a un gol tan antológico como fortuito. La pelota me llegó de rebote y me pegó en la canilla, eso hizo que se moviera un poco hacia adelante descolocando a mis marcadores, que esperaban que al recuperar el balón yo lo pisara, me girara y tratara de encararlos. Como ya me habían dado un par de patadas minutos antes para castigar mi temprana osadía de delantero encarador, decidí entonces que ni pararía la pelota, ni me giraría, no los encararía. Apenas el cuero toco mi pie me libré de él de una patada rápida que, para mi suerte, terminó clavada en la esquina superior del arco. Fui la estrella del momento, Magaly me veía desde fuera, confundida, porque había eliminado a su equipo pero también había clasificado, yo, su amiguito enano y flaco.

- ¿Cómo estás? - me preguntó un amigo, al finalizar el partido.
- Bien, tranquilo - respondí, al no saber qué decir.
- ¿Tranquilo? ¿Cómo que tranquilo, huevón? - me zarandeó - has metido un golazo, nos has clasificado para la final, y ¿dices que estás tranquilo?. No jodas, pues, oye.

Mi sangre rebelde decidió subir a mi cara y sentía que las mejillas me iban a explotar. Magaly me miraba implorando una respuesta inteligente para callar a mi impertinente amigo, o al menos burlarme de él de la misma forma que había hecho conmigo. Pero me quedé mudo. O sea, me quedé ahuevadamente tranquilo. Dos años después, ese amigo mio, se folló a Magaly, con toda la tranquilidad del mundo.

Mi abuelo inventó una variante genial. Cuando la gente le preguntaba que cómo estaba él, o los ignoraba, o respondía "tranquilo, como operado". Entonces los sapos no sabían si reír o preguntarle al viejo insolente cuál había sido la dolencia que lo había llevado al hospital. Alguno me susurraba al oído "¿de qué han operado a tu abuelo?" y yo, que ya había sido entrenado con mucha antelación, respondía con la mayor seriedad posible y poniendo cara de pena: "de la pinga, señora, de la pinga".

Intenté importar la respuesta del abuelo en mi época de colegio militar, pero no funcionó bien. Teníamos un auxiliar muy estricto, y cuando respondí a su pregunta "¿Está usted bien, alumno?" con un "sí, sí, tranquilo, como operao" me condenó a arrodillarme en el patio central durante dos horas con los brazos extendidos. Al termino del castigo se agachó y me dijo muy bajito: "la próxima vez que te pases de paloma conmigo, te rompo el culo guapito. Ahora levántate y vete a tu salón que tienes clase de Historia". Admiré dos cosas de aquél tipo en ese momento: su perfecta amenaza digna de una película de Scorsese, y la capacidad para saber mi horario escolar de memoria (algo que yo no había conseguido en años).

En mis últimos años de carrera, busqué un trabajo mal pagado que me permitiera pagar bien mis vicios. Trabajaba en un call center que se dedicaba a dar soporte a todo dios que tuviera un PC. Llamaban de todas partes del mundo: chinos, griegos, franceses, italianos, españoles, arequipeños, murcianos y algún que otro catalán. Una tarde, cuando ya contaba los minutos para salir disparado hacia mi sofá llamó un tío cuyo acento me sonó bastante familiar.
- ¿Buenos días, cómo está usted? - pregunté, usando las normas de saludo que la empresa nos había dado.
- Bien, tranquilo - contestó, y yo pensé: éste es peruano.

Mamá ha mutado sus respuestas con el paso de los años. La suelo llamar con cierta frecuencia y al principio respondía a mi ¿cómo estás? con un "bien hijo, estoy bien, tranquila como operada" haciéndole un pequeño homenaje al viejo que tanto quisimos. Pero ahora que vive tranquila de verdad, cuando la llamo y pregunto "¿qué tal ?" tiene cuatro respuestas posibles: 1) Tumbada 2) Viendo una peli 3) Cosiendo 4) Chateando con tu madrina.

No estan difícil entonces cambiar de vez en cuando las respuestas que damos. No tienes que responder "bien gracias" cuando estás jodido, ni "girando a la derecha en la próxima rotonda" cuando no tienes idea de dónde está el sitio por el que te preguntan, y menos "bien, tranquilo" cuando lo que estás es aburrido. Por eso yo he inventado una respuesta basada en una que dio Etoo hace unos años y cuando me preguntan que qué tal estoy respondo que bien, trabajando como negro para vivir como blanco, creo que a mi abuelo esa respuesta le habría gustado.