viernes, mayo 16, 2008

Sueños de viernes/lunes


Ayer estuve en la pradera de San Isidro, y me clavaron ocho euros por una ración grasosa de alitas de pollo y otro ocho más por un pan payé, que no es más que un cuarto de baguette con tomate, jamon y un chorro de aceite de oliva por encima. Suerte que llevamos las cervezas que teníamos en casa. Al volver cansados de tanto trajín, nos tiramos en el sofá esperando el fatal desenlace y sabiendo que al día siguiente era viernes/lunes. Casi no cenamos y creo que eso provocó que volviera a tener un sueño de esos en los que nunca sé si sigo durmiendo o ya es la realidad lo que vivo.

Vivía en una casa oscura de mediados del siglo XX, pero en mi mesa de noche se mezclaba la luz de las velas con mis entradas para el próximo concierto de The Police en Arganda del Rey y la revista Esquire, con un multicoloreado Steve Jobs en portada. Las mantas eran de lana de alpaca y olían a semanas sin lavar, pero no llegaban a apestar. Mi pijama era como la de Cristopher Robin, pero bajo ella llevaba una camiseta vieja de Led Zepellin. Cool. En algún lugar alguien escuchaba un viejo disco de Nat King Cole, y me vino a la mente la letra de Yellow de Coldplay: your skin, oh yeah your skin and bones.

Me quedo dormido pensando en que al día siguiente hay que trabajar, y aunque me toque media jornada me jode un huevo. En el sueño, sueño que juego al fútbol con mis amigos de universidad, que Shemi me espera a un lado de la cancha con una botella de Aquarius, pero justo detrás de ella hay una valla publicitaria de España ’82. Acaba el partido y me acerco a besarla, pienso al fin, ya era hora, pero como siempre pasa, justo en el momento en que nuestros labios se van a juntar, despierto y recuerdo un capítulo de Scrubs en que a J.D. le pasa lo mismo y pregunta si no será una disfuncionalidad psíquica. Veo el reloj de mi mesa de noche, que está cubierto parcialmente por uno de esos antifaces que se usan para dormir en los aviones y marca las 17:00 en números rojitos. Pienso en dos cosas: en agradecer al cielo la operación láser que me permite leer sin gafas, y que Sol se ha equivocado al definir la hora en el despertador. Quiero encender la luz y no encuentro el interruptor, entra mi tio Hugo y me asusta, ¿qué haces en mi sueño?, pregunto no sé, yo estaba ahora tocando la batería con Miguel Ríos.

Pongo la hora bien y me vuelvo a dormir. Me despierto sobresaltado segundos después, o al menos creo que ha pasado ese tiempo, y ahora parece que estoy en tiempo real porque hay otro bulto debajo de las mantas, que ya no son de lana de alpaca. No compruebo la realidad, porque la última vez que lo hice seguía soñando y el bulto era en realidad la princesa Leia, con el bikini que llevaba cuando la capturó Java The Hud, y me dijo son abrir los ojos hazme tuya Luke, te quiero más que a Chewbaca. Vuelvo a dormirme, ya tenso creyendo que no oiré el despertador entre tanto sobresalto y llegaré tarde al trabajo. Pasan segundos y suena la alarma, me levanto como un resorte y salgo a la calle, que no es mi calle. Rio y me dejo llevar por el sueño que sigue, y me pongo en la cola del autobús. Detrás de mi llega Alyssa Milano, con una amiga y hablan español del barrio de Salamanca. Alguien las empuja y Alyssa me pide perdón, yo le digo que no pasa nada, sonreímos y le digo mi nombre, yo soy Marta dice ella y su pelo crece hasta ser tan largo como la Marta de Roma que nunca olvidaré. Quiero darle un beso, en plan presentación, pero fallo y la beso en los labios, reimos y lo volvemos a intentar y ahora ella me besa. Nos miramos a los ojos y ahora nos besamos sin más, como en un anuncio de Hugo Boss. Mientras dura el beso pienso dos cosas: que esta vez no se me ha interrumpido el sueño, y la horrible pareja que hacían Billy Cristal y Meg Ryan en “When Harry Met Sally”.

Vamos a un sitio más cómodo dice ella, que le den por culo al trabajo, digo yo.

Salimos de la cola y estoy en mi primer barrio. Reconozco la casa del negro, la librería y el restaurante de don Lucho. Ella me lleva de la mano hasta una casa que tiene dos puertas en la entrada, espera aquí, me dice, y siento frío en los pies, me los miro y veo que voy descalzo. Dentro de la casa se oyen gritos, es la casa que te dejó tu padre, respeta su memoria, dice una voz, a ti qué mierda te importa, es mi vida, dice Alyssa Milano/Marta de Roma y sale dando un portazo. Abre la otra puerta con la llave que le acaban de dar y me empuja dentro, como empujan las mujeres, con esa fuerza que hace cosquillas. El cuarto tiene posters de superhéroes antiguos, de la Marvel, y una cama matrimonial que no llego a ver del todo bien, por que ella se lanza sobre mí, y me llena de besos, yo no me resisto y le toco el culo comprobando lo duro que lo tiene y lo fácil que es llegar bajo su falda de colegiala y dejar que mi dedo (el preferido de Fiorella) haga su trabajo. Pero suena el despertador, y ahogo un grito de frustración cuando compruebo que son las 19:00 horas, justo las que había marcado como destino final. Me ducho y salgo rápidamente rumbo al metro. Una mujer sale del parking de mi edificio, en un BMW gris y para al lado de los contenedores de basura. En su parabrisas lleva un distintivo de residentes que le permite aparcar en las zonas verdes. ¿para qué tiene eso, si tiene parking? Me pregunto. Veo el puesto de periodicos, la parada del autobus, a la chica que reparte periódicos gratuitos y que me odia desde que rechacé uno, hace dos semanas. Bajo al metro y hay un gato al lado de un tipo que canta, mal, una de Bob Marley. La línea 6 va casi vacía, no es normal, sospecho, y creo que sigo soñando. Sigo escuchando el “Neon Bible” de Arcade Fire en mi reproductor mp3 y cuando salgo a la calle, el semáforo se pone verde justo en el momento que voy a cruzar. Cool. Si esto es un sueño ninguno de los imbéciles del trabajo estará en la parada del autobús, pienso. Y no están. Recuerdo mi dedo travieso y el olor de Marta en el sueño anterior, un sueño con olores muy reales. Llego al trabajo y enciendo el PC. Escribo como un loco, esperando todavía que en algún momento suene de verdad el despertador y tenga que salir de la cama, o vuelva a ella y Marta esté a mi lado.

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