lunes, julio 14, 2008

El ataque de los chicos cocodrilo


Puede que no exista algo peor que hacer trámites en Lima. Siempre, por muy mierda que sea el papeleo, hay que madrugar, aunque sea para pagar las facturas atrasadas de la luz. Además, una vez en la cola, hay que estar atentos a los que se cuelan, a los choros, a las vendedoras de pan con camote, a que cambien de ventanilla porque sí, y a mil cosas más. Y allí estaba el Gitano, con su walkman Sony importado de japón y un minidisc dentro con música de Foo Fighters y No Doubt. Tenía que renovar su pasaporte español, y la embajada estaba plagada de gente que buscaba a toda costa salir del país. Le habían dicho que los españoles no hacían cola, que eso era para cholos, que en diez minutos estaba fuera. Por eso esa mañana no se preocupó en madrugar, ni en nada. Llegó a la embajada en el MG verde de su viejo y lo dejó en doble fila. Cuando un guachimán negro de chompa marrón se acercó a decirle eso de buenos días caballero, mueva su auto por favor, él lo miró con displicencia y le dijo no pasa nada jefe (pronunciando jefe con mucho sarcasmo) voy a estar un toque nomás, y se fue como si con él no fuera la cosa. Ya desde donde dejó el MG podía ver la interminable cola, pobre gente, pensó, de éstos sólo el diez por ciento podrá tener una visa, o menos. Algunos tenían pinta de haber dormido allí, y ahora vendían la cola a 50 lucas.

En otra época, el edificio podría haber sido la casa de algún aristócrata inglés, que al ver la cosa extraña en que se iba convirtiendo la ciudad decidió largarse con sus chivas a otra parte. Debería haber prohibido que la pintaran de ese horrible color crema-colegio al venderla, pensó el Gitano, pero otra chompa marrón lo sacó de sus cavilaciones. ¿A dónde va caballero? Le dijo, y él enseñó su pasaporte español como única respuesta. ¿Viene a hacer algún trámite? Preguntó la chompa y el Gitano dijo no, vengo a ver a mi tío, el embajador. La chompa marrón se sintió herida en su orgullo, toda la vida había sido puteada por la sociedad, por los pitucos como éste que se creen la mamá de los pollitos, no pues, hermano, así no es varón, y ahora se le presentaba la oportunidad de hacer valer la autoridad que le habían conferido de 8 de la mañana a 3 de la tarde, ya te jodiste blanquiñoso.

- No puede pasar, caballero, la cola está a su derecha – dijo la chompa marrón, y le señaló con la mano la interminable fila de gente que esperaba entrar a la embajada.
- O sea que tengo que hacer esa cola. No jodas, brother.
- Además, ya hemos repartido los tickets, así que sólo si a secretaría le sobra tiempo, usted podría pasar. Eso si es que tiene usted el documento respectivo de obtención de citas, caballero, que no veo por ninguna parte.

Entonces el Gitano comprendió que no debía haber vacilado al pobre guachimán. Ya bastante tenía con ser negro en Lima, el pobre, se dijo. Miró a la cola de reojo y vio cómo la gente empezaba ya a señalarlo, algunos tenían en su mano un ticket rosa, con un número impreso, como los que dan en España en la cola de la pescadería. Los otros, los del fondo, sólo esperaban por esperar, estaba claro que aunque tuvieran todas sus fotocopias en orden, planchaditas y en su carpeta de plástico, no iban a pasar.

- Mira hermano – dijo –esto lo podemos arreglar, voy a entrar un toque nomás, a renovar mi pasaporte.
- No se puede caballero – respondió la chompa despiadada – deje libre la puerta por favor.

El Gitano retrocedió, como los pumas, pensando en el momento en que saltaría a la yugular de la chompa marrón. Fue allí cuando, de entre la gente que tenía ticket, surgió el Gato, que dijo hola choche, ¿qué es de Mariana? El Gitano no sabía quién era ese que lo saludaba con tanta efusividad, no lo recordaba de ninguna fiesta en las playas del sur, ni almuerzo en el Jockey Club, ni cena en el Lawn Tennis. ¿Te conozco? Preguntó, y el Gato sin inmutarse dijo que sí, que era amigo de Mariana, que se habían visto una vez en Larcomar. Nos tomamos una chela en una mesita, viendo el mar, hacía un frio del carajo y te quitaste dejando un billete de 20 lucas en la mesa. Nada, no venía ninguna imagen a la mente, pero mientras el Gato hablaba, el Gitano vio que la chompa marrón que cuidaba la puerta dejaba su posición desguarnecida, y su lugar lo ocupaba una camisa azul, con cara más española sobre los hombros. Voy a achicar la bomba, gallego, le escuchó decir, para desaparecer en segundos dentro de la embajada.
El gato seguía hablando, intentando por todos los medios que el Gitano lo reconociera, y ¿quién sabe?, le pueda prestar unas veinte lucas para el taxi aunque luego se fuera en combi, pero éste lo dejó allí, y sin decir ni chau enfiló hacia la camisa azul a la que, con toda la educación del mundo y pronunciando las zetas como Camilo Sesto, le dijo que venía a renovar su pasaporte, porque iba a ver a sus tíos de Zamora y tenía la documentación caducada. La camisa azul dijo que sus padres también eran de Zamora, ¿de qué pueblo es tu tío? Preguntó, y el Gitano utilizando al fin sus excelentes conocimientos geográficos respondió de Ribadelago, provocando en la camisa azul una alegría sin igual, porque mis padres no son de allí, pero anda que no conozco gente yo en Ribadelago, pasa paisano pasa, y dile a la Maite que vas de parte de Seferino.

El Gitano cruzó el detector de metales y cuando éste pitó enseñó desde el otro lado su Tag Heuer a la camisa azul, que le hizo pasa pasa con la mano. Preguntó por Maite y le señalaron una ventanilla, en la que una mujer muy amable le renovó el pasaporte en diez minutos. Al salir, en la puerta estaba otra vez la chompa marrón, que vio extrañada como el Gitano salía con su pasaporte nuevecito y chip RFID para entrar en USA sin problemas. La camisa azul estaba a diez metros, y le gritó, como hacen los españoles, saludos para la tierra, a lo que el Gitano contestó con una sonrisa fingida y un chau con la mano. Camino al MG vio de reojo al Gato, que esta vez, resignado, ni siquiera intentó acercarse. En el parabrisas tenía tres multas que arrugó y tiró al suelo, cuando acomodaba los retrovisores vio que una chompa marrón se acercaba, puso la primera, aceleró, y cuando comprobó que no había nadie en su carril soltó el freno, dejando tras de sí una nube de polvo, al Gato, a las chompas marrones, y a la gente con su ticket rosado.

2 comentarios:

eldast dijo...

quote:
"El Mongo cruzó el detector de metales y cuando éste pitó enseñó desde el otro lado su Tag Heuer a la camisa azul, que le hizo pasa pasa con la mano."



El Mongo??? total

el_ficho dijo...

que crack! Por descubrir el error, ha ganado Ud. un viaje al castillo de Chancay