miércoles, julio 06, 2011

Malta's Night Fever


Salí a las 7 dl hotel. Bueno, casi.
O sea, como a las 7 menos cuarto. Mi hermana y yo, hidrataitos, nos paramos en la parada del autobús solo para ver pasar uno que iba sin numero. Petao. En Malta los autobuses pasan cada media hora. Si eso. Y si al pasar van llenos no dejan subir a la gente y el conductor se limita a hacerte un "adiós" con la mano que sabe a "se siente" o si ya es el tercero y llevas 40 minutos parece que te dice "te jodeeeees".
Entonces te entra la mierda. Piensas en qué coño haces esperando el autobús. Si eso es para estudiantes sin curro, esos que viste hace dos noches haciendo botellón en St. Julian. No tío. Tu no estas hecho para esto. Pa ti es lo de esta mañana: coche particular que te recoge en el hotel y te lleva al muelle, en el muelle un barquito mu apañao que te pasea por las islas y te deja en Blue Lagoon para que te quemes como un camarón y dos horas después te devuelve al muelle y en el muelle tu coche que te lleva al hotel; si, ese eres tu.
Cuando al fin llega el autobús y pone el deseado 11, veo el reloj sólo para comprobar que he estado esperando una hora en la parada. Han cambiado de compañía de autobuses pero los conductores siguen siendo malteses. Así que es the same shit. Subimos por gracia del driver que dice It's free cuando mi hermana le alargaba 2 pavos. No hay asiento, nos paramos entre gente que viene de la playa y no nos da envidia. Sólo frío porque estos autobuses nuevos, ya que tienen aire acondicionado, lo ponen a -10°C. Los malteses van confundidos pues agradecen la novedad, pero los turistas vamos con escarcha en los huevos. Pasamos Buggiba y de reojo veo la plaza que fue nuestra primera parada, donde gorroneamos wifi, donde compré mi sombrero que me hace parecer cubano exiliano, busqué un look a lo Bruno Mars y terminé con el de Ron Damón. Según mis calculos en 15 minutos deberiamos estar en San Julián. Calculo con el reloj porque los autobuses, mu modernos ellos, van con los cristales ahumados y no se ve una mierda desde dentro.

Suben unas niñas pintarrajeadas, vestidas de Bershka y con argollas donde podría vivr un loro; llevan una botella de dos litros de fanta en una bolsa. Abren la boca y me confirman que son chonis.Yo ya estoy entregado, que sea lo que dios quiera. Han pasado 30 minutos de más y no he visto ni una puntita de San Julián. Este autobus no va, suelto, solo a modo de desahogo. Una pareja de ingleses confirma mis dudas cuando el novio vuelve y dice this bloody bus has the sign broken. O sea, que donde ponía 11 no era 11, sino 41 y el gilipollas no alertó a nadie y todos íbamos ahora con destino a la parada final: Valleta.

- Me rindo -exhalo- vamos a Valleta y desde allí pillamos uno a San Julian.

En la parada central nos encontramos con más gente perjudicada y todos preguntamos veinte veces antes de subir al que, parece ser es el bus 13. -13 grados es lo q hay dentro. Me toca sentarme al lado de un ingles ennegrecido que no para de burlarse de mi forma de temblar. Lleguemos ya, copooooon digo, mientras las chonis, que también vienen dicen que vamos bien, que están seguras porque acabamos de pasar por la puerta del Pronovias. Así, tal cual. No por la catedral mayor, ni por la puerta del museo arqueológico, no. Ellas se guían por las tiendas. El inglés, compadecido y con la cara entumecida de dolor por tanta risa, me dice que la que viene es mi parada. Le agradezco, le doy al botón del modernismo bus de mierda y me bajo a reencontrarme con el verano. Mis pezones vuelven a su estado natural. Mi hermana y yo bajamos las calles del barrio sabiendo que será nuestra última noche en Malta, vemos las cosas como despidiéndonos (aquí compramos helados, aquí se voló tu sombrero, aquí se rompió mi sandalia) y al llegar a Paceville escogemos un bar, el Native, para tomar nuestras últimas copas.

- A ver con que nos sorprende el DJ maltés - pienso en voz alta.

No muy grande es mi sorpresa cuando al entrar al bar lo veo lleno de españoles de veinte años, ya borrachos, y por los altavoces suena el Aserejé.

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