jueves, noviembre 25, 2010

Nunca


Nunca he ganado un campeonato. Ni de fútbol, ni de vóley, ni de canicas. Soy un perdedor nato por el simple hecho de que me aburre competir si la recompensa no es más que un trofeo. En cambio, dicen que gozo humillando al que alguna vez trató de burlarse de mi. Es que soy raro de cojones.

Nunca me he encontrado dinero. O sí, pero mamá me hizo devolverlo por más que le juraba que no conocía al dueño. Me deshice de ese fajo de billetes dándoselo a un sorprendido transeúnte que salió corriendo apenas lo tuvo en su poder, mientras mi vieja nos espiaba complacida. Fui millonario por dos horas.

Nunca creí en dios. Siempre pensé que si había alguien allí arriba que vigilaba nuestros actos, se había echado una siesta eterna o, simplemente, se había aburrido de nosotros como me aburría yo de mis mascotas veraniegas. Un día dije "dios no existe y si existiera, ya me habría destruído con un rayo. El cura me echó de la iglesia, pero antes me pidió que dejase la limosna.

Nunca me gustó estudiar. Cuando descubrí que con medio esfuerzo superaba a todos mis amiguitos del cole, dejé de leer los libros de texto y me sumergí en la literatura fantástica de García Márquez, Borges y Vargas Llosa. Aún así terminé el colegio como segundo de mi clase.

Nunca quise vivir en Perú. A veces soñaba con ser argentino, otras venezolano o gringo. Mis novias imaginarias eran Sabrina (bonaerense), Indira (de Caracas, pero padres iranís) o Shirley (no me importaba de donde, pero rubia y de ojos azules). Mis padres huyeron del país cuando pudieron y yo los seguí años después. Ahora, pienso en comprar un billete de vuelta para el verano.

Nunca he leído el Quijote. Ni el Ulises de Joyce. Ni Hamlet, completo. Pero he leído la Biblia y creo que los que la escribieron, hoy, no serían contratados ni siquiera como guionistas de un talk show. Su ficción hace aguas por todos lados, creer en dios tras leer la Biblia es como creer en Superman tras leer un cómic.

Nunca me he dormido cuando debía hacerlo. Me ha derrotado el sueño en autobuses, parques, misas, trenes y cagando. Pero jamás he conciliado el sueño en vuelos transoceánicos o tras despertar a las 5 de la mañana, después de una pesadilla. Jode que te cagas.

Nunca me he acostado con una pelirroja. Ni con una embarazada (que yo sepa). Ni con la hermana de mi novia. Ni con las novias de mis hermanos. Soy un tipo bastante soso para esas cosas y mi audacia se reduce a tirarme a la jefa de mi jefe, como una forma de vendetta personal. "Tú me das por culo, ella te da por culo a ti...y yo a ella", le dije en mi último día en la empresa. Fuck yeah!

Nunca he ido de putas. Mis amigos limeños eran asiduos visitantes de las chicas de la noche. Una vez me llevaron a traición y yo terminé hablando con una chica que me contó entre lágrimas que había llegado a la capital a estudiar enfermería, "no a chupar pingas". Me enterneció tanto que le regalé un chicle. La boca le olía a condón.

Nunca he esquiado. Por dos razones de peso: en Lima no hay nieve y soy un cobarde declarado. El hecho de ir bajando a gran velocidad armado sólo de dos esquis y unos palitos de mierda me produce la misma emoción que unas ardillas rabiosas mordiéndome las bolas. Eso sí, cada vez que voy al Decathlon me pruebo cascos, gafas botas y guantes. Y hago el imbécil por toda la sección nieve.

Nunca me han dicho que no más de tres veces a la misma pregunta. Pero es porque nunca pregunto más de dos.

Nunca me ha gustado beber del vaso de otro. Ni comer con su cuchara. Ni ponerme su ropa. Ni dormir en su cama. Ni ponerme sus cascos. Ni beber de su botella. Ni sentarme en su silla, segundos después. Entonces, ¿por qué mierda crees que me enrollaría con tu ex?

Nunca me enamoro por más de dos meses. La excepción que confirmó la regla desapareció y ahora vaga por Italia bajo el sol de la Toscana. En realidad hay otra excepción, pero es que yo soy raro de cojones.

jueves, noviembre 11, 2010

Nightrain


Llueve a cántaros, el parabrisas me marea desde que me operaron los ojos. Borracho más. ¿En qué calle estoy? Iván me ha dejado en María de Molina. Creo. Me he bajado del Land Rover nuevo de su madre aprovechando el semáforo. ¿Me estoy volviendo pijo? No sé si ir a la derecha o a la izquierda. Espero que el semáforo esté en verde y no te atropelle nadie.

Comenzamos en Bo Ffin. porque yo insistí a Iván que después de recoger su traje de Carolina Herrera nos tomásemos una copa. Julio, de vacaciones dijo que nos acompañaría luego. Dejé el coche al lado de un hotel y bajé al bar con Iván que dio mil vueltas (mareandome) antes de dejar el coche aparcado en la calle Velásquez. Pedimos dos tintos de verano para comenzar.

- Es una mierda este curro, tio - dice, desparramado sobre la silla de madera -. Ya verás como Banco de España nos cierra el chiringo en .
- No sé tío, de esta no nos salva ni san Michaelpage.

Vemos de reojo a las dos chicas que hablan sentadas en una mesa al lado de la ventana. Tienen la piel sospechosamente naranja y jerseys rositas a juego con sus relojes supercalifragilísticos. Me pido a la morena, dice Iván. Yo respondo con una pregunta: ¿te has fijado que estamos en la misma mesa de la noche en que vinimos con Cris y Bea?. ¡Hostia, es verdad!

Allí está mi coche. Confirmado: la orientación de Iván es mejor que la mía cuando ambos estamos en estado etílico avanzado. Busco a tientas mi llave en el bolsillo, son dos segundos de desesperación hasta que las encuentro. Me siento y busco el botón de la radio. Guns N' Roses. Loaded like a freight train, flying like an aeroplane. Limpiaparabrisas. ¿Por qué me sangra la nariz?

El bar se ha llenado en cero coma. Bea me ha dicho que no viene, que cena con unos amigos, y Cristina tampoco quiere venir a pesar de la insistencia de Iván. En el chat aparece Yulia, tampoco quiere venir, dice que está cansada y se quedará por su barrio. Llega Jose, amigo de Iván y hablamos de motos, coches, nieve, mentir en el curriculum, y la camarera nos dice que es belga pero que no habla francés porque es de la parte flamenca. Una tía está a punto de volarme una oreja con el taco de billar, y la mesa de las dos chicas ahora está super poblada y hay una que tiene una camiseta lila bastante generosa.

- Cacho' perolas.
- Totally. ¿Pedimos una ronda más de cubatas?
- , vámonos a otra lado.

Mi jersey blanco está a punto de ser manchado de por vida. Tiro la cabeza hacia atrás y, con la mano izquierda taponándome la hemorragia, dejo que la derecha conduzca el coche. Mal. Me meto en sentido contrario por Principe de Vergara. Lo noto cuando los semáforos me dan la espalda. Busco desesperadamente una calle en la que meterme. Pirula va. Mala elección, estoy frente a la comisaría. Marcha atrás, calle prohibida. No me han visto. A tomar por culo, voy por allí.

El garito se llama "Mañana no Salgo" y hay una cola testimonial para entrar. Una gota gorda de lluvia me cae pesadamente desde el toldo y digo me ha taladrado el cerebro. Una inglesa borracha me dice cerebrou yo gusta esa palabra, y me recuerda a Cassie de "Skins". Pero ésta rubia mide metro noventa y su novio casi tres. Miro pa' otro lado. Entramos. Está petado. Iván se paga una ronda y Jose busca desesperadamente un ligue. Se nota mucho su afán. Mal. Veo de lejos a la inglesa, enorme, que me reconoce y grita "cerebrou, cerebrou" como un zombie. Sus amigas están buenas. Me acerco a una morena de ojos verdes.

- Where are you from?
- Somos de Bristol, todas.
- What are you doing here. I mean, in Madrid.
- Trabajamos en una aseguradora, por Avenida de América.
- Why are you speaking spanish, luv?
- No sé, cuando estoy borracha hablo otros idiomas.
- Me too.

Menéndez Pelayo. Finally. No sé si sigo sangrando, pero por si acaso no quito la mano de la nariz. Bajo por Cavanilles y busco el semáforo de volver a casa. Cuento las luces. Tres. Bien. Doctor Esquerdo. Valderribas. Derecha, aparco. Suerte, hay un espacio en la puerta de casa. Abro, El espejo del lavabo dice que me ha dado un puñetazo Mike Tyson. Mi cama. Off.

- ¿De donde era al final la piba?
- De Cádiz.
- Su amiga no estaba mal, ¿no?
- Era la peor del bar, pero mucho mejor que las tías con las que curramos.
- ¿Dónde está mi coche?
-¿Allí, míralo?
- Venga, aprovecho el semáforo.

miércoles, noviembre 03, 2010

Laura y Renoir


Laura no pudo acompañarme a la expo de Renoir. Pero me espera en el Starbucks de la plaza Neptuno, al salir del Prado. Me ve llegar y sonríe, le doy dos besos y después del segundo le susurro al oído "eres muy sexy". Responde "buah". Nos sentamos.

- Recuerdas cuando no querías quedar conmigo? - pregunto, mientras recibo el espresso que he pedido.
- No es que no quería, dije que no podía- me corrije -tengo novio, capullo.

Dejo mi libro de Bret Easton-Ellis sobre la mesa vieja y escucho a Laura despotricar sobre su chaqueta de piel, perdida en el metro. Era mi puta chupa verde, tío, dice, y aún diciendo palabrotas no deja de ser adorable. Le digo que se compre otra y ya, haciendo alarde de mi gran don para decir siempre lo que no debo. Me mata con sus ojos verdes. Suena su teléfono de 1999, es su novio. Me callo. Hablan algo de su piso, y no se qué. Miro incómodo hacia otro lado, no quiero abrir el libro. Me distraigo con el escote de una francesa que está sentada frente a mí y que también habla por el móvil. Leo las letras del sobrecito de azúcar moreno starbucks. Suena mi móvil.

- ¿Qué pasa marica? - saluda Rubén.
- ¿Qué tal gayer? - devuelvo el saludo, veo de reojo a Laura y compruebo que sigue hablando con su novio - ¿Ligaste este finde, o qué?
- Na. Nos fuimos a Alcalá y mi colega se zumbó a una. A mi me entró una tía pero le dije que no.
- ¿Y eso? - Laura sigue hablando, la francesa también. Madre mía qué escote.
- No sé tío, yo no quiero eso, colega. Busco algo más, una relación seria, no follar en un parking.
- Pues lo llevas claro, tío - Laura ya ha colgado, me hace una señal de que siga, pero digo:-si sigues en plan exigente te vas a quedar más solo que la una. Oye, te llamo luego, que estoy con una amiga y...
- Joder, haber empezado por ahí, mamón. Hablamos luego- y cuelga.

Laura no parece haber quedado muy bien después de la llamada. Le quiero contar mil cosas, porque es la única chica de la oficina a la que le tengo confianza. Le quiero decir que le he pedido un aumento a mi jefe, que me gusta su boca, que Marie-Flore y yo somos sólo amigos, que me encantan sus ojos, que Iván y Julio están hasta las pelotas, que me encanta como se sopla el pelo cuando piensa. Pero sólo hablo de Renoir.

- Me encanta el Impresionismo. - suelto como un loro- Y Renoir es mi favorito. La última vez en París no fui al D'Orsay pero tendría que haberlo hecho.
- ¿Ah si?¿Por?
- Es que allí está Bal au moulin de la Galette, un cuadro que me encanta. Sol tenía una reproducción, pero obviamente se lo llevó cuando se fue de casa.
- ¿La sigues viendo? - pregunta, clavándome sus ojos mientras enciende un cigarro.
- Si te vas a matar, hazlo con estilo - le digo - no fumes esa mierda de Fortuna. Fuma Marlboro.
- Si me los compras tú, vale.
- No. Yo vicios no pago.
- No me has contestado - apunta.
- ¿El qué?

Suena mi teléfono otra vez. Es Iván, que me llama desde el atasco usando el manos libres de su Iphone conectado (por él mismo) en su BMW. Me cuenta que está hasta los cojones, porque, además de mirarle mal en el trabajo, ahora se ha enterado que están haciendo entrevistas para ampliar su equipo y él no sabe nada. Que se ha enterado de rebote. Laura aprovecha para ir al baño, me dice que no me preocupe,que hable con mi amigo. Iván sigue diciéndome que no quiere seguir en el curro, que ni aunque se estuviese follando a Bea su vida se haría más agradable. Yo le digo que sí, que con eso cualquier vida sería agradable. Nos reímos. Me pregunta que con quien estoy y le miento parcialmente, le digo que estoy solo y frente a una francesa que habla por el móvil casi agachada y mostrando al mundo su escote magnifique. Laura vuelve del baño y mi amigo llega a Juan Bravo, donde ha quedado para cenar. Cuelgo.

- ¿Qué le pasa a tu amigo?
- Lo de siempre, estamos todos hasta los cojones - respondo y me pongo a jugar con su mechero.
- Pero,¿ tú también te quieres ir? - me quita el mechero - creía que estabas bien.
- No estoy mal, pero me aburro a veces. Por eso he pedido el aumento. Sé que más pasta vendrá con más responsabilidad. Lo mejor del día, siempre, es verte sonreír.
- Buah. ¿No te cansas de piropear?
- Nunca es suficiente. Además, a ti te he dejado tranquila desde hace mucho.
- Es verdad.
- Tendría que haberlo intentado más, ahora ya somos amigos y aunque insistas no haré nada. Pero hace unos meses, si hubiera dado un par de pasos más hacia adelante me hubieses besado esa noche, en Mendez Alvaro.
- No, no lo hubiese hecho.
- Sí - la miro fijamente, le guiño un ojo
- Capullo - me dice, sonriendo.

La noche cae del golpe en Madrid y salimos del Starbucks. Ella dice que va a esperar un autobús y yo camino hacia Atocha. Las tiendas van cerrando a mi paso, y me meto al metro en la boca que está frente al Museo de Arqueología. Abro el libro en el metro y leo como Clay, el personaje de "Less than Zero" habla con su madre totalmente colocado de cocaína. Recuerdo sonriendo mis tardes en Lima, cuando hablaba por teléfono con mamá sin haber dormido y con la ropa aún apestando a cerveza. Cuando levanto la mirada descubro a una chica que espía lo que leo. Sigo sonriendo. Bajamos juntos en Pacífico, pero ella sube hacia Cavanilles, mientras que yo bajo un poco buscando mi casa. Suena un mensaje en mi móvil. Es de Laura.

- No lo hubiese hecho, capullo integral ;)

martes, octubre 26, 2010

Fuckenberg


Mamá es mi amiga en el facebook.

Su primer aporte fue poner en mi muro un vídeo de Héctor Lavoe, cosa que agradecí infinitamente. Me hizo recordar las calles del Callao duro. Las mismas calles por las que, cuando niño (y también ya adolescente tardío), caminaba temoroso de que algún paisano con más calle y menos escrúpulos que yo me robara las pocas monedas que tenía en los bolsillos, mi esclava de plata y el reloj citizen falso que me regalaban cada cumpleaños. Le di a "Me gusta" y cambié mi estado a "Salsa, mi hermano!". Un amigo mio, néofito en estos temas salseros comentó el enlace con un clarísimo "WTF?". Imagino que motivado por el baile de Lavoe y sus pantalones verdes. Respondo comentando "y eso que no has visto a mi abuelo bailar con su traje celeste".

Cuando estuve en París con mis amigos, Iván nos etiquetó en la foto de una factura de 350 euros. Estábamos sentados en Scossa, una terraza del barrio 16 y Julián preguntó de pronto "¿Quién es Adela?" A lo que respondí, mi madre ¿qué ha hecho ahora? con la mirada en el suelo y la mayor de las rojuras en la cara que mi sangre plebeya permitía. Menos mal que esta vez sólo había comentado la foto en son de paz, sin añadir sobrenombres de madre del tipo "papi" "cariño mío" o "burrito sabanero". Bebí mi vino más tranquilo y disfruté entonces del resto del paseo. Pero me anoté una nota mental: bloquear a mamá la capacidad de comentar en mis enlaces.

Mi amigo Zico (sí, se llama como el futbolista brasileño de los ochenta) es del Opus Dei, pero él no lo sabe. Es la excepción que confirma la regla, pues normalmente los miembros del Opus son de familia bien, viven en barrios bien, y han recibido una educación de niños bien. Zico siempre dijo que su viejo bebía más que un vikingo, vivía en un barrio en el que, para bajar a comprar el pan, tenías que llevar navaja, y estudió en la misma facultad que yo. Como buen seguidor del Opus, Zico va por el séptimo hijo y cada vez que su mujer se queda embarazada (no la conozco, pero la imagino como la mujer del lisiado de "Family Guy", preñada forever) lo publica en su muro de facebook y se pasa los nueve meses de gestación copiando, en mayúsculas siempre, poemas de mala muerte o frases célebres trasnochadas. Cansado de su apología a la paternidad indiscriminada y de sus comentarios en favor de familias numerosas, ayer lo bloqueé. Lo hice por mi bien, empezaba a sentirme mal conmigo mismo por no poblar el mundo de pequeños "mini-yo", aunque no supiera a ciencia cierta si podría encaminarlos económicamente en el futuro. Ahora no sé si Zico ha escrito algo en contra de la gente que va al gimnasio o si acaba de embarazar a su cuñada (todo en aras de traer más niños al mundo, que son la alegría de la huerta), y, sinceramente, me la pela.

Verónica, amiga de Cristina, subió fotos mías hace unos días. Eran fotos de nuestra salida a New Garamond y Last Drink, donde, para qué negarlo, pasamos un rato agradable bailando y viendo a Cris rodeada de cubanos mojiteros. En una foto posamos guapos y elegantes (y me etiqueta), en otra, miro la cámara levantando una ceja a lo McCartney, mientras Cris baila no sé que mierda (y va y me etiqueta, la tía), y en la peor de todas se ve a Cris haciendo morritos a la cámara, cosa que estará de moda entre las chonis pero que odio, y yo la estoy mirando como diciéndole"¿WTF?"(y ¡zas! me etiqueta). Asustado y temeroso de que mis amigos de facebook, entre los que intento forjarme una imagen cool, vean esas fotos y temiendo que mi madre las descargue e imprima un poster que me regalaría la próxima navidad, voy y me desetiqueto de todo. A tomar por culo.
Pero cuando voy a ponerme a cotillear las fotos de otra Vero (que, para que negarlo, está buenísima) veo que Cris aparece en el chat y pregunta en mayúsculas "por qué te has desetiquetado de las fotos de Vero??????????". La ignoro y sigo viendo a mi Vero bailar, y su vídeo en el que hace Pilates que parece que lo han hecho desde un avión porque no se le distingue y está lejos que te cagas, pero me da igual porque me imagino su sonrisa y creo que es para mí, y recuerdo nuestra cena en una taberna de Huertas y sonrío viendo la pantalla con la mano en la barbilla como un gilipollas. Pero Cris vuelve a aparecer en el chat, como el Clip de Windows '98 y dice "oyesssssssssssssssssssssss" y suena un "pump" que interrumpe "The Half Dozens" de Chet Baker, que sonaba en ese momento en mi Spotify.

- Joer qué pesada - digo, solo en casa, como los locos. Y la bloqueo al menos por hoy.

Me meto entonces en el perfil de América, una chica que me acaba de aceptar como amigo y que tiene un espacio en Radio5 que habla sobre ciencia. Me he suscrito a su podcast y es siempre lo último que escucho antes de dormir. Me encantan sus fotos, parece buena tía y se le ve feliz, como deben ser felices quienes trabajan en lo que les gusta. Le voy a escribir un comentario sobre su último programa del Pez Luna pero el chat vuelve a interrumpirme. ya no es Cris, sino Yulia, otra de las chicas con las que estuve de fiesta y me pregunta directamente "¿qué/a quién temes para no querer ser etiquetado?". Como su pregunta ha sido bien formulada y bien escrita, le contesto. Le cuento que odio ser etiquetado, incluso en las fotos, y que siempre que me veo en una foto de facebook recuerdo a mi hermano diciéndome "no sales mal en las fotos...eres así". Responde con mil "jejejejejes" y la bloqueo también. A tomar por culo II. Cierro el facebook, abro un libro y me quedo sopa.

Al día siguiente, ya en el trabajo, veo el facebook en mi teléfono en un momento de relax. Y en las notificaciones del día leo "Yulia ha cambiado su foto de perfil". Abro el enlace temeroso, y, sí, la muy cabrona había puesto en su perfil una foto mía bailando salsa. Me cago en Mark Zuckenberg.

lunes, octubre 18, 2010

Déjà vu


Quedamos sobre las 6 y media, porque esa tarde yo tenía oculista.
Quería saber, sobre todo, cómo le había ido en su última entrevista de trabajo. Por eso la había llamado antes, porque me había propuesto cambiar, esta vez, con ella, mi por todos conocido desinterés por las cosas del prójimo.

- No bajes hasta la clínica, espérame frente al Wok de Doctor Esquerdo. Yo voy a buscarte y nos tomamos algo por ahí.

Salí del oculista con una receta carísima en el bolsillo y la certeza de que iba a pasar un buen momento, con ella. Hola, chico Gant, me dijo cuando me vio llegar, burlándose un poquito de mi jersey. Bajamos por Cavanilles hasta una panadería y compramos un muffin y tarta, todo artesanal. En un chino pillamos dos Nestea's y nos sentamos en un parque pequeño, al lado de un espacio destinado a niños. Me vio estresado y le conté las movidas de mi trabajo, de cómo no veía una solución cercana a las miles de cosas que salían mal, de los problemas de mi día a día. Me hizo reír un poco y le pedí que me contara cosas de su entrevista. Según ella, la cosa no había pintado muy bien, pero aún así la animé y le dije que si no era eso sería algo que vendría después. Que no desesperara. Hablamos un poco de ropa.

- Me quiero comprar un traje, no tengo ninguno.
- Píllate uno bueno, de esos que duran mucho tiempo. Los que yo tenía del H&M están ya para jubilarlos.
- Mañana me voy de compras. A ver si encuentro algo.
- Igual si, aunque yo nunca encuentro lo que voy a buscar. Voy buscando camisas y vuelvo con chaquetas. ¿Donde vas?
- Al Factory de Getafe.
- Mira en "Caramelo" o "Hugo Boss".
- Te encanta Hugo Boss. Me acuerdo que estuviste a punto de comprarte un traje.
- Sí, pero me convenciste de que no lo hiciera. tenías razón, No lo necesito ahora.


El sol se fue, los niños también y hacia horas que nos habíamos terminado los pasteles. Daba igual, me gusta hablar con ella, y ella también se lo está pasando bien. Sin importar cual fuese el tema. ¿Quieres cenar conmigo? Vamos al Wok que está aquí al lado. Dijo que sí y fuimos de los primeros en entrar. Pedimos cosas parecidas, y hablamos de cine, de música, de libros y de teatro. De su cumpleaños y del último sábado en el que ambos habíamos estado en el Retiro, sin vernos, yo leyendo y ella haciendo footing. Cada uno en su espacio. Le conté de mi amistad creciente con Julio e Iván y de mi nueva afición por la música (¿?) de David Guetta. Me habló de sus miedos y yo le desnudé los mios, me burlé de Paul Auster y ella de Luis Miguel. Hablamos dos frases en francés. Nos divertimos juntos. Pedimos la cuenta y pagamos con cheques, ella dejó la propina. Salimos y el primer viento frío del año me dio de lleno en la cara. Ella se cerró la chaqueta y me dijo que volvería caminando a casa; yo, tenía que recuperar mi coche, aparcado por aquí cerca y si quieres te llevo. Dijo que no, que gracias, pero que quería hacer un poco de ejercicio. Tienes razón, pensé, hoy hay rico frío.

Nos dimos dos besos, uno por mejilla. Y la vi irse subiendo hacia Conde Casal. Me hizo adiós con la mano, y lo último que le dije fue:

- Esto se está volviendo una costumbre bastante agradable, Sol.

Y ella, asintió.


domingo, octubre 03, 2010

New Guarramonde


- ¿Quieres salir ha tomarte algo esta noche? - me pregunta Cristina, por el chat de la empresa.

Intento saber un poco más , pero la tía es más de barrio que los columpios y no sé muy bien de qué va el asunto. Minutos antes de recibir su pregunta, mi mal carácter ha hecho que desee a Bea un "buen finde", cuando aún faltaban tres horas para salir de currar, en un claro mensaje que no decía más que "no me hables más, niña, por hoy he tenido bastante". Le digo a Cris que ya la llamaré cuando llegue a casa, a ver qué hacemos. Obviamente, al llegar a casa, lo primero que hago es llamar a Julio y pedir refuerzos.

- Vaya - me dice, en colombiano - vaya usté.
- No sé tío, me da un poco de pereza. Pero la verdad es que me apetece salir. Si vienes, podemos pirarnos si vemos que la cosa no pinta bien.
- Uy no, que Marie-Flore me ha pedido que curre mañana sábado. Pero ve tú, no seas tonto. Ve y luego me cuentas.

Mandé un SMS a Cris y me llamó al segundo. Me dijo que pensaban (sus amigas y ella) comenzar la noche en New Garamond y después...bailar salsa. ¿Salsa? pregunté, no sé por qué, si de sobra conozco que Cris escucha unas maracas y se pone a centrifugar. Venga voy. Las esperé frente al Edificio del Aire, en Moncloa. Llegaron en un VW Golf nuevo, que olía a nuevo, y me recogieron a mi, que de nuevo, no tenía más que la gomina del pelo. Subí y me senté atrás, con una chica de ojos verdes intensos y acento extraño (descubrí minutos después que había vivido en Argentina muchos años). Cris se sentó a mi lado y contemplé un segundo sus piernas perfectas. Delante iba Verónica (la única de la que recuerdo el nombre) y una chica muy guapa que apenas me vio preguntó "¿Tú también has estudiado Estadística?".

- No. Yo soy normal.
- Ya...yo sí estudié Estadística - respondió y pensé "cagada, con lo guapo que estás callado".

Llegamos a New Garamond y eso parecía la fila para el nuevo casting de Ralph Lauren. Cris se acercó al tío de recepción y le dijo que estábamos en lista. Pasamos sin problemas. Ellas tenían una copa gratis, yo, para no quedarme seco pedi lo de siempre: Johnnie Walker, y pagué con tarjeta sin recoger el ticket. Bajamos a la pista y Cris habló casi sin parar durante más de veinte minutos. Primero con que se había ganado el respeto de la gente del curro al sacar un par de informes, porque antes, ¿sabes? creían que porque tengo palmito, no sabía currar. A lo que yo respondí: a mi, sólo déjame tu palmito.

-En cambio, Bea, no tiene ese problema, porque ha currado desde el dia uno en marrones que te cagas.
- No me hables de ella, porfa, que nos enfadamos al final del día.
- Ya, no se lo tengas en cuenta, tío. Está bajo mucho stress...blablabla....blablabla...blablabla.
- Y - la interrumpo, ocho minutos después - ¿por qué hablamos de ella? Hoy estoy contigo, olvídate.
- No sé, me dijiste que te habías enfadado.
- Sí, pero eso fue esta tarde, mañana ni sabré porqué fue.

Verónica me dice que en cuanto me acabe la copa, nos vamos que ya está bien de este sitio en el que se compite por ver quién es el más guapo. Me bebo el whisky de un sorbo. Salimos. De camino al garito de salsa, hablé con la argentina sin nombre y me contó que había estado en Argentina churrucientos años, que tuvo un novio peruano que se llamaba como yo, que era bueno pero que se acabó el amor y que ahora tenía un nuevo novio, español, que era enfermera, que me estaba sangrando el labio (toma vaselina), que allí está tu coche Vero mira qué nuevo se ve, que en argentina bailan cumbia, no salsa, que las copas en New Garamond costaban quince euros, y que Cris y ella se conocen desde los ocho años. me pregunté en ese momento: ¿no habría sido mejor quedar para hacer submarinismo?

Llegamos al "Last Drink" y pasamos sin problemas. Una vez dentro, me sentí como un puto lunar vestido de Hilfiger. Todos, iban con la ropa con la que yo iría al Ahorra Mas a comprar unas rodajas de salmón o a la Latina a unas cañas a media tarde. El descenso de ambiente chic a garito cubano fue tan brutal que sentí que me habían sacado del Musee D'Orsay para llevarme al Matadero de Madrid. Vero lo notó.

- ¿Te gusta el sitio?
- Nop, huele a baño, en breve haré una bomba de humo.
- Es el favorito de Cris.
- Ya, se nota - dije y señalé a Cristina por encima de mi hombro, que estaba a punto de ser empalada por dos cubanos.
- ¡Qué malo! - sonrió, y vi lo guapa que era, morenísima y con un pelo ensortijado precioso.

Bailé un poco con Vero y le perdí la pista a mi amiga, aunque ésta de vez en cuando venía y me tocaba el culo. Hablé más con la argentina y creo que la estadística guapa me dijo algo que, inconscientemente, ignoré, abrumado por la sobredosis de salsa. Los cubanos venían a tocarme los cojones de vez en cuando, porque no entendían que prefiriera hablar con las chicas a las que acababa de conocer en lugar de estar dándoles vueltas como gilipollas. Uno incluso hizo el ademán de coger mi copa mientras yo estaba distraído con la argentina, liando un cigarrillo, pero lo vi de refilón y lo detuve con la frase: "esa copa no es tuya, cubanito, es whisky, tú fijo que bebes ron ¿a que si?" Y él se fue bailando salsa hacia atrás. La argentina se descojonó, y estuve a punto de pedirle su teléfono, pero un cubano la cogió del brazo y se la llevó volando. Me acerquéentonces a Vero y le dije que me largaba. Ofreció llevarme hasta un punto intermedio, pero le dije que no se preocupara, que ya pillaba un taxi, y que me encantaba su pelo.

- Gracias.
- De nada, au revoir.

Subí a un taxi en Castellana y el taxista me preguntó que cómo era eso de que volvía solo a casa. Le dije que había sido una noche rara, con una amiga encantadoramente loca y tres desconocidas con novio. Tumbado en el asiento trasero, escuché la historia del taxista sobre cómo él, y un amigo, se cepillaron a las tías más buenas de un pueblo cerca de Toledo. Doce euros con ochenta después, estaba en casa.

miércoles, septiembre 29, 2010

Cobras en Bikini


- Que si, tío. Súper fuerte, he perdido un amigo.

Había llegado a casa después de machacarme los hombros en el gym, y tirado sobre el sofá, sólo quería que el día terminase ya. Puse un par de muslos de pollo en el horno y pensé en llamar a Vero, pero dejé de pensar en ello cuando vi dos mensajes de Vera en mi facebook. Me dije: "la pobre Vero no tiene tiempo, la sonriente Vera, sí", y cuando la iba a llamar, va y aparece una amiga vieja y me cuenta su vida. Yo, encantado.

- Qué ha pasado. Dame detalles. ¿No será de la noche esa en que me llamaste pasadas las doce, porque sí?
- Sí, ¿te molestó que lo hiciera?
- Para nada, cuando quieras - respondí con sinceridad, y puse un disco de Dean Martin.

Me contó que esa noche, como suele hacer habitualmente, bajó desde casa a la sala Bikini a bailar salsa. Sin mi novio, porque a él no le gusta, ¿sabes? - ahá. Había quedado con unos amigos, salseros habituales, a vivir los ritmos tropicales como si sus vidas dependiesen de ello. Mientras ella me contaba, una a una, las canciones que sonaron esa noche (culpa mía, por pedir detalles) yo la imaginaba girando como una peonza caribeña, en los brazos de chicos y chicas, porque si, en España las chicas pueden bailar entre ellas y nadie las mira mal. Nunca he estado en ese bar, pero lo imagino con las típicas vigas que cubren el techo, una barra enorme con camareras escotadas y vestidas de negro un escenario para los wannabe y mucho, mucho humo.

- Pues, entonces, como te iba diciendo, sonó la canción...
- No la conozco, pero es mala de cojones.
- Ya, y mi amigo parecía que estaba llorando.
- ¿Llorando?
- Yo creía, pero no. Estaba cantando el imbécil.
- Me descojono.

Fueron hasta los sillones (eso no lo había imaginado) donde solían sentarse. Y cuando la luz tenue le indicó (mal) que era el momento preciso, el pobre desgraciado atacó. Le dijo "me gustas" y puso los labios en posición ataque y lanzó el beso sin destinatario. Mi amiga esquivó el ataque cual cobra, y para terminar de humillarlo, lo paró con sus brazos de hembra atacada. Él, pillado en falta, buscó excusas en el alcohol y sus efectos desinhibidores, Pero se había bebido sólo una cerveza, ¿sabes? no estaba borracho ni de coña.
Recordé, entonces, one more time, los besos en el cuello que le di a Bea, sin pedirle permiso ni perdón.

- Cogí mi bolso y me fui.
- ¿Por qué? ¿Para hacerte la digna? Ya le habías hecho la cobra, tía. Con eso basta.

Subió la calle a paso ligero, intentando llegar, cual Mario Bros a su castillo particular en el que su príncipe dormía. Cuando de pronto, tío, escucho que grita mi nombre. Y allí estaba el Charlie Brown, tirado por el suelo tras no haber podido patear el balón. Le dijo que lo sentía, que había sido cosa del momento, que lo olvidara. Ella le dijo que sí, que don't worry, que seguirían siendo amigos como siempre, y siguió su camino en la noche, con un amigo menos en el facebook.

- Fue entonces, cuando me llamaste. Estos móviles táctiles son una mierda.
- Ya. Serían como las dos, mas o menos.
- Yo escuchaba solo ruido. Voces. Dije "¿hola?...hey! " y colgué.
- ¿Qué haces el 23?
- Ni puta idea.
- Igual nos vemos.
- A ver si es verdad.

En la tele, Ronaldo se revolvía como una cobra, también, para zafarse del marcaje francés en Auxerre. El Real Madrid se atascaba y, mientras mi amiga me contaba, ahora, sus planes de trabajo, yo seguía pensando en el sabor de los hombros de Beatriz y en que habría sido genial terminar el día a su lado.

lunes, septiembre 27, 2010

Big Boy


Hoy, me aparecí a mi mismo en sueños, y desperté llorando.

En un primer momento confundí las lágrimas con conjuntivitis, pero después comprobé que sí, que mi llanto en sueños había encontrado salida en el mundo real. Como en Inception. Me lavé la cara, me duché, subí al coche como un zombie y aproveché el atasco de los lunes para recordar el sueño.

Me vi a mi mismo, de doce años, jugando con mi hermano en las calles del Callao. Subíamos y bajábamos montículos de arena, de esos que hacen los peones cuando están construyendo una casa. Caíamos felices y nos sacudíamos el cuerpo el uno al otro, mientras nuestros mejores amigos (unos mellizos lenguaraces de modales inexistentes) se enzarzaban en una pelea de minúsculas proporciones. Mi hermano, entonces, cogía un bloque de arena dura y lo lanzaba sobre la cabeza de el más negro de los mellizos, y nos descojonábamos al verla explotar tras el impacto.

Tras haber corrido (más por hacer el payaso, que por miedo) escapando de los mellizos furiosos y humillados, llegábamos al mercado del barrio, y nos parábamos al lado de la vieja que vendía cómics desde 1921, me parece. Como nos conocía por herencia (mis padres también habían pasado por el puesto de la vendedora inmortal, cuando niños) dejaba siempre que leyeramos las revistas sin pagar. Mi hermano se aburría en dos minutos, incluso en mi sueño, y fue por eso imagino que aprendí a leer como si mi vida dependiera de ello, devorando las aventuras de Batman y Tarzán empleando el mismo tiempo que otro niño emplearía en lavarse los dientes. Dejamos el puesto de cómics y bajamos hasta el de verduras, donde, como siempre, cogimos dos tomates podridos para comenzar con nuestra guerra particular. Nuestra intencionada mala puntería hacía que los tomates aterrizaran al lado de la imagen del Señor de los Milagros, que, crucificado, nos miraba con odio y rencor.

Como era un sueño, aparecimos de pronto en un descampado, sobre el que parecía que solíamos jugar al fútbol. Mi hermano, no sé por qué, no llevaba sus zapatillas puestas, y en su lugar tenía lo que en Perú llamamos "ojotas" y usan mayormente los niños campesinos para caminar por los cerros. Me imagino que la culpa del horror temporal causado por esa imagen la tienen mis continuas visitas a la web de The Sartorialist un blog en el que un tío se dedica a ir por el mundo fotografiando gente anónima que, a su criterio viste muy chic. O también puede ser que el comentario de mi tío ingeniero ("es que tú eres pijo, pues") al saber que me he comprado un Mercedes, haya surgido su efecto deseado en mi subconsciente y me sienta (muy en el fondo) culpable por no estar tirado en una calle muerto de hambre o sufriendo por no tener un trabajo digno. No lo sé.

El caso es que mi hermano lucía feliz con sus ojotas puestas, corriendo tras un balón y esperando ansioso a que me desmarcase para recibir los pases precisos que me da desde que tengo uso de razón. Un narrador argentino, de nombre desconocido, puso el broche de oro al sueño que hizo que lo demás importase poco: "y corre por la derecha, se desmarca, pasála papá...muy bien. Engancha a la izquierda, pero se va a la derecha, ¡grande!...sale el arquero, está vendido, la pica por encima....goooool....gooool....gracias dios por el fútbol, gracias dicen los hermanos que, llorando, felices, se funden en un abrazo, sobre la cancha de tierra soñada".

-Putas legañas - me digo, y me seco las lágrimas antes de llegar al Nudo de Manoteras.

martes, septiembre 21, 2010

Seizieme


- ¿Dónde está Julián? - pregunta Iván.
- Dijo que iba a sentarse en el césped - responde Julio, y busca con la mirada, desde el puesto de "Paul" en la entrada de Les Tulleries.
- Ahí está - digo, triunfante.
- Si es una polla nos la comemos - remata Iván, y va hacia Julián que llevaba dos minutos haciendo señas a dos metros de nosotros.

La noche anterior, la de nuestra llegada al 16eme barrio de París, intentamos salir de juerga y bajamos por la zona de Saint Michel. Julio no quiso meterse al Barrio Latino a pesar de que le expliqué con la ayuda de unos muñequitos que, ese barrio, de latino no tenía más que un bar de mojitos. Seguimos de largo, subiendo por el Boulevard, hasta la Sorbonne, donde Julián había hecho la carrera, años atrás. Nos metimos a una heladería frente al Panteón y allí, mientras Julián le contaba a las heladeras que veníamos de distintas partes del mundo me llevé la primera sorpresa del viaje. La heladera (guapísima) exclamó "¡qué chévere, un perucho!", cuando supo mi país de origen. Obviamente, me descojoné en su cara y nos quedamos hablando, ya en francés, unos minutos. Me dijo que había estado tres meses recorriendo sudamérica con una amiga, y que a su amiga el viaje le fue más provechoso, pues vino embarazada de un compatriota mío de apellido Tejada.

- Y no le pediste el teléfono a la heladera, gilipollas - me dice Julio, tirado sin zapatos en el césped.
-No, no sé por qué.
- Te entró a saco, me parece a mi.
- Puede, no sé. Después de que Laura me mandara a tomar por culo, he perdido mucha de mi seguridad extrema.
- Hay formas de recuperarla, Chumi.
- Sí, como Julio: comprando un abrigo de 350 euros.

Cuando la tía de la tienda vio que la tarjeta de Julio no pasaba, estuvo a punto de llamar a la policía. Iván y yo esperábamos fuera, imaginando un vídeo de Snoop Dog en el que, ambos, vestíamos el traje de terciopelo morado que se exhibía en el escaparate. Julián salió, entonces, de la tienda y dijo (conteniendo a duras penas la risa): dice Julio que le dejéis pasta. Entramos y nuestro amigo nos miraba como imagino que yo miraba a mis padres cuando quería un Transformer para navidad. Llevaba puesto un abrigo de lana de Merino, azul, cruzado, hecho a mano, que le quedaba como un guante. Iván se convirtió en prestataire, Julio en acheteur, y Julián y yo en les voyeurs. Dejamos atrás la Rue de Rivoli con 500 euros menos en los bolsillos.

- Ya, porque Juli compró las zapatillas esas de Nakamura sólo para sacarle el teléfono a la piba de la tienda.
- Una pregunta: ¿De qué color era esa tía?
- No sé. ¿De Egipto? - sorbo de Evian, pausa, mirada al cielo.
- Eso es un país, ¿no? A mi me molaba la pequeñita, la que le dijo a Julio "it's not good?" cuando no le gustaron las zapatillas verdes con rayitas amarillas.
-Ya, y eso que todos ibamos con polos Abercrombie - posa pa' la foto, con morritos.
- Yo no, yo iba con mi camiseta de Chewbacca. Y Juli iba de Ralph Lauren
- Ya pero tus vaqueros son de Gap, Chumi. Eso se ve.
- Eso sí, el polo Abercrombie igual me lo pongo esta noche - sorbo a la cocacola, foto paparazzi a la rubia perfecta de al lado.
- ¿Y si hace frío, gilipollas?
- Tienes razón, marica. Me pongo la camisa Hilfiger y una camiseta blanca debajo.

Salimos tarde, como si fuera Madrid, por quedarnos jugando con el youtube y viendo vídeos de Alizee. Bajamos caminando por detrás del Arco del Triunfo hasta Champs Elysees para llegar al Queens, donde yo quería entrar como sea porque esa noche pinchaba David Guetta. Julio hervía de rabia, porque no le había gustado nada que nos quedáramos pegados al Pc, descojonados con videos de caídas y explosiones, mientras yo me bajaba media botella de Johnnie Walker. Estos huevones, creen que todo el mundo es España, decía, yo, sin coche,¿hello? no puedo salir.
Obviamente, no nos dejaron entrar en Queens, que estaba repleto y con una fila de dos horas en la puerta. Quise recordar el sitio exacto del bar al que fui con Raphael y Delphine, pero el whisky me había desorientado y mi brújula giraba sobre 16º de alcohol. Subimos a un taxi, que no supo por donde llevarnos y al final nos dejó en la Puerta del "Rex", donde tampoco entramos. Julio montó en cólera y bajó casi corriendo la calle.
Propuse bajar a Bastille, donde siempre hay bares abiertos. Después de cuarenta minutos buscando un taxi, pudimos llegar hasta la FNAC y desde allí me orienté mejor. En la puerta del bar busqué un par de chicas y les propuse entrar con nosotros. Juli hizo lo mismo con unas inglesas. Las mías dijeron que no porque estaban comprometidas. Las de Juli no sé qué dijeron pero hizo que nuestro amigo las llamara "silly".

-¿Qué hacemos tío?
- Entramos a esta mierda y ya.
- ¿Pagamos una botella de whisky?
- Si, mejor.
- Son 150 euros. Pago yo y luego hacemos cuentas.

Fue una mierda.

- Qué asco de sitio, tío.
- Si, todo olía a negro, tío. Y encima, la piba con la que bailaba era lesbiana.
- Ya, por eso metimos la botella en mi chaqueta y nos la llevamos.
- Y llegaste a casa y te dormiste gilipollas, te metí un almohadazo en la cara para que dejases de roncar.
- Mejor estamos aquí, tío, en Scossa. Comiendo rico.
- Y al sol, y con estos pibones al lado.
- Me gustan las tetas de la morena - corte al bloque de carne tártara.
- A mi los ojos de la rubia - probadita al omelette - me quedaría viéndola durante horas.
- Uy, me voy a cagar, creo. Ahora vuelvo.

Suena mi teléfono. Es Iván que al fin se ha levantado después de la juerga. Le digo que estamos en Scossa en la Plaza de Victor Hugo, con un par de pibones al lado. Dice que ya viene. Cuelgo.

- Excusez-moi, madmoiselle. Est-ce que vous connais...
- Hablo español. Voy todos los veranos a Málaga.
-....
- Creo que a tu amigo le a sentado mal la carne. Gracias por lo de mis ojos. ¿Comment tu t'apelles?
- Je m'apelle..

jueves, septiembre 16, 2010

Todo es plata


Pago el seguro del coche, anualmente. Antes eran 250 euros, pero ahora, que tengo un Mercedes, he pedido que me cubran también rotura de lunas, robo, incendio y meadas de perro. El seguro, ahora, cuesta 320 euros al año.

Pagué la transferencia del coche, que, como es un Mercedes, cuesta que te cagas. Según el Ayuntamiento de Madrid está valorado en 2500 euros y debo pagar el 4% por la transferencia. Ya, pero me lo han regalado, miento, y me dicen que, entonces, debo pagar una cesión firmada por notario. Pon que pagué mil euros y quítame el 4%, sugiero. La voz cantante dice que eso, más las tasas de transferencia, más los honorarios de Gestoría, más el IVA hace un total de 147 pavos y pico. Me cago en tus muertos, pienso, pero digo, bueno, será eso entonces, y salgo de la Gestoría que está al lado de la Casa de la Moneda.

Llego a casa y me tiro a la cama. Desde allí veo una pila de sobres sin abrir, casi todo facturas y recibos del banco que me siguen llegando a pesar de haber pedido que dejen de mandarme esa mierda. El primero es Jazztel, o sea, la gente que me alquila Internet+teléfono. Lo abro y me cobran casi 60 euros + IVA. Busco una oferta mejor en el teléfono. Llamo a Jazztel para darme de baja y una argentina me dice que no, que no no no, que ¿qué haces? ¿si llevás pagando 33.30 euros desde hace tres meses? Le creo. Pero para asegurarme abro otra de las seis facturas y, sí, por ser cliente antiguo (más antiguo que cliente) me han aplicado un descuento sobre la factura, y sobre la velocidad de la conexión también. Antes tenía 20 Megas, ahora, 3. ¿Le puedo ashudar en algo más?. No. Cuelgo

Abro la nevera y sólo veo media cebolla envuelta en plástico, dos arroz con leche del Dia, caducados y tres Carlsberg. Salgo de casa rumbo al Carrefour, con mi carrito de la compra. En la calle veo a la chica que pone multas, a punto de ponerme un ticket en el parabrisas del Mercedes. Recuerdo, entonces, que no tengo aún el ticket de residente y debería haberle puesto monedas al parquímetro. Le doy mi mejor sonrisa, y, como es fea, surte efecto. Pago 1 euro por media hora de parking y sigo mi camino hacia el Carrefour. Me recibe el segurata y me dice que, con carrito, no puedo entrar. Le explico que mi euro para dejar el carrito se lo ha llevado el parquímetro, pero el puto cabrón con uniforme de poliester me dice que no puedo pasar, imitando la voz y el porte de Robocop. Le pido a la cajera que me cambie un billete de 5 euros y me dice que espere a que termine de pasar la compra de una vieja, para poder abrir el cajón ese donde guarda el dinero y que siempre está lleno de mierda. La vieja, indecisa, y al ver que no lleva el dinero suficiente, no decide si dejar las toallitas de limpiarse el culo o las mil barras de pan. ¡Las toallitas, señora, las toallitas!, grito, desesperado.

Ya dentro, he olvidado completamente a qué coño he venido. Como siempre. Me paseo por los pasillos como un recolector mareado y pillo pollo, carne, leche, panes de leche, straciatella con leche, zumos de fruta con leche, y arroz con leche. Pienso: luego vendrá mamá a casa y dirá que debo tomar más leche. Meto también en mi cestita (carrito, ¿pa' qué?) té helado, Carslberg, pasta Barilla, salsa para pastas, un bote de espárragos que no comeré, pero colecciono, arroz al vapor (que me gusta, y además Estefi siempre dice "ay Chris, qué bien te queda el arroz"), alubias, tomate frito, una botella de Vino de Valdepeñas porque el Rioja es para guiris, un ambientador para el Mercedes, Ariel, suavizante para la ropa y un disco de Amaral. Paso por la misma cajera que me dio el euro para el carrito y me saluda otra vez. Con lo poco que a mi me gusta decir "hola". Son 55 con 30, me dice. Le doy mi tarjeta nueva con super chip personalizado y ultra cibernética. Me pide el DNI. ¿Para? pregunto, si con esa tarjeta y el pin que te daré ya no es necesario. Entra en un bucle y dice el DNI, el DNI, el DNI. Se lo doy, se calla, pago y me largo.

Morgane me pregunta si voy a ir al concierto de Arcade Fire. Ticketmaster: 55 euros. Digo que no. John me pregunta si me apunto al concierto de Calamaro. Ticketmaster:50 euros. Pasando. Me llega un e-mail de Planeta d'Agostini preguntando si quiero suscribirme a la colección de cómics de Batman. Precio mensual: 40 pavos por churrucientos meses. Esto... no. Compro la última revista Mojo (8.50 euros), que trae un especial de los 40 años de "Let It Be" (verysí, diría mamá), me llega un sms preguntando si quiero la edición coleccionista de la revista, con un vinilo. 25 euros. Va ser que no. He ganado la subasta de Abercrombie, tres polos por 45 pavos. Pagar Ahora. Ha pasado el verano y mi casero me llama sólo para decirme que el descuento por no tener piscina no se aplica a septiembre. 750 euros que se van volando. Hijo de puta. Cristina me pide salir esta noche, echo cuentas y la última vez entre copas, parking, sartenes de huevos fritos y demases me dejé 65 euros. Me divertí que te cagas, pero dormí solo y mi único logro fue morder a Bea en el cuello. Le digo a Cristina que sí, que voy.

Mi jefe está en Francia. Hago mis cosas sin presión, termino pronto y me meto a Play.com. Compro un disco de The Doors, otro de The Beatles, uno de Radiohead y una camiseta de Rambo. Amarillo patito. 20 euros. L'oreal online. Compro cremas, astringente, espuma de afeitar 32 euros.

Salgo para París mañana. El billete me costó 87 euros. Mis amigos parisinos me ofrecen un sofá con niña de dos años que se despierta a las 7 de la mañana, incluida. El hotel cuesta 100 euros la noche. Un sleepin' bag del Decathlon es el plan B, vale 9 euros. Me calmo, abro una Carlsberg ya fria y pienso mientras veo al Madrid jugar como el culo a pesar de toda la pasta que se han gastado: cenar en París, salir de fiesta, hacer fotos, entrarle a las francesas, y todo al lado de mis amigos, no tendrá precio.

miércoles, septiembre 15, 2010

El regalo más dificil


Lucía cumplía un año y no quise que se notara que, yo, quiero más a Fabián.

Salí buscando una foto bonita que enmarcar, de la family, para que la pequeña Lucía tuviera como recuerdo. Emulando a la foto que mamá subió al facebook en la que salimos los cuatro hermanos tirados en el sofá, con Fabián (enano muerto de risa, por las cosquillas) estirado sobre nuestros regazos. Pero, ni tenía una foto buena ni me gustaban los marcos de Ikea. La idea, quedó desechada y, después de perderme media hora entre los pasillos del mundo del muebles de mala calidad salí, asfixiado y pensando en un plan B.

El plan B era fácil: meterme a Benetton y buscar algo de esa ropita que siempre me quedo viendo cada vez que voy a comprar algo para mi. Había conseguido ya un par de pantaloncitos y el juego bufanda+gorro, pero recordé que, cuando nació, ya le había regalado algo de Benneton. Mierda, me dije, no me gusta repetir regalo. Me metí a Kiddy's Class buscando el cardigan que vi, en un escaparate de Segovia, una noche de caminatas justificadas y alegres. Obviamente, no lo encontré, pues el público objetivo de la tienda (niños mega-fashion) se había actualizado y lo que se llevaba ahora era los grises, los azules y los dibujitos esdrújulos. Nada de ese rojo borgoña que me encantó con puños en azul marino y copitos de nieve difuminados. Salí de la tienda pensando en dos cosas: en descartar el regalo-ropa y en el grupo de facebook que se llama "pijos que antes se reían de Carlton y ahora se visten como él".

El plan C era más difícil. Subí al Mercedes que me acababa de comprar (después de venderle mi Kia al Kun) y salí rumbo a la tienda Nike más cercana. Por inercia, busqué mis Nike Cortez (sí, las mismas que usaba Forrest Gump) pero, como siempre, no las tenían. Recordé a Laura, la encantadora esposa de mi amigo Dario que me dijo, con toda la razón del mundo: tendrás que ir a New York a comprártelas. Se me acercó una chica con ropa de hacer footing y me preguntó si me podía ayudar en algo. Se me ocurrieron 69 formas de decirle que sí, pero respondí que buscaba una camiseta del Atlético del Madrid para una niña de un año. ¡Ay, qué mono! exclamó, y diez segundos después me dijo que no, que de eso no había. Plan C descartado. Vi en el reloj que ya eran las 6.

Subí a Alcalá, con las manos vacías, y de camino paré en una gasolinera a lavar el coche. Metí una moneda de un euro en la máquina, y se la tragó. Llamé a la cajera y le dije que me había tragado la moneda y respondió, con toda la pachorra del mundo: ya, suele pasar. Regresé a la máquina y le di una patada, de las que suenan como un trueno. Se puso a andar y salió agua de la manguera, como para apagar un incendio. Mis mocasines quedaron inservibles, pero durante los 2:45 que duró el chorro me dediqué a limpiar toda la mierda que el pobre Clase A llevaba encima. Ya bañados, subimos por la carretera y cogí el desvío de las putas, para evitar la super rotonda en obras de la entrada al pueblo. Vi una negra, tres rumanas, una que parecía peruana y un transexual. Llegué a casa de mi hermano con los pies empapados, en short y camiseta, y los demás estaban vestidos como para un bautizo o, mejor dicho, una barbacoa en El Escorial. Todos menos mi hermana, que, como siempre, iba de bailarina de Daddy Yankee.

La fiesta siguió su curso y cuando ya la gente iba empezando a desaparecer me acerqué a mi hermano y le susurré "te debo el regalo, era una camiseta del Aleti". Él me miró sonriendo, con Lucía en brazos y me respondió: menos mal que no la conseguiste, mi hija, es del Madrid.