viernes, mayo 14, 2010

Dos para el camino


L'ecole de credit (en la que Julio ha sudado como si lo persiguiesen 20 perros hambrientos) acaba y Laura y Susana salen, al fin, habiéndose quedado con el 30% de lo que han visto en clase. El cielo de Madrid amenaza lluvia y Laura se ha traído el coche desde casa porque, esta noche, ha quedado con unas amigas: una que se va a China (con mi lista de la compra) y su tía salida de cincuenta años que (Laura no lo sabe aún) les va a proponer bañarse en pelotas este verano en el Mediterráneo.

- Te llevo rubia - le ofrece - te acerco al metro y así llegas antes a ver a tu churri.
- Gracias tía - responde Susana - sí, mejor, porque paso de ir en chonibus, el otro día, ¡qué momento! se me sentó una choni al lado, la de la mochila verde esa, la gorda, que su mochila es enana y parece una tortuga que ha crecido pero que su caparazón no ha crecido, y casi me deja sin aire, tía. Muy fuerte.

Bajan por una de las calles del polígono asqueroso en el que trabajamos y Laura va ya preguntándose si la calle que coje Julio cuando (amabilísimamente, sí señor) se ofrece a acercarla al metro, es la de la derecha o la de la izquierda. Ya se verá, piensa, abre el coche, se sienta, se pone el cinturón, suenan los 40 principales (muy bajito porque a Susana no le gusta el ruido) , enciende el coche, pone la primera y salen. En la primera rotonda se equivocan y, sin saberlo van rumbo hacia San Sebastián de los Reyes.

- Laura, tía, no es por nada pero creo que no vamos bien.
- ¿Tú crees? Pero si cuando hice la entrevista hice este camino dos veces y no me perdí. Tu confía, ya verás cómo llegamos en un periquete.
- Bueno, entonces, como te decía: no sé por qué nuestra jefa tiene esos prontos, tía. No sé, es como que le da algo ¿sabes? al principio como que es muy polite, ¿sabes? Pero después sale y me trata como si fuera una inútil y yo, o sea, no soy una inútil pero si nadie me dice cómo hacer mi trabajo pues no me lo voy a inventar ¿sabes? Y con los chicos es súper maja, especialmente con Chris...¿segura que vamos bien, tía?
- Sí, que sí. Que yo controlo.
- No sé tía, pareces como desorientada.
- No me digas lo que parezco -sonriendo, pero cagándose en sus muertos - ¿vale?
- No, no, si te lo digo de buen rollo. Pero, ahí pone San Sebastían, tía.
- Venga, creo que me he pasado, damos la vuelta. Pues a mi la que me cae mal es Natalia, tía. No sé, odio que siempre me esté mirando, como vigilandome ¿sabes?
- Eso es porque eres amiga de los chicos.
- Ya, eso creo yo también. Puta perra.

La carretera de Burgos tiene una pequeña salida en la que, si estás atento, puedes ahorrar kilómetros de camino. Laura y Susana tendrían que haber cogido esa salida, pero ¿por qué lo harían? ¿Para qué simplificar la vida si podemos pasarnos la salida y seguir por esta carretera tan bonita y con tantos cochecitos? Mira Susie: Sanchinarro. Mira Lauri, las torres de Florentino Pérez. Mira Susie, Chamartín. Mira Lauri, me cago en tus muertos, que me están esperando.

- ¡Un avioncito!- apunta Susana - eso el aeropuerto tía, yo voy para allá, o casi. Pero si eso me quedo allí.
- Yo iba para Campo de las Naciones,¿está cerca?
- No sé tía, pero vamos hacia el avioncito anda, focus Laura, focus, avioncito, avioncito.
- Ok, ok, pero no me des órdenes ¿vale? - sonríe, ya ha asumido que su orientación es la de una cobaya - vamos al aeropuerto, entonces.

Sin saber cómo, se meten por la carretera de peaje. Diez pavos, piensan en voz alta y Laura dice, ya cabreada, ni de coña, yo no pago, y da un volantazo para volver a la autopista gratuita sin ver que, detrás, venía un coche a más velocidad que la suya. Freno, casi choque, volantazo again, bocina al máximo de su potencia, Susana grita con los brazos extendidos y los ojos cerrados. Cuando al fin han conquistado el carril que buscaban, Laura ve por el retrovisor a su nuevo amigo que despliega todo su arsenal de insultos, y ellas, aunque no lo oyen, intuyen lo que les haría si las pillara.

- Susana tengo miedo.
- Anda que yo... no te jode.
- Oye, que no ha sido mi intención ¿vale? Que nos hemos perdido, vale, pero ya vamos por el buen camino.
- ¿Ah, si? llevamos media hora en el coche, tía. Además, no quiero ser borde, pero...en esa señal pone Paracuellos del Jarama.

Paracuellos del Jarama es un municipio de Madrid, a veinte kilómetros de donde mis amigas querían estar. Fue allí donde se instalaron los primeros instrumentos de control aéreo, en 1950, pero no creo que eso le importase mucho a Laura, que, en ese momento, sólo estaba cagada de miedo porque la agujita de la gasolina se acercaba peligrosamente al fin de su camino.

- Damos la vuelta en la próxima rotonda ¿vale?

Suena el teléfono de Susana, y ella, sin dar crédito, le cuenta a su churri que está en un pueblo de mierda, que ya llegará, que la espere si eso. El teléfono sonará un par de veces más antes de que, al fin, Laura encuentre el camino de vuelta y deje a Susana en la primera parada de metro que verán por el camino.

- Lo siento mucho, tía, de verdad.
-Que no pasa nada, mujer. Ha sido una aventura. Hemos hecho en cuarenta y cinco minutos un recorrido de diez, pero mira... tampoco es para tanto. ¿Nos vemos mañana, vale?

No sé qué pensó Laura hasta que dejó el coche a dos kilómetros de su casa para no pagar el parking (no le gusta que me imagine lo que piensa) pero sé que me llamó cuando yo estaba viendo un capítulo aburrido de Fringe y cenando, solo, as usual.

- Tío, jajajajaja, es que Susana y yo...es que no te vas a creer lo que nos ha pasado.
- Espera - le digo - paro esta mierda y hablamos con tranquilidad, baby.

Hablamos hasta que llegó a casa de su abuela. Me reí de sus desgracias, y le pedí con el mayor de mis descaros (que le encantan) que le dijese a su abuela que me gustaban sus ojos y su boca; me mandó a paseo y lo último que escuché por el teléfono fue:

- Anda que se te ve el pelo a ti.

Asumí que la abuela se refería al pelo de Laura, y a su flequillo. Pensé: esto tengo que ponerlo en el blog, me importa una mierda cómo quede.

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